Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

"Todo aquello que oprime la individualidad, sea cual sea el nombre que se le dé, es despotismo". 

Por fuerza del destino tuve que despedir, a mi hermano, hace pocos días.  Feneció tempraneramente por el embate del cruel infarto -que no le consintió otra oportunidad- ni el usufructo de resultados sociales, y políticos de los aún transitados acuerdos de paz, en  indefectible implementación.

Tampoco logró ver más allá del rompimiento del cascarón -el mismo día de su muerte- al grupo de bulliciosos polluelos brotando de  la incubadora aplicada a sus investigaciones, trabajos pedagógicos, y sala de partos de muchos huevitos de diferentes aves, a las que profesaba especial afición, como los faisanes y colibríes que en su mano se alimentaban. Así, nació vivaracho y achispado el pollo “patas de pato”, -que se enfrentó a la orfandad obligada- y en razón al legado familiar, me fue entregado en herencia y honor a su “progenitor”.

Es ahora que surgen cuestionamientos en materia genética, hereditaria, o de ciencia biológica, que no son de mi saber.

¿De dónde sale éste con las patas de pato? preguntando por su mamá, testifican que ha sido una discreta gallina cuyos devaneos no han traspuesto el gallinero, luego según infidencias, el tal “pato tinieblo” nunca existió en su vida. Entre otras cosas porque genéticamente son dos especies diferentes, que no admitirían tal disparate de la ciencia. Pero, pato es pato y gallina lo pone.

Entonces, solo queda pensar en algún gen mutante, que tenga la propiedad de replicarse en uno de cada cuatro huevos puestos por la gallinita honrada, y que corran la suerte de ser empollados, y no fritos en mantequilla en el desayuno de Jaime. El tema embrolla a científicos y patólogos genetistas.

El asunto es que, ahora como mi huésped, en cada mañana mientras los medios notifican los acontecimientos públicos y generales, en el diario trasegar de este confundido mundo y los eventos propios y regionales, son opacados por las extravagancias de la corruptela; el pollo “patas de pato”, zanganeando alrededor, oteando por encima del pico engrosado, y remedando ser de cola parada, raposea dinamismo y agresividad,  como del gallo de pelea: me insta a referenciar la conducta humana en el ejercicio político, comparativamente con los animales.

Que, Gina y Cecilia son impolutas y así seguirán, pues el procurador amigo difícilmente las cuestionará. Que, Claudia López en la campaña se aventurará, mientras Angélica se cuestiona, si primera dama o damo será. Que, el General Naranjo sería vicepresidente, si se voltea de equipo, de la U pasaría a cambio radical. Que, el hijo del ex vicepresidente Santos, el primo, resultó en las ligas, mejor con las ligas puestas, porque se acomoda más en el rol de la pasarela. Que, Piedad Córdoba aun no decide si se lanzará o su celulitis operará, y  prácticamente todo, por aquello de sacar la cara y el cuerpo por las farc. Que, Benedetti y Mauricio exhibirán sus selfies en las salas del congreso, pero el fast track las desplumaría en cuatro y no en ocho sesiones.

Ante, el montón de duales noticias que incluyen, a la mentira o verdad por esclarecer, como que a la posesión de Trump, el presidente de Colombia no fue, porque no lo invitaron o tenía que abrir clases en un colegio rural, un día sábado al amanecer. El pollo”patas de pato” que todo ha percibido y creo que, hasta escarbado, mirándome fijo y directo a los ojos, telepáticamente me pregunta. ¿Al fin, que soy yo, pollo o pato? 

No sé qué contestar.

 

Alfonso Suárez Arias

@SuarezAlfonso

Aguijón social
Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

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