Lunes, 21 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Nadie lo ha visto con vida. De él sólo se conoce su cadáver.  Sucede el último día del carnaval, cuando aparece en los barrios, generalmente enmaicenado, con traje elegante, sombrero y zapatos finos, para protagonizar el acto fúnebre en el que sus mujeres, encerradas en atavíos negros, lo lloran a gritos porque las dejó viudas, desconsoladas y sin sustento para los hijos.

Joselito Carnaval es sepultado. No obstante, reaparece cada año para protagonizar el mismo episodio luctuoso, dejando en la gente poco experta en asuntos de carnavales una sarta de preguntas sin respuestas, que traen a memoria el episodio vivido por un interiorano recién mudado a Barranquilla, que en su primer carnaval fue bombardeado a preguntas por su hijo de doce años: Pero papi, ¿quién es el tal Joselito ese? ¿Cómo es que está vivo otra vez, si yo vi en Instagram que lo enterraron el año pasado? ¿Dónde pasa el resto del Carnaval, que sólo aparece muerto el último día? ¿Quién lo mató, papi?

Son respuestas en las que no se piensa mucho, pues las muertes de Joselito y la falta de detalles relacionados con su vida hacen parte de la tradición carnestoléndica. Joselito Carnaval es la representación del Carnaval de Barranquilla y simboliza el jolgorio, el desorden, la alegría colectiva, todos esos elementos de subversión de las normas que se asocian al Rey Momo: “Hijo del sueño y de la noche que presidía las fiestas de los locos, que se celebran en pueblos, aldeas y ciudades. Divinidad de la burla, amo de la sátira hiriente, del sarcasmo cruel y de la más despiadada ironía. Momo se convirtió en el “protector” de todos aquellos que se entregaban al jolgorio, al escándalo del vicio y a los excesos” [i]. Joselito está encarnado en todas las invenciones y ocurrencias que se le han ido incorporando a través de los años. Está en las reinas, en el rey momo, en las letanías, las verbenas, la batalla de flores, la gran parada de comparsas, el festival de orquestas, el festival de comedias y hasta en el Congo de oro, elementos todos estos presentes en la gran fiesta. Así que la muerte de Joselito no es otra cosa que la muerte o la terminación de este tiempo de diversión.

Echando un vistazo a la tradición oral del Caribe colombiano, se encuentran otras explicaciones más mitológicas para Joselito, como aquella versión que da cuenta de un señor oriundo de Barranquilla, de nombre José al que le gustaban tanto los carnavales que se entregada en alma y vida al jolgorio; desde el comienzo de la fiesta desaparecía de su casa y era visto –botella de ron en mano- en las verbenas, desfiles y donde quiera que hubiera una guachafita carnavalera. En una de esas salidas, la borrachera fue tal que por el martes, cuando lo hallaron, estaba tirado en la calle inconsciente del tanto ron que había bebido y todos pensaron que estaba muerto, por lo que organizaron el funeral, en medio de la tristeza y el desconcierto; pero algo particular sucedió: al momento de enterrarlo, Joselito despertó de la borrachera y gritó: “¡No estaba muerto. Andaba de parranda!”.

En su libro “Joselito Carnaval”, el sociólogo y experto en temas de carnaval, Edgar Rey Sinning [ii], afirma que Joselito nace desde el momento mismo en que inician los precarnavales; es decir, si Joselito muere con la fiesta, la suya sería una vida de tan sólo 40 días, teniendo en cuenta que el inicio de los precarnavales es el 20 de enero, día de San Sebastián. Escribe Rey Sinning que Joselito Carnaval es “representado por la reina y que antes era representado por un rey. Su reinado dura lo que dura el Carnaval, vieja tradición de los pueblos orientales y europeos, donde existían muchas formas de representar al ordenador o el ‘mandamás’ de la fiesta. En muchos pueblos ser ‘mandamás’ costaba hasta la muerte, en otros se simulaba con un muñeco”. En el caso de Barranquilla el muñeco o la efigie aparece el último día de las carnestolendas para ser llorado y enterrado”.

Y es que el Carnaval de Barranquilla, declarado por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad [iii], es la fiesta folclórica y cultural más transcendental de Colombia y el segundo carnaval más grande del mundo, después del que se celebra en Río de Janeiro (Brasil). Existen otros mundialmente nombrados como los de Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, Cádiz y Carnaval de Águilas  en Murcia- España; el de Colonia en Alemania, el de Oruro en Bolivia, el de Venecia en Italia, el de Negros y Blancos de Pasto en Colombia, el de La Habana y Santiago de Cuba; también los de Veracruz, Mazatlán, Guamúchil, Mocorito, Angostura y Huejotzingo en México. Los de Montevideo, Uruguay, Corrientes y Entre Ríos, Argentina, se conocen como los de más larga duración.

A América lo trajeron los europeos, pero a Barranquilla lo llevaron los magdalenenses, pues antes que en Barranquilla, hace más de un siglo, ya se celebraban estas fiestas populares en otros pueblos de la ribera del Río Grande de la Magdalena. “El Carnaval lo trajeron a Barranquilla los samarios que inmigraron en un gran número desde mediados del Siglo XIX y los momposinos, en cuyas ciudades se celebran desde tiempo inmemorial”, cita del presbítero Pedro María Revollo, consignada en el libro Joselito Carnaval.

La tradición carnavalera se extiende por muchos pueblos que le van incorporando elementos propios, pero con el factor común del goce colectivo, el jolgorio, la camaradería, la libertad exacerbada, la inhibición total; que se mimetiza en disfraces como ‘mono cuco guayabero’ que les da la licencia para convertirse en ‘saca presa del caldero, bebe leche y embustero’; el Garabato, que los hace proclamar ‘tengo la fuerza del garabato, que venga la muerte que yo la mato’; o la Marimonda que sólo quienes la encarnan saben que ‘no es tanto el disfraz de marimonda sino los brincos que hay que dar’.

Hoy, Joselito Carnaval está vivito y coleando como figura etérea que se apodera del espíritu de todos los carnestoléndicos. Pronto será su muerte y se verá a las viudas llorándolo para esperar, en un año, su tiempo de regreso a las fiestas difíciles de describir, sin haberlas vivido en carne propia porque ‘quien lo vive es quien lo goza’.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya



[i] Esta definición de Momo fue tomada del sitio oficial del Carnaval de Barranquilla.

[ii] Libro Joselito Carnaval, del autor Edgar Rey Sinning. Editorial Caballito de mar. Segunda edición. 1997.

[iii] El 7 de noviembre de 2003,  la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – Unesco – declaró al Carnaval de Barranquilla como Obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. Los aspectos que llevaron a esta declaratoria son: Valor como Obra Maestra del Genio Creador Humano, Enraizamiento dentro de la tradición cultural, Importancia como fuente de inspiración e intercambio cultural y su impacto cultural y social actual para la comunidad, Excelencia en las habilidades y cualidades técnicas de sus participantes y Valor como testimonio único de tradición.

 

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