Miércoles, 28 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Durante mucho tiempo, el principal contacto de los colombianos con la cultura asiática eran los menús de arroz frito, chop suey, chow mein y spring rolls. Sin embargo, en la actualidad, además del gusto de ambos pueblos por el arroz, las culturas colombiana y asiáticas están alcanzando un mayor nivel de contacto histórico.

Tal vez el motivo por el cual la cultura oriental permaneció invisible a la vista de los ciudadanos durante décadas sea el aislamiento en el que se desarrollaba la vida de los inmigrantes asiáticos. A medida que China y otros países vecinos abren sus puertas al mundo, el contacto de los colombianos con las existentes comunidades asiáticas y los nuevos inmigrantes es cada vez mayor.

De hecho, existen asentamientos históricos de poblaciones asiáticas en el país que han empezado a crecer recientemente.

Los nuevos vecinos chinos

La comunidad china es la población asiática más numerosa en territorio nacional. La primera gran migración de chinos a Colombia se dio en lo que hoy en día se conoce como el istmo de Panamá. Llegaron conjuntos de trabajadores de mano de obra barata para trabajar en la construcción de las ferrovías interoceánicas. Las condiciones de vida eran muy difíciles y muchos de los que iniciaron los trabajos no llegaron a verlos terminados. No obstante, una importante población de chinos permaneció y se asentó en Panamá constituyendo una colonia que hoy supera las 125.000 personas.

La población china en Colombia es sólo una quinta parte de la población china de Panamá y el 10% de la de Brasil, que es a su vez el tercer país de Sudamérica con la mayor población después de Perú (la mayor con diferencia) y Venezuela. Adicionalmente a los chinos que vinieron al Caribe a trabajar en la construcción de ferrovías, las otras puertas de entrada a Colombia para ellos fueron los grandes puertos del Caribe y el Pacífico, especialmente Barranquilla y Buenaventura.

Los primeros migrantes chinos fueron agricultores, mineros u obreros. Hoy en día, se podría decir que vivimos otra migración colectiva, pero a diferencia de los chinos que vinieron a principio de siglo, los nuevos migrantes son principalmente de dos tipos: los comerciantes y los corporativos. Quizás los primeros han causado más interés en el país, dado que ocuparon un gran sector comercial del área de San Victorino en Bogotá; donde sus fondos financieros comunes, y la capacidad de importar materias primas a precios muy bajos, representan una peligrosa competencia para los comerciantes que ocupaban originalmente el sector. El segundo grupo se constituye de trabajadores expatriados, cuyo número aumenta como resultado del incremento de las relaciones comerciales entre Colombia y China y la caída en el desempeño económico en otros países de la región como Brasil. Estos fenómenos han causado que, en cuestión de una década, la población de chinos en Bogotá se haya duplicado.

Las comunidades de emigrantes chinos son especialmente extensas en número en California, New York, Toronto, Vancouver, Lima o São Paulo. En estos lugares existen barrios chinos (chinatowns) en donde los inmigrantes más tradicionales desarrollan su vida diaria: cuentan con templos, escuelas, mantienen su lengua y se sienten como en casa; hasta tal punto que algunos miembros de la comunidad raramente abandonan estos enclaves. En Colombia no se presenta esta situación, y esto hace que exista mucha más inmersión en la cultura y la vida diaria del país.

Las migraciones japonesas

Aunque el número de inmigrantes japoneses en Colombia es insignificante en comparación con la población de Perú y Brasil, su historia tiene detalles asombrosos y fascinantes. La primera migración japonesa planeada tuvo que ver también con la ex provincia de Panamá. Cuando Colombia perdió el control del istmo a manos de los Estados Unidos de Teddy Roosevelt, en la primera década del siglo XX, el gobierno colombiano decidió gestionar la inmigración de japoneses a las costas, para poblar lo que se pensaban eran las provincias más vulnerables ante un posible asedio norteamericano. El gobierno japonés ya había implementado un programa para facilitar la emigración de su población más pobre. Así llegaron los primeros japoneses a las costas del pacífico y el Caribe.

Sin embargo, lo pintoresco de la historia tiene su origen en la literatura del Valle del Cauca. Algunos japoneses que habían llegado al Valle a través de los puertos del pacífico conocieron y eventualmente tradujeron parcialmente la novela de Jorge Isaacs La María; la cual describía la belleza de las praderas del Valle del Cauca y sus interminables fértiles suelos, ideales para la ganadería y la agricultura. Estas poéticas descripciones de la tierra del pacífico colombiano hicieron que varias familias y japoneses jóvenes de zonas rurales de Japón, donde la tierra empezaba a escasear, quisieran conocer tal paraíso. Muchos japoneses agricultores se asentaron en el Valle del Cauca, y trabajaron en los campos de azúcar antes de independizar su actividad agrícola. De esta forma es como hoy en día más de tres mil japoneses viven en la región.

La emergente colonia surcoreana

Colombia no ha sido la excepción para la fiebre de cultura surcoreana de la última década; el k-pop y las telenovelas coreanas han sido éxitos mediáticos. No obstante, adicionalmente a esta mercantilización cultural, la presencia económica de Corea del Sur en Colombia se ha multiplicado desde principios del siglo; lo cual ha capturado la atención de los sectores industriales y financieros.

La mayor inmigración corporativa en porcentaje es la surcoreana. Los gigantes de la tecnología como Samsung y LG y las compañías automotrices como Kia y Hyundai, principalmente, han expatriado a sus ingenieros y ejecutivos para vivir en el país por largos periodos de tiempo. Esta es una comunidad mucho más reducida pero de un nivel de ingresos mayor, condición que brinda oportunidades para crear un ambiente coreano lejos de casa. Los lugares donde desarrollan su ocio suelen ser más exclusivos y menos visibles, pero cada vez son más frecuentados por los colombianos. Entre sus lugares de entretenimiento se incluyen restaurantes y clubs de karaoke, principalmente en Bogotá, donde los coreanos y colombianos pueden disfrutar de kimbap con soju, cantar en el karaoke o aprender a jugar al Badugi.

La cultura asiática está cada vez menos escondida y ha brotado en partes de las ciudades en donde antes no existía. Lejos de romper con la cultura autóctona, la combinación de tradiciones tan diferentes entre sí supone una oportunidad para conocer nuevas formas de vida y costumbres.  Ya compartíamos el gusto por el arroz; y poco a poco iremos descubriendo que seguramente tenemos muchas más cosas en común.

 

PanoramaCultural.com.co

 

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