Sábado, 24 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

Terminadas las festividades de fin de año, dejamos atrás los acontecimientos del año pasado, donde en el plano internacional Inglaterra mediante referendo decide abandonar la Comunidad Europea, Donald Trump contra todos los pronósticos es designado presidente de los Estados Unidos y rusos y norteamericanos se confrontan en un incidente diplomático por el supuesto ciberataque de Rusia durante las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

En el plano nacional también nos dejó un sin números de noticias como la decisión de los colombianos de no avalar en el plebiscitos los diálogos entre el gobierno y la guerrilla de la Farc para alcanzar un proceso de paz, la posterior refrendación del congreso de los acuerdos, el vil asesinato de una niña de 7 años en Bogotá, la reforma tributaria, los hallazgos de corrupción de la refinería de Cartagena o de Obredecht, el paupérrimo aumento del salario mínimo y el baile de fin de año de miembros de las Farc con los verificadores de la ONU.

Los colombianos somos ciudadanos sin memoria por naturaleza, olvidamos muy rápidamente todas estas noticias y permitimos que los dineros públicos sean dilapidados, que las medidas gubernamentales vayan en contra de las clases más desfavorecidas, que el costo de vida y el salario mínimo cada vez alcance para menos, mientras nuestros honorables congresistas reciben una asignación y prebendas salariales altísimas.

Por eso a pesar de todas las políticas y decisiones que se han tomado en contra del pueblo, volveremos a elegir a los mismos sin vergüenzas que han sumido en el abandono y atraso a sus regiones, que no han gestionado obras e inversiones que permitan el bienestar y mejoramiento de la calidad de vida de sus electores, seguiremos cegados y sin levantar nuestra voz de protesta por tantos atropellos cometidos contra la clase trabajadora colombiana.

Sumisos haremos cuenta y trataremos de sobrevivir con el miserable salario mínimo adoptado, el cual no permite que los trabajadores garanticen el cubrimiento de sus necesidades básicas, una vida decente que le permita construir un mejor futuro, un nivel económico decoroso que le asegure una vejez digna y tranquila.

Seguiremos siendo pasivos y permisivos con los grupos que no quieren que gocemos de un país estable y en paz, respaldaremos sus políticas guerreristas y nuestros hijos se convertirán en las victimas de este conflicto sin sentido, el desplazamiento y la violencia reinará en cada uno de los rincones de nuestro país y la desigualdad, desesperanza y pobreza nos consumirán cada día más.

Permitiremos que nuestros niños sigan siendo asesinados, abusados o sigan muriendo de hambre, sed o por falta de atención médica debido a la falta de políticas de estado que garanticen sus derechos fundamentales, su protección y bienestar.

Es hora de reaccionar, de tomar decisiones radicales, de elegir y ser representados por líderes que velen y encarnen nuestros intereses, que gestionen obras e inversiones que nos permitan mejorar nuestras condiciones de vida, brinden la posibilidad de progreso y desarrollo de nuestras regiones, de lo contrario estaremos condenado cada fin de año estar lamentándonos por nuestra situación, las malas decisiones adoptadas y los líderes que nos gobiernan. 

 

Diógenes Armando Pino Sanjur

@mafranpisa 

Tamalamequeando
Diógenes Armando Pino Sanjur

Diógenes Armando Pino Sanjur, más conocido como May Francisco, nació el 24 de junio de 1976 en un pueblo mágico lleno de historia, cultura y leyendas situado en la margen derecha del Río Magdalena llamado Tamalameque. Hijo de los docentes Diógenes Armando Pino Ávila y Petrona Sanjur De Pino, tiene 2 hijos, May Francisco y Diógenes Miguel, los cuales son su gran amor, alegría, motor y mayor orgullo. Abogado de Profesión, despertó su interés con la escritura de su padre quien es escritor e historiador, se declara un enamorado de su pueblo, de su cultura (la tambora) y apasionado por la política como arte de servir.

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