Martes, 12 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.
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Las nuevas generaciones están enfrentadas a una gran dualidad: (1) ir a la escuela, sacar buenas notas, graduarse en la universidad y salir a buscar un empleo que no existe; (2) dedicarse al mundo del hampa, conseguir dinero y tratar de imitar el modelo consumista americano de derroche y lujos innecesarios.

La primera opción (ir a la universidad para obtener un título profesional) sigue siendo, no la mejor, pero sí la más acertada idea de crecimiento y empoderamiento social, ya que en la medida en que se estudia y se adquiere nuevos conocimientos, se está preparado para enfrentar los retos que trae cada generación y proyectarlos al futuro y ser los nuevos líderes y gobernantes del país.

Pero causa estupor ver el mal ejemplo que están dando quienes ostenten el poder. Parece que existiera una norma constante, la de “poder = corrupción”, así nos lo muestran los hechos y los personajes que encarnan este mal ejemplo para los que vienen detrás.

Para la muestra varios botones: Carlos Gustavo Palacino: presidente y dueño de la empresa de salud en liquidación SaludCoop. Egresado de la Universidad Santo Tomás como Matemático para la docencia; Estadística Administrativa de la Universidad de la Salle; Especialista en Derecho de seguros de la Universidad Javeriana; maestría en Seguridad Social de la Universidad de Alcalá España y la Organización Iberoamericana de Seguridad Social, Igualmente participó en el Curso de Presidentes de la Universidad de los Andes. O Andrés Felipe Arias: exministro de Agricultura y Desarrollo Rural. Egresado de economía de la Universidad de los Andes; M.A. de economía en la misma universidad (obtuvo una beca llamada Beca Excelencia). En 2002, gracias a una beca en economía del Banco de la República, obtuvo el doctorado (PhD.) en economía en la Universidad de California (UCLA). E incluso Samuel Moreno Rojas: Ex alcalde de Bogotá; Abogado y Economista graduado de la Universidad del Rosario, un máster en Administración Pública en la Universidad de Harvard.

Tomo estos tres ejemplos para explicar, el título de este artículo: entre más preparados, más corruptos. Esta es la lectura que está teniendo la sociedad, o cómo personajes de gran trayectoria académica, de las más respetadas universidades del país y del mundo, se convierten en viles corruptos y mal ejemplo social de lo que no se debe hacer con el conocimiento adquirido. En suma, perdieron el tiempo y el dinero estudiando todos esos años, y de paso son la vergüenza de sus hijos y toda la generación que de ella se desprende, porque la historia castiga y siempre quedará una estampa de su pasado oscuro.

Un joven universitario de segundo semestre en la universidad bien puede pensar y enfocar su proyecto de vida a imitar a estos nefastos ejemplos, porque la avaricia y la codicia nublan la razón. Ese es el mensaje que llega a todos los rincones del país donde haya un televisor o un radio, donde se habla de los hechos de corrupción de los de cuello blanco, y entonces crece la indignación y el estupor por ver cómo unos se mueren de hambre, mientras otros se roban los dineros públicos. Ahí es donde nace la resistencia civil y el descontento social.

La ilusión de estudiar y forjar un mejor futuro se mengua en el niño que quiere estudiar y ser un hombre de bien y útil a la sociedad, porque todos los días recibe el mismo mensaje “poder = corrupción”.  ¿Para qué estudiar entonces? ¿Para ser corrupto o para combatir la corrupción? Ése es el gran dilema de las nuevas generaciones.

En la segunda opción, después de ver el mal ejemplo de los que gobiernan este país, un ciudadano del común, sin trabajo ni comida para llevar a la casa, se ve obligado a salir a la calle a ganarse la vida como sea, haciendo lo que sea, sin medir consecuencias, porque con hambre no se razona, y la calle está llena de oportunidades para delinquir y el instinto de supervivencia de la especie humana es más fuerte que la conducta moral o social y la ley y el castigo no importan, por eso vemos las más de cien cárceles del país con sobre cupo y a punto de explotar.

En nuestro país todavía está enquistada la idea de hacer dinero a como dé lugar, ser rico y poderoso no importa el medio, ni los cartones universitarios, una idea que nació en los años ochenta con el auge del narcotráfico y las excentricidades de los capos de la droga de la época, imitando la fastuosidad y el desborde del consumismo americano, con grandes mansiones, carros lujosos, fiestas extremas y otros tantos desmanes que dieron nombre al eufemismo (de mafioso) y eso es precisamente lo que se ve cuando se incautan las propiedades a los corruptos del gobierno, grandes y lujos propiedades al mejor estilo de vida de Pablo Escobar (el patrón).

La educación: la gran apuesta

Sin embargo, hay que seguir apostándole a la educación, a formar hombres de bien, que den el verdadero ejemplo y sean referentes sociales de cambio y constructores de tejido social, porque una verdad innegable es que mientras exista la burocracia habrá corrupción, porque así fue concebida desde la República por los Romanos, tú me das y yo te doy, tú me nombras y to te nombro, me acusas, yo te acuso, te callas, yo me callo, me traicionas, yo te traiciono.

La corrupción es un cáncer que muta de generación en generación, se puede menguar sus efectos, pero está dentro de los genes del poder en todos los ámbitos y niveles y eso no se puede tapar con un dedo.

 

Eber Patiño Ruiz

@Eber01 

 

Hablemos de…
Eber Patiño Ruiz

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

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