Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

"Pero lo que yo haga no hace ninguna diferencia, soy sólo una persona”

El Capitán Inglés Charles Boycott practicaba su cruel política de recaudación de impuestos en un grupo de arrendatarios de tierras irlandesas, quienes al negarse a pagar y trabajar las parcelas lograron aislarlo social y económicamente, hasta conseguir el beneficio general que requerían, es tal vez el origen de la significación dada a tal efecto y su inclusión en el léxico latino. Boicot a Boycott.

Pero, uno de los referentes más expresivos para indicar qué es un “boicot”, es el incidente de la negra Rosa Parks, en EEUU el 1 de Diciembre de 1955, su acción define lo fundamental que es la voluntad y determinación radical del individuo opositor del sistema, para iniciar contagiosamente el firme y emprendedor ejercicio de boicotear las odiosas bizarrías, de quien tenga el poder o gobierne, así los ciudadanos se presentan con iniciativas de resistencia no violenta planteadas a corto o medio plazo, tras de un objetivo.

Rosa no cedió el puesto al hombre blanco en el autobús, y fue a la cárcel, pero tal determinación sirvió para que Luther King organizara protestas contra la segregación negra en los autobuses públicos de Montgomery. Por 382 días, treinta mil afroamericanos hicieron marchas de hasta nueve kilómetros pregonando "Mis pies, cansados. Mi alma, ¡liberada!". No sobra decir que la economía del transporte colapsó y antes de un año se declaró a la discriminación contraria a los principios de la Constitución.

Que la sociedad se decida a  boicotear a un gobierno es difícil, por los intereses disímiles de cada individuo, pero los gremios si podrían establecer tal acción, si el sacrificio y capacidad de aguante, están entre sus presupuestos, hasta lograr el objetivo.

Se podría pensar en utilizar el boicot para forzar cambios en la política de un gobernante al usarlo como  herramienta económica, aplicar un freno a quienes tienen el control presupuestal con la suspensión del pago de impuestos, no comprar consumibles bajo control gubernamental, no hacer nada y esperar. Tiene el riesgo de que se convierta  en “huelga”, cuya connotación es diferente y podría terminar en pingüe negociación o en escarnio represivo con la consabida dilución del evento.

El boicot es en realidad un acto de guerra, se pretende arremeter a un enemigo donde más le duela y sea vulnerable, por ello se requiere de mucha madurez política y autonomía social, para que en su proceder no sea confundido con el sabotaje o con actos de terrorismo y termine el gobierno sancionando bajo  la salvaguardia de ilegal protesta social, porque se afectaron bienes públicos y a la propiedad privada.

En un pasado muy reciente, un caudillo paisa instó al uso de la figura de resistencia civil, ensayaba conmocionar al gobierno, pero nunca explicó ni definió los sectores que debían afectarse ni la metodología a ser aplicada por el ciudadano. No ejemplarizó con su propia acción como hacía Gandhi, el gestor de la desobediencia civil,  se disolvió guiado por Maquiavelo,  pendiente de intrigas y engaños para mediatizar a su favor lo que bien pudo ser un brote viral.

El boicot exige agrupar consumidores de cada sector productivo o político, para que pacíficamente intervengan negativamente la acción gobiernista, menudo enredo que podría afectar en retorno a la misma sociedad,  y a sus líderes.

Lo que menos puede faltar en esa acción decidida de boicotear, es la disciplina y dedicación del pueblo, de resto todo queda en romanticismo y memes en las redes sociales, las cuales si podrían ser boicoteadas por el gobierno a su antojo.

 

Alfonso Suárez Arias

@SUAREZALFONSO

 

Aguijón social
Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

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