Viernes, 28 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

 

En nuestro país, después de iniciado en firme el proceso de paz y el cese bilateral del fuego, se vive y se respira un ambiente nuevo y renovador. Ya no se escuchan en los medios de radio y televisión ni se leen en la prensa esas noticias aterradoras de masacres, atentados y toma de pueblos que eran el rutinario acontecer y con el cual nos levantábamos y acostábamos los colombianos.

Las cosas han cambiado, la radio, la televisión y los periódicos han fijado sus miradas hacia otros planos, desagradables también, pero ahora de denuncia y destape de ese cáncer silencioso que corroía a nuestra patria y del que solo esporádicamente mencionaban. Enfermedad perniciosa que solo algunos se atrevieron a denunciar públicamente en su momento, hombres con una valentía y un sentido de decencia y de dolor de patria como Gustavo Petro, Daniel Coronel y otros, muy raros por cierto. En su momento hablaron de la contratación estatal, descubrieron ante la opinión pública casos de aberrante corrupción como la de Los Nule, Hermanos Moreno Rojas, casos emblemáticos que trascendieron y en los cuales la domeñada justicia nuestra tuvo que pellizcarse para pellizcarlos.

Las personas con sensibilidad social, temíamos en ese entonces por la vida de éstos hombres y mujeres que se atrevieron a levantar la voz contra el establecimiento corrompido que imperaba y admirábamos la valentía con que enfrentaron en solitario esa cruzada de denuncias donde dejaban expuestos a personajes de la política y del gobierno. Esas denuncias eran acalladas con andanadas de ataques y señalamientos en contra de los denunciantes, a los que tildaban de guerrilleros o auxiliadores de la guerrilla. Les colgaban ese sambenito de la ignominia tratando de desvirtuar lo denunciado y esto era tanto como colgarle la lápida al cuello ya que fuerzas oscuras patrocinadas y pagadas por los corruptos podían atentar contra sus vidas.

En algunos casos la justicia activó los mecanismos investigativos y judiciales para clarificar las anómalas actuaciones denunciadas. En algunos casos prosperó la investigación, pero en otros ese poder corrosivo del dinero y el chantaje, el cambio de favores y el encubrimiento sepultaron para siempre casos en los cuales se desaparecieron las pruebas, quedando sin resolver aberraciones, masacres, actos delictuosos cometidos por los poderosos y que la prensa con su silencio permitió que la adormilada conciencia ciudadana olvidara para siempre.

Ahora, en esta época de cese bilateral del fuego, en esta hora de negociación, concentración y dejación de armas que hace la guerrilla se vislumbran otras miradas, la comunidad de internautas utilizan las redes para denunciar actos de corrupción, Facebook, Twitter, Instagram, Youtube y el Whatsap se han convertidos en las herramientas predilectas del ciudadano común para denunciar y enterarse de lo que ocurre. Estos medios digitales han permitido la masificación informativa y viralizan las denuncias y los medios informativos audiovisuales y escritos no han tenido más remedio que entrar en la honda de la denuncia.

Gracias a este fenómeno informático, gracias a la paz que se respira, el país ha podido enterarse de casos como el de Odebrecht y su poder corruptor, cuyos tentáculos tocaron altas esferas y permearon  a los políticos y altos funcionarios del gobierno. Casos emblemáticos como el de Zuluaga y ahora con el dicho de Bula sobre la campaña de Santos. Comienza el ciudadano común a enterarse de hechos y situaciones que estaban ocultas por el fragor de la guerra informativa que se había montado contra la guerrilla y después contra el proceso de paz, situaciones delictuosas que los organismos de control, Contraloría y Procuraduría manejaban con sigilo, en el oscuro para que no trascendiera a la luz pública.

Con lo de Zuluaga y Odebrecht se destapa lo que era una verdad a gritos que las empresas contratistas del Estado financiaban las campañas políticas, lo cual era un pase VIP para contratar en Colombia. Llama mucho la atención el caso de Zuluaga que fue salpicado por el escándalo de las chuzadas, del hackeo de las campañas y ahora por el aporte de Odebrecht. Llama la atención por las contradictorias explicaciones que ha dado, por sus viajes a Brasil, por el acompañamiento que le hizo Iván Duque y más que todo por el dicho de última hora que hace el ex senador Otto Bula diciendo que del dinero que recibió le entregó un millón de dólares al gerente de la campaña Santos, pero que no se los entregó personalmente sino a través de otra persona en un hotel.

Esta última parte, creo que le hace falta un pedazo o lo están armando con piezas de otro rompecabezas ya que no alcanzo a concebir que un uribista pura sangre le done un millón de dólares a la campaña de Santos, al que han satanizado y calificado de traidor y al que el mismo expresidente Uribe manifiesta a diario en sus trinos su rencor hacia él.  Esta partecita de la historia, tendrán que dármela con cucharitas de endulzar café porque así a boca de frasco me atraganta y no la entiendo.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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