Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Qué alegría, qué gozo sublime, qué sosiego me inunda cada mañana al despertar en este grandioso país. País en el que sobreabunda la igualdad, libertad, fraternidad, generosidad, justicia y muchos valores más, en el que los bancos no cobran manejo de tarjeta ni comisión por una transacción nacional, bancos cargados de altruismo que dan a sus usuarios las mejores prebendas del mercado y ganancias del 20 % por los ahorros realizados, bancos que jamás niegan un crédito a quien lo solicite, bancos agrariamente comprometidos con el desarrollo de nuestra amada tierra, tan productiva como valorada donde jamás preferirían a una multinacional brasileña -actualmente salpicada por actos de corrupción-  sobre un campesino honrado y trabajador que lucha por llevarnos los mejores productos a las despensas de nuestros hogares… ¡Jamás!

Qué maravilloso país, en el que nunca se reporta a los ciudadanos en data crédito u otra central de riesgo, en el que no existe IVA del 16 % y jamás habrá uno del 19 %, eso jamás; porque afortunadamente el “mandamás” que tenemos firmó en mármol que no subiría los impuestos, menos mal. País extraordinario en el que la mayoría de  sus habitantes tienen casa propia o están en proceso de adquirir una con características dignas, gozan de una salud eficiente, y pensión garantizada que llega en la época más oportuna para descansar, una edad donde hay todavía vitalidad y podemos sentirnos agradecidos por estregar nuestra juventud al trabajo que enriqueció a pocos, se va a segundo plano el desgaste vital tratando de sobrevivir y claro atrás de una tranquilidad a los tan anhelados 63 años, hasta que el POS nos los permita y el cuerpo lo soporte.

País en el que los hijos de los más pobres pueden estudiar gratuitamente en las más reconocidas universidades y ocupar cargos públicos para servir a su pueblo, generando mejor calidad de vida. País amado en el que no existen los usureros prestamistas a pago diario; el único gota a gota que nos cae de sorpresa; es la lluvia bendita de nuestro amado Dios, nada de robos por las calles, nadie codicia el bien ajeno nadie intentando robar un celular termina robando algo más precioso e irreparable como la vida.

País en el que las carreteras están en excelentes condiciones y son de cuatro carriles para ir a cualquier lugar, país genial en el que no es posible encontrase tres peajes en menos de 20 km, carreteras que permiten a los campesinos sacar y comercializar sus productos, país que ha distribuido históricamente de manera muy justa la posesión de la tierra. País en el que no existen terratenientes con más de 30.000 hectáreas y lotes baldíos, mientras otras personas solo tendrán la tierra que se lleven en sus uñas y la que les echen encima el día de su funeral. Este es mi país y ¿el tuyo también?  Esta es mi amada Aibmoloc.

Que no sé por qué muchos la confunden con aquella patria pintoresca, inverosímil y alucinante  llamada Macondo -de pronto porque es donde se ensambla la similitud de las incalculables batallas del coronel Aureliano Buendía con las que enfrentamos obligatoriamente cada día que Dios nos brinda después de abrir los ojos  y darnos cuenta que estamos en nuestra querida tierra, perseguidos por lamentables y disparatadas historias que nos acompañan cuales mariposas amarillas a Mauricio Babilonia-  

Ay, Aibmoloc, ahí está, tan querida como odiada, siempre generando mucho para contar, es importante que se enteren de lo afortunado que somos, y tranquilos, todavía no se las dejo ahí, seguiremos la autocritica en unión con el cura que en Cristo ríe, sufre y goza.

Continuará… 

 

Juan Carlos Mendoza y Andy Romero calderón

Vallenato de Guacoche
Andy Romero Calderon

Vallenato de cédula, guacochero de nacimiento. Ingeniero de sistemas de la Universidad Popular del Cesar. Me gusta la buena crítica y política, sin caer en sus vicios y hasta donde los argumentos me dejen llegar. Amante de la buena música y no de un género en específico. El silencio es, después de la palabra, el segundo poder del mundo. Twitter: @andy_romeroc

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