Sábado, 25 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

 

“El objetivo principal de la educación es crear personas capaces de hacer cosas nuevas, y no simplemente repetir lo que otras generaciones hicieron”. Jean Piaget

Quiero comenzar estas letras afirmando que las escribo desde mi orilla de eterna optimista, considero que creer es el verbo más leal a trascender; por ello, aunque seré critica dejo intacta mi fe en que siempre hay oportunidades de transformar realidades y personajes que lideren dichos procesos, por más adversas que estas parezcan.

Como punto de partida, debo decir que nací en una región hermosa y rica en recursos naturales (La Guajira), lo cual, ha generado que sea un territorio vulnerable a muchas situaciones; como explotación, bonanzas, señalamientos o dominio de maquinarias “políticas”; que definitivamente la ubican en un universo de realismo mágico (o inmágico) pero siempre con el matiz macondiano.

En este sentido, surgen muchos discursos y criterios respecto a la esperanza de cambios; y es cuando resulta común escuchar el término “Nuevas generaciones”, pero: ¿Qué son las nuevas generaciones? Considero que se me facilita más decir qué no son para no entrar a limitar lo que son.

No son las que se camuflan en la juventud para afirmar que por su corta edad tienen boleto directo a ser nuevas generaciones, eso no basta, es importante pero no basta. No son las que esperan al mejor postor para perder autonomía y venderse por un contrato, no son las que por apariencia predican a toda voz que son independientes pero en realidad tienen una mano invisiblemente manipuladora que les ordena como actuar, no son las que tienen un proceso académico y una apertura de cultura pero aun así, retornan a hacer lo mismo que hicieron sus antecesores, no son los que jamás salen de la zona de confort y no se atreven a escribir nuevas historias, no son los que revientan las redes sociales con discursos “anticorruptos” pero a la primera oportunidad de adquisición facilista acomodan la noción de ética y naturalizan sus actos (deshonestos) aunque condenen esas mismas acciones en terceros.

Todo esto lo digo porque creo que hay que usar con mucho cuidado el concepto de Nuevas generaciones, dado que, si bien hay muchos ( y los conozco) que mantienen todas las características de autonomía, disciplina, rectitud, preparación académica y humanidad; existen quienes aun teniendo la vitalidad de la juventud, actúan con la vejez propia de la réplica de acciones tradicionales que lapidan cualquier esperanza de transformación social. Parece que se han resignado a que se cumpla aquella premisa de que los frutos podridos contaminan a los buenos y no al contrario, que los buenos logran reverdecer a los podridos.

Esto no solo en el escenario político, hablo también del cultural, social y personal; se arraigan imaginarios sociales donde lo malo es malo, si el otro u otra lo comete, pero es bueno si viene de nosotros mismos; las nuevas generaciones no deben ser los que se queden en roles de señalamientos donde se condenan a todos, llamándolos corruptos, mafiosos, rateros o inservibles; pero se continúa en la mediocridad de no trascender al hacer y mejor aún no se logra la llave del – ser/hacer-; pues muchos de las llamadas “nuevas generaciones” se alejan de acciones humanizadas, pierden cualquier lealtad ideológica que los inspire y mueva, para venderse al mejor inversionista y limitar su ser y todas sus capacidades, a criterios netamente financieros; en ese sentido, no aplican a la categoría de –valor- sino que ponen un precio que se resume en contratos, cargos, bonificaciones o plataformas politiqueras para sentir que llegaron al “poder”.

Sin embargo, no son todos los jóvenes que se alejan de ser realmente nuevas generaciones, pero sí hay que reflexionar en que muchos vienen contaminados y hay que hacer algo para lograr salvarlos, comenzando por hacerles saber que no son tan autónomos, diferentes y anticorruptos como se definen o promocionan; esto en lugar de ser un atropello es una ayuda que se les da a tiempo.

Quiero dejar una reflexión que asumo como absolutamente personal, las nuevas generaciones por edad, son aquellas personas que van de la infancia hasta los 25 años, los adultos jóvenes son los que van de 26 a 40 años y de 41 en adelante son los adultos maduros; en este sentido, la estrategia sería la siguiente: los adultos jóvenes tienen el compromiso de hacer las cosas muy bien para inspirar con el ejemplo a las nuevas generaciones y los adultos maduros la generosidad para trasmitir sus conocimientos y experiencias a las nuevas generaciones y a los adultos jóvenes (relevo generacional); en ese sentido, se renunciarán a muchos esquemas egocéntricos y egoístas que nos alejan de oportunidades de avances como territorio, interesando exclusivamente el entorno cercano o el Yo (narcisista).

Y tú, ¿eres de la nueva generación dispuesta a producir cambios, de los jóvenes adultos inspiradores y comprometidos a aprender, o de los adultos maduros generosos y orientados a entregar lo mejor en el relevo generacional?

Al fin y al cabo creo que el camino es no dejarse gobernar y menos por los liderazgos podridos; por ello considero que la mejor forma de cerrar estas letras es con esta frase: Se dice que las nuevas generaciones serán difíciles de gobernar. Así lo espero”. Emile Auguste Chartier (Alain).

 

Fabrina Acosta Contreras

@FAcostaC 

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