Miércoles, 29 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Obra "El combate entre don Carnal y doña Cuaresma’" de Pieter Brueghel el Viejo

 

‘El que peca y reza, empata’, dice un refrán popular que bien podría aplicarse al momento actual, cuando muchos carnavaleros están sacudiéndose de prisa la maicena y aplicándose enjuagues bucales u otros remedios que les ayuden a llegar sin tufo a la iglesia, a ponerse la ceniza del inicio de la Cuaresma.

Son eventos tradicionales y antagonistas, por su naturaleza opuesta, pagana y divina, por el goce ilimitado versus espiritualidad aumentada. De la noche a la mañana; o mejor, del martes de Carnaval al Miércoles de Ceniza, como si se tratara de una antorcha olímpica, el Carnaval le da paso al tiempo de la Cuaresma, de modo que el jolgorio de música, rumba, disfraces, baile, ron y maicena se transforma –en un santiamén- en oración, ayuno, abstinencia y recogimiento.

Pero ¿por qué son consecutivas justo estas dos celebraciones? Según Jaime Loring, profesor jesuita, “el carnaval nace asociado a la cuaresma. Puesto que durante la cuaresma se habían de suprimir todas las actividades de divertimento, el carnaval constituye una concentración de actividades lúdicas. Como si se quisiera llegar en tres días a tal saturación de fiesta y diversión, que no se las echara de menos durante los 40 días siguientes. Fue así como se introdujo otra celebración de signo exactamente contrario al de la cuaresma: el carnaval”.

No obstante, en la antigüedad –explica el profesor- en tiempos de unidad sociopolítica, cuando la sociedad era creyente y católica ambas celebraciones mantenían su sentido original; es decir, diversión en el carnaval y austeridad en la cuaresma, pero la sociedad se secularizó, el Carnaval se independizó de la Cuaresma y empezaron a tener públicos diferentes. Aunque un amplio universo de carnavaleros también participa en los actos solemnes de preámbulo de la Semana Santa.

Desapareció ese “sentido original”, se perdió el pudor y la modestia naturales en muchos participantes de estos eventos masivos, según lo plantea el profesor de filosofía y pedagogo Gustavo Daniel D’Apice, quien añade que el carnaval no tendría que ser el ‘reino del desorden’, pero “pareciera que retoma la etimología de los bacanales romanos, orgías de vino, embriaguez y desenfreno, en que la ‘carne’ (carne-vale) lo vale todo, pero la carne en contraposición a la razón y el espíritu, los tres componentes armónicos de cada ser humano”.

De la Cuaresma, dice el pedagogo, que es un tiempo de preparación del cristiano para la pascua o resurrección, “por ello la cuaresma no trata de remediar los excesos de la carne ‘carnavalesca’, sino para cuidar más y mejor la totalidad del ser humano, cuerpo (carne), psiquis (razón) y espíritu, y para querer participar con un cuerpo sano, limpio y puro, de la fiesta de la resurrección, sabiendo que estos mismos cuerpos resucitarán, por lo que son nuestros compañeros de camino y debemos presentarlos saludables, alineados, limpios, ‘elegantes’, ya que tienen tan digno fin”.

Son cuarenta días de recogimiento que contempla la Cuaresma, teniendo este número un significado bíblico, asociado a los días que estuvo Jesucristo ayunando en el desierto, a la duración del diluvio universal, al tiempo señalado por Jonás para la destrucción de Babilonia o, haciendo un traslado de días a años, se asocia a los 40 años que estuvo el pueblo de Dios en el desierto. Haciendo cuentas del Carnaval, desde el extenso preludio llamado Precarnaval, tendría una equivalencia en días con la Cuaresma, pues el Precarnaval comienza el 20 de enero con actividades que se extienden hasta los cuatro días de carnaval (hablando de Barranquilla), que se van hasta el 28 de febrero, para un total de 39 días.

Así como hay apáticos al Carnaval también los hay de la Cuaresma; se dan casos en que las personas participan de ambos o no se involucran en ninguna. No falta tampoco el que, como dice Gustavo Daniel D’Apice, “se da lo ridículo de una sociedad que se dice cristiana y en pleno tiempo de cuaresma continúa con carnavales que poco tienen que ver con el espíritu cristiano”.

Finalmente, la vivencia de estos acontecimientos colectivos depende de la cosmovisión de los individuos, por lo tanto el deseo es que quienes viven a cuaresma, logren los objetivos espirituales que se propongan.

Con el fin de guiar a la feligresía en este tiempo, la Iglesia Católica ha publicado un Cuaresmario: un calendario con cuarenta desafíos, uno por día, que propone actividades variadas desde la oración y el ayuno hasta hacer una visita u ocuparse en labores de evangelización y pastorales.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

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