Domingo, 26 de feb de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Me permito romper el silencio (responsable) para escribir una columna que fluye desde el amor por mi tierra guajira, por mi herencia cultural, por mi presente y por todo lo que me une a ella; por eso no pretendo salir en defensa o en contra de alguien, no es favorable gastar el tiempo en necedades que no llevan a aportar, lo que pretendo es reflexionar sobre lo que podemos hacer para que la realidad critica que padecemos como territorio, cambie.

Mucho se habla de la corrupción, como sociedad somos muy dados a expresar nuestra rabia o rechazo contra todo acto que consideremos deshonesto, inmoral o perverso; sabemos que robar es corrupción, que no hacer buen uso de los recursos o ser negligentes en su administración también lo es; pero perdemos el foco del asunto, cuando acomodamos las razones para condenar o absolver determinada situación, CORRUPCIÓN es CORRUPCIÓN, no puede disfrazarse de aprobación si es el compadre, el amigo o el familiar quien comete algún tipo de delito, porque ante todo la corrupción es un delito, aunque de lo robado nos beneficien, aunque sus intenciones sean las mejores, aunque se acomode a cualquier medidor flexible cargado de subjetividad.

En este sentido, el titulo escogido para esta columna remite a reconocer que todos y todas tenemos herramientas para frenar la corrupción y dicho en palabras más alentadoras, para crear una cultura de transparencia; des-corruptizar es la antítesis de todo acto de corrupción, no podemos afirmar con el descaro propio de intereses individuales que “juzgan al que se robó 5 pesos y no al que se ha robado 50” “nos la montan por ser guajiros, pero más roban en el nivel central”; no desconozco que nuestras riquezas naturales nos convierten en blanco de cualquier colonizador, pero el punto de partida es no “dar papaya” es no cometer ningún acto de corrupción, es que el panorama cambie por completo y el pobre más pobre mejore sus condiciones de vida y el rico más rico pueda cerrar brechas de desigualdad; no quiero asumir una defensa de algún sector en particular, quiero decir, que los guajiros tenemos con qué; con que demostrar que somos personas de bien, inteligentes, unidos, capaces, creativos y valientes.

Des-corruptizar la guajira implica también dejar de actuar con odios y retaliaciones hacia otros guajiros: “que si no me diste el contrato busco que te persigan, que si te cambiaste de grupo político también”, es concentrarnos en lo importante y en lo constructivo, y dejar de perder el tiempo en cortinas de humo que van desde el chisme básico de barrio hasta el daño a la imagen de los demás; si nos ocupamos, el resultado es que no tengamos que preocuparnos, pero falta unidad y respeto por lo demás; así como ser responsables en la administración de los roles que se nos otorguen en sectores públicos, privados o desde organizaciones sociales.

Las crisis políticas, sociales o económicas que padece la Guajira no pueden ser solo un tema de moda o un “boom” noticioso, deben ser una categoría de análisis generadora de nuevas ideas; pero seguimos despistados y en conflicto, mientras  diversos factores tangibles o intangibles de sistemas ajenos al nuestro nos lapidan; algunos siguen empecinados en las divisiones de corrientes políticas, en perseguir al que no les agrada y de alegrarse porque a ese que no les cae bien le emitieron orden de captura o lo destituyeron de su cargo de poder; por ello insisto en afirmar que a los que hacemos parte de La Guajira (nacidos o no en ella) nos falta reaccionar y unirnos, dejarnos de atacar como caníbales (primitivos) que solo se disponen a saciar las necesidades particulares a pesar del daño a otras personas.

De esta manera, pretendo reflexionar como un transeúnte más del carnaval de crisis, pues éste no puede ser percibido como las horas que sin avisar se vuelven pasado, sino como un universo político, entendiendo la política como transversal a todo sistema social, que afecta todas las esferas individuales y colectivas; por eso como ciudadanos deberíamos aprender a pasar de la crítica a las acciones transformadoras, tal vez este último acto, encierre de manera amplia la categoría que propongo –DESCORRUPTIZAR– a esta tierra que tiene todo para ser la mejor de Colombia, comenzando por su riqueza humana.

 

Fabrina Acosta Contreras

@Facostac 

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