Sábado, 19 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

Amos Bronson Alcott, pedagogo y escritor estadounidense del siglo XIX, escribió la célebre frase “La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”

Con esta cita, poniéndola como antesala de esta pandemia inconsciente más generalizada y enraizada en la sociedad colombiana, se puede uno dar cuenta que vivimos en un país enfermo y agónico y no es precisamente por la quiebra del sistema de salud, o el paro de la rama judicial, o la olla podrida de las cárceles, o el paro de transportadores. No. Es una enfermedad mental, que no se ve, que está en cada ser humano y dependiendo de sus intereses se desarrolla y manifiesta de diferentes maneras en las personas.

Uno de los síntomas más notables es la indiferencia acompañada de la intolerancia y la reacción siempre será la misma: ataques de ira y odio encarnado.

La enfermedad de la ignorancia es un cáncer incurable, carcome todo el tejido social, destruye la familia, los amigos, las instituciones, no se escapa nadie de esta terrible enfermedad.

La pregunta en cuestión: ¿cómo se desarrolla la ignorancia como enfermedad silenciosa y mortal?

Síntomas reveladores

Cuando lo que le pasa al otro no me importa porque no es conmigo

Es mejor callar y dejar que los otros decidan por mí

Ver al otro como un enemigo potencial

Cuando las ideas políticas tienen más peso que las propias ideas

Estar adoctrinado por una religión o partido político

No reconocer las ideas del otro

Alto grado de irritabilidad e intolerancia

Distorsión de la realidad a su favor

Sentirse perseguido y amenazado

Todos son culpables menos yo

Tener siempre la razón y las escusas en la mano

Perdida de la valía personal

El engaño y la mentira es la mejor arma

Vulnerado en sus derechos sin cumplir con sus deberes.

Podríamos seguir con la larga lista de síntomas, pero es bueno entender que esta enfermedad es traicionera, porque la ignorancia no entiende de razones ni acuerdos, no reconoce y distingue entre lo bueno y lo malo, conque le sea favorable el resultado está bien y si no le favorece, entra en cólera y se indigna.

Esta es la famosa formula que utilizan los políticos, la iglesia, los dirigentes sindicales, para manejar los hilos del poder y tener a la masa como borregos en las calles, con arengas y gritos de justicia, cuando lo más injusto es paralizar una ciudad y su economía, solo porque a un grupo de señores en el Senado o cualquier otra institución del estado, no está de acuerdo con las medidas tomadas por el gobierno porque no les favorece en lo más mínimo.

Como la ignorancia es atrevida y ciega, el ciudadano no sabe para dónde va y qué quiere, la gente simplemente sale a las calles indignados a protestar por lo que no entiende, solo porque lo dijo una persona de sus afectos con poder de convocatoria, y a este grupo hay que sumarle el vandalismo camuflado, que destruye todo a su paso. Todo este caldo de cultivo da como resultado lo que conocemos como un mitin, donde se habla y habla y no se llega a ningún acuerdo, prueba de ello, es la reforma tributaria que aprobó el Congreso de la República, todos están con los pelos de punta, pero pasadas un par de semanas más, nadie se vuelve acordar de la reforma pensando solo en comprar los útiles para el colegio y la lonchera para el nuevo año escolar que se avecina.

Ignorar que estamos en un país altamente corrupto es un grave síntoma, pero con las elecciones presidenciales para el 2018 volverán las mismas promesas de hace cincuenta años o más, el pueblo votará por su candidato preferido y lleno de emoción se olvida que ese mismo candidato le clavará más impuestos, venderá otra empresa del estado, privatizará la educación, así como privatizó la salud, las telecomunicaciones, etc.

Ignorar que nos merecemos los gobernantes que tenemos es darles poder a unos cuantos señores que sí saben muy bien que la mejor arma social es la ignorancia colectiva, que entre menos educada e ilustrada sea la sociedad, será más vulnerable y manejable.

A Colombia no le hace tanto daño ni la guerrilla, ni las Bacrim ni otros grupos, le hace más daño la ignorancia, porque esa ignorancia al ser mayoritaria elige gobiernos corruptos, asesinos e ineptos, que solo piensan en sus intereses particulares.

Un país que no tiene memoria, es un país condenado al olvido constantemente y ese olvido es el que hace que se pierda la noción de quienes somos y para dónde vamos.

 

Eber Patiño Ruiz  

@Eber01 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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