Sábado, 20 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

El contenido del gran libro de libros –la Biblia- es abundante en alusiones a la gratitud: “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5:16-18.

La gratitud según Anthony Robbins, quien afirma sin contemplaciones: “El único camino que lleva a experimentar la riqueza de la vida es una actitud de agradecimiento: apreciar lo que tienes y lo que puedes dar. El mejor sistema para garantizar tu felicidad es ayudar a los demás a disfrutar de la suya.”

El valor de la gratitud lo aplica una persona cuando experimenta aprecio y reconocimiento por otra que le prestó ayuda. No consiste, necesariamente, en “pagar” ese favor con otro igual, sino en mostrar afecto y guardar en la memoria ese acto de generosidad. Más que centrarse en la utilidad práctica del servicio recibido, pondera la actitud amable de quien lo hizo.

Los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas. Son guías que nos dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo y de cada grupo social.

Quienes tuvieron la fortuna de transitar caminos de plenitud y de repente sobrevino la escasez, recordarán la ayuda recibida, al menos es eso lo que se espera de cada uno. Hay allí una conexión con la lealtad, ligada al reconocimiento de lo recibido sin que haya de convertirse en motivo para otorgar apoyos cuando se trate de ilicitudes. Los animales ofrecen lecciones de gratitud inmensa a quienes les ayudan en los momentos difíciles. Los niños proceden de igual manera y saben con precisión como retribuir con sonrisas y/o dejándose querer, por la ayuda recibida. La naturaleza se muestra agradecida cuando se la respeta, si se la protege y ante cuidados que no sobran. Y qué decir de la expresión agradecida de una madre por el favor realizado, más que a ella, a cualquiera de sus hijos.

Entre los 7 hábitos de los superexitosos reina la gratitud: porque ser agradecidos y enfocarse en los aspectos positivos, es prioridad para ellos. De la misma manera en el caso de los que tienen más, en su mayoría agradecen por lo que reciben o esperan recibir. Por lo general los que menos tienen se enfocan en lo que no esperan recibir y eso es lo que reciben, agradecen por no tener lo que detestan con lo cual completan su atracción.

Le he leído al emprendedor, profesional del sonido e hijo del inolvidable Orlando, Carlos Mario Barranco Rozo, que “la gratitud es riqueza, la queja es pobreza”. Recordé de inmediato la vieja enseñanza que indica lo bueno de aceptar la situación sobreviniente, dar gracias por lo que se tiene y/o recibe y confiar en que se obtendrá lo que se espera. Resulta difícil, a la mayoría de personas, sentir o expresar agradecimiento por el dinero recibido en pequeñas cantidades, lo cual genera insatisfacción y por ende, malestar creciente. Entonces, se lastima el sentimiento con la creencia errónea de que, sin tener dinero, no es dable la felicidad. Lamentarse, autoconmiserarse y/o quejarse, por la falta de dinero, discutir, frustrarse o sufrir por ello, criticar precios y valores o lastimar a otro por lo mismo, son actos de ingratitud y, al oponerse a la gratitud, la situación económica jamás mejorará sino que empeorará.

Agradecer es sembrar para más. No obstante, es propio de la condición humana olvidar el favor recibido. El Evangelio de Lucas, 17:11-19, nos cuenta que Jesús, en su peregrinación a Jerusalén, a la entrada de un pueblo, fue recibido por diez hombres enfermos de lepra y le gritaron:

¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! Al verlos, les dijo:

Id, mostraos a los Sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios.

Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. Jesús le preguntó: ¿acaso no quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Levántate y vete, le dijo al hombre, tu fe te ha sanado.

Elementos tan vitales, como el aire que respiramos, el agua que bebemos y otros no menos importantes, como cada uno de los órganos del cuerpo humano y el centro de la vida que es el espíritu, pasan desapercibidos casi siempre y como consecuencia de ello, nos perdemos la abundancia, la riqueza y la plenitud, pese a buscarlas, desearlas e ignorarlas, de manera constante.

Buen comienzo es permanecer en gratitud, desde las gracias por la vida y el por el papel de los padres, o de quienes fungieron como tales, en el entendido de que por su inquebrantable dedicación, andamos donde estamos. Ejemplos de ese talante son Emilianito y Poncho Zuleta. La herencia, de Emilianito, es para la muestra un botón:

“…no te preocupes Emiliano

todas estas cosas las recuerdo

también me tienes estudiando

es otra herencia que debo…”

En el caso, de Poncho, en su hermosa canción, “mis viejos”:

“Oye vieja Carmen Díaz

te canta Poncho Zuleta

a ti te debo la vida mía

para todo yo te tengo en cuenta

y tu vejez la pasarás lo más contenta

con este hijo que te quiere noche y día”.

Por todo, es efectivo vivir en gratitud, agradecer lo que se es, lo que se hace, lo que se tiene, lo que se da y lo que se sabe. Lo contrario es alinearse con la ingratitud cuyos frutos son amargos, insostenibles y destructivos. La mejor siembra que puede hacerse, con miras a obtener cosecha abundante, se funda en el hecho de agradecer y expresar la voluntad de reconocer, valorar y de ser posible devolver, lo que recibimos, venga de donde viniere, cuando se trata de lo bueno. Los mejores coinciden en eso y no fue excepción el cacique de La Junta, Diomedes Díaz, ya que una de sus primeras canciones y con la cual participó por vez primera en el Festival de la Leyenda Vallenata, fue “hijo agradecido”:

“En el mundo no he hallado un obsequio material

para poder pagar mi a padre y a mi madre

ahorita te recuerdo y siento ganas de llorar

al pensar en aquellos tiempos que lucharon para criarme

todo esto es imposible porque no hay con que pagar

esta sencilla crianza que le dan a uno sus padres

que cuando están pequeños le enseñan a trabajar

para que cuando ellos mueran se defienda uno más tarde

y Dios les ha dado un hijo que tiene que respaldarlos

Estaré agradecido de mi vieja y de mi padre…”

Más claro ¡no canta un gallo!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@albertomunozpen 

Cosas del Valle
Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Actualmente desempeña el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

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