Martes, 21 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Nadie va a negarnos la vida, el ingreso de nuestros hijos al futuro, protegeremos con nuestra vida la Esperanza, esa mujer bella que va tocando puertas y no tiene color de piel, partido político o religión –aquí enfatizo–, esa mujer bella no tiene credos, no le importa que esa fe venga de ninguno de los dioses, que haya elegido el hombre como roca para ir con mayor confianza en un mundo cada vez más atroz. Un mundo donde nadie está seguro.

Esa bella mujer jamás ha puesto su interés en monedas o banderas. No la seduce ninguna de esas ardides humanas; solemne y pura, se mantiene al margen de esas convicciones que suelen enfermar con facilidad, y crean confusión absoluta cuando los líderes más importantes desean imponerlas sobre los hombres. La humanidad entera es hija de esa mujer.

No importa que las acciones de quienes nos dirigen desde lo político, nos digan a los gritos que no deberíamos seguir creyendo en ella. ¡Mentira! ¡Mil millones de veces mentira! Esa señora está ahí, con sus manos extendidas para que las tomemos y volvamos a creer, eso es también levantarse.

En el caso del país del “Sagrado rostro” para mí el país del rostro sangrante, (aunque estemos intentando en tiempos de paz con caricias y besos sanar sus heridas), es palpable el fracaso de la educación. No son sus hijos mejor formados los que viven envueltos en asesinatos y robos continuos a las arcas de la patria. No sabíamos que para cometer canalladas tan grandes se debería estudiar en las Universidades más prestigiosas del país y el exterior, de allí vienen con excelsa formación académica las largas manos de quienes sin ningún tipo de pudor la defraudaron (Foncolpuertos (1993). Dragacol (1998), aquí aparece como protagonista del escándalo Mauricio Cárdenas, para la época Ministro de Trabajo). Invercolsa (2000), aquí el actor principal es Fernando Londoño, alguna vez Ministro estrella de un Presidente que no tuvo gabinete ministerial, sino una pandilla, porque quien no está preso, está huyendo. Sólo para nombrar los casos más sonados. 

En días recientes la atención nacional se concentra en Reficar u Odebrecht, esas inmensas defraudaciones nos recuerdan la desgracia de tener hijos apostatas. (Nuevamente aparece en medio del tsunami Mauricio Cárdenas, ahora Ministro de Hacienda). Y aparece orondo como Ministro en el gobierno del premio Nobel de paz, porque ellos se protegen y premian de acuerdo al tamaño de la canallada cometida, no hay sanción, ni siquiera moral, porque todos perdieron la vergüenza y ciertos medios les ayudan a reclamar una inocencia que tal vez perdieron cuando entraron a esos claustros universitarios, pero no nos vayamos tan lejos, quizás todo lo aprendieron de sus mayores, incluyendo ese temerario código del “más vivo”, del “todo vale” y la prensa por ser miel del mismo calabazo tibiamente denuncia, después en una jugada digna de Ariel, ese mago de Shakespeare, pasan a ser víctimas. Hay un adagio popular que bien reza “ellos son blancos y se entienden”

En este país sin dolientes en la clase política o burguesa, un escándalo sepulta a otro, sin que nos abismemos ante la tragedia de ver cómo se van por el desagüe los recursos que evitarían que en las zonas populares de nuestras ciudades los niños mueran de hambre. Y no es que no nos importe, una parte de la gran prensa se presta a desviar la atención a los problemas más sensibles, otra se encarga de adormecer la consciencia colectiva del pueblo. (Realities, series sobre putillas, sicarios, narcos o ridiculizaciones del ser Caribe). Hablamos del fracaso de la educación porque el grueso de la población no desarrolló un pensamiento crítico que juzgue ese tipo de acciones y pida un castigo electoral a los que nos han gobernado desde la desvergüenza. El tráfico de narcóticos fue determinante para la inversión de nuestros valores y principios, en el país la persona admirada es aquella que roba a la administración pública a destajo, quien no lo hace es tomado por tonto. Se volvió norma ese “que robe, pero que haga”.

Esa lista infame de claros desfalcos está llena de rostros blancos, de las mal llamadas “familias bien”, “bien” porque tienen dinero, no porque moralmente tengan valores mejor consolidados que los de nuestras familias pobres. ¿Cuántos indígenas, negros, afrocolombianos, raizales o palenqueros hacen parte de los grandes escándalos? Prácticamente ninguno. Sin embargo, a esas etnias en el país de los “dignos dirigentes” no se les da oportunidad de gobernar; no estoy diciendo que estos grupos poblacionales no puedan estar permeados por esas horripilantes prácticas, lo que digo es que necesitamos un cambio total en las estructuras del Estado. Porque “ellos son blancos y se entienden” y tienen amigos a quienes les han hecho favores en todos los poderes constitucionalmente establecidos. Por eso, hagan lo que hagan les darán como máximo casa por cárcel.

Nos acogemos a la esperanza para defender el Sueño de vivir en armonía. Ahora comprendemos porqué insistían en prolongar la confrontación armada, porqué era el teatro que entretenía a la población, porqué con esa obra de minas quiebrapatas, de cifras largas de soldados y guerrilleros muertos, cilindros bombas y operaciones militares a gran escala, podían seguir llenando a manotadas, aunque de indebida manera sus arcas. ¿Será que un día los escucharemos decir “ellos son pobres, indígenas, gitanos, negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros y se entienden”? Todo es posible en este mundo de Dios.

 

Uriel Cassiani

@CassianiUriel 

Garras de leopardo
Uriel Cassiani

Poeta y escritor, gestor cultural, activista social y humano de las comunidades afros. Representante Legal de la Corporación Socio Cultural de Afrodescendientes Ataole, que agencia proyectos pedagógicos, culturales, artísticos y productivos en el Caribe Colombiano. Cofundador del Taller literario Mundo Alterno (2001), Integrante de los talleres de poesía Luis Carlos López (2001) y Siembra (2002).

En 2010 publicó Ceremonias para criaturas de Agua Dulce. En 2011 publicó el poemario Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras. Editorial Pluma de Mompox. Entre sus trabajos inéditos están los libros: Dosis personal (Poesía) Música para bandidos (Novela) Las fugas probadas de la memoria (Cuentos). Un Brebaje para Orika (Novela).

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