Jueves, 27 de abr de 2017
Valledupar, Colombia.

 Martha Navarro Bentham

 

Desde pequeña, Martha Navarro Bentham se distinguió entre su círculo cercano por una recurrente preocupación por las dificultades sociales de su entorno y el inmenso apego a la literatura; inducido éste por su padre, un campesino que no tuvo oportunidad de ir a la escuela pero que por sus propios medios e interés aprendió a leer y a escribir en medio de largos jornales.

Pese a que no conocía las escuelas “ni por fuera” como él mismo decía, compró una pequeña pizarra con el dinero que ganaba entre jornal y jornal, reunía a los trabajadores que sabían leer y escribir y les pedía que le enseñaran. Una tradición que conservó años después cuando obtuvo su finca; también congregaba a sus jornaleros ágrafos para cercarlos al maravilloso mundo de las letras.

En ese sencillo aunque valioso ejercicio de alfabetización después de los almuerzos en la finca paterna se inauguró Martha como “profesora”, puesto que ella también les enseñaba. Desde entonces se despertó en ella ese deseo de ayudar a transformar su entorno desde la docencia, su gran pasión.

Parte de su infancia se manifiesta entre versos campestres en la zona rural de Chimichagua en el Cesar. La observación y el indisoluble contacto con el campo le han regalado una sensibilidad especial para percibir la realidad y la naturaleza misma, características que le permiten esculcar –con gran facilidad- en la profundidad de su ser y descubrir los recuerdos vivos de su ayer que le otorgan cierto aire bucólico a su poesía.

Siempre quiso ser diferente a sus padres no porque se avergonzara de su procedencia campesina sino porque quiso vivir experiencias disímiles a las de ellos. No obstante, reconoce que en este momento de su vida, se sorprende porque sus ademanes son cada vez más parecidos a los de sus progenitores; sigue conservando esa esencia sencilla y humilde que en general, distingue a los trabajadores del campo.

En realidad, la poesía de Martha Navarro Bentham se concentra en el ser humano, en hombres y mujeres concretos. Generalmente escribe sobre los seres humanos de su infancia, estando éstos muy marcados dentro de su vivencia en la naturaleza y pues, es allí donde nacen sus inspiraciones sencillas y directas, carentes de adornos.

La universidad afincó esa huella y le multiplicó las herramientas para cultivar y enlazar para siempre sus gustos: las letras y la docencia. Estudió administración educativa en la Universidad San Buenaventura y posteriormente, a distancia se formó en lengua castellana y comunicación en Pamplona.

Su inicio en la poesía, fue un acto de rebeldía a los análisis literarios que tenía que hacer de las obras de ciertos poetas cuando estuvo en la universidad. “Esas cosas me daban rabia. Pienso que la crítica o los análisis deben ser hechos por los expertos, yo no soy experta. A veces nos presentaban unos escritos muy bonitos a los que teníamos que hacerle una crítica, no me parecía. A mí me gusta más disfrutar la poesía, sentirla”, expresa entre risas.

Mientras lee se devuelven a su mente los recuerdos de infancia con su padre leyendo y recitando la poesía de grandes como Raúl Gómez Jattin, Porfirio Barba Jacob y Julio Flórez, autores a quienes admira junto a Rubén Darío, Charles Bukowski y Ezra Pound, otros grandes de la literatura mundial.

De sus 44 años de vida, lleva 12 ejerciendo la docencia. Es educadora porque le gusta y le apasiona enseñar literatura a los 102 jóvenes que tiene a su cargo en el colegio Loperena Garupal; es un compromiso con su ser al que no planea resistir hasta ver los frutos y darle a muchos la oportunidad de conocer y enamorarse de las letras; así como lo hizo su padre con sus jornaleros. Practicar la docencia y escribir poesía es su manera de aportar al mundo, es su manera de expresar sus muchas vivencias y el sentimiento.

“El que escribe siempre está sujeto a la crítica”, una consigna que la lleva a recordar acuciosamente los detalles de su primer recital. Fue el 23 de diciembre del 2014 en la biblioteca departamental ‘Rafael Carrillo Lúquez’, aunque la docencia le ha brindado seguridad para hablar en público no faltó el nerviosismo propio de toda “primera vez”.

Desde entonces no ha parado. Sus poemas la han llevado a diferentes escenarios literarios locales y nacionales como el Cuarto recital de mujeres poetas del Caribe previsto entre el 03 y el 04 de marzo en Montería. En este evento organizado por el maestro Antonio Mora Vélez y su grupo literario ‘Bocachico letrado’, Martha será la representación del departamento del Cesar.

Una responsabilidad que asume con el mayor respeto y compromiso porque sabe que a través de cada actuación dentro o fuera de su departamento, ayuda a que los poetas cesarenses obtengan un lugar distintivo dentro de la esfera Caribe, un posicionamiento que inició hace muchos años la poesía de Luís Mizar Maestre,  Luis Alberto Murgas y Félix Molina; escritores que toma como referencia.

En el Cuarto recital de mujeres poetas del Caribe estará acompañada de las distinguidas damas de la poesía de la costa: Alejandra García de Sucre, Susana Jiménez del Atlántico, Carmen Victoria Muñoz de Bolívar, Anabell Manjarrés de Magdalena y Miriam Castillo de Córdoba. Un espacio que aprovecha para oxigenarse y nutrirse de sus pares, ya que en el Cesar son pocos los recursos que se destinan para publicar libros o para invertir en espacios de intercambios literarios.

Sin embargo, con mucho esfuerzo y teniendo como sostén el amor hacia las letras ha podido, junto a otros escritores locales, organizar algunos recitales esporádicamente, una forma de resistir la indiferencia de los entes territoriales con la cultura y mantenerse en pie.

Su próximo paso es  “salir del anonimato” y publicar un poemario con 35 escritos en los que revela su visión del mundo y con el cual pretende extender la invitación a narrar e imaginar el mundo, una forma de decir: “Aquí están mis letras”.

CELESTINO

Agripina y Carmelo

Le endurecieron el carácter

 

Arroz simple en plato de peltre

Mitiga sus días

 

Prieto de cicatrices

Amansa el mulo

 

Sueño con las naranjas

Que bajo el guanábano comíamos

 

En noches de luna llena

Toma mi mano

Señala el lugar exacto

 

A la izquierda del corral

Al pie del palo de totumo

Donde están enterrados

Sus tesoros de infancia

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny 

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