Lunes, 27 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

EL Grito de Edvard Munch

 

Edvard Munch o el antigrito, es el nombre de la exposición que presentó el ya desaparecido Museo de la Pinacoteca, Plaza de La Magdalena, París, en mayo de 2.010. Edvard Munch (1863-1944), el genial pintor noruego, es conocido básicamente por su obra “El Grito”, lo que ha llevado a que su extensa producción pictórica sea prácticamente ignorada por fuera de su país natal; es por ello que La Pinacoteca en esa ocasión decidió no exponer la obra que ha opacado todas las demás.

Tanto “El Grito” como “Niñas sobre un puente”, son dos pinturas que siempre me han impactado, pero tener la posibilidad de ver más de 150 pinturas de Munch, poder observar toda su trayectoria artística, descubrir su vida marcada por el sufrimiento, la enfermedad y el alcohol, me ayudó a entender más a este artista melancólico, violento, reservado, viajero, exiliado en sí mismo. Su paleta -cargada de colores rojos, verdes, azules-, su pincelada alargada y libre, sus grabados de mujeres solas, prisioneras de sí mismas por sus largas cabelleras se convierten en barrotes, o sus parejas de amantes que se besan y abrazan como si se lanzasen a un precipicio o los retratos que nos muestran una soledad infinita e inconmensurable, nos recuerdan el sufrimiento permanente del artista.

La infancia de Edvard Munch estuvo marcada por la tragedia. Su madre murió de tuberculosis a la edad de treinta años, cuando Munch aún era un niño. Su abuela había muerto de la misma enfermedad a los treinta y seis años y su hermana las siguió por la misma senda cuando sólo tenía quince, y Munch estuvo a punto de morir por una hemorragia pulmonar a los trece años. Él mismo diría años más tarde una frase lapidaria: “vivo con los muertos”. La muerte se convierte en su compañera perpetua, en su verdadera amante, en su única amada. Por otra parte, Munch leía y admiraba a Baudelaire. Es posible que su poema “La Carroña”, lo haya también influenciado en esa obsesión que lo poseyó durante toda su vida con respecto a la muerte. En cuanto al hermoso poema titulado “La Cabellera”, pudo haberlo inspirado para pintar esas mujeres con largas melenas, como si fuesen medusas; y en las cuales queda atrapada su propia existencia o la del amado, como lo había anotado anteriormente. Es el caso de la litografías “Vampiro II”, realizada en 1895, o “Celos” (1896).

Desde 1880 Munch había entrado a formar parte de una agrupación de bohemios dirigidos por el escritor Hans Jaeger (1854-1910) y por el pintor Christian Krohg (1852-1925). El círculo estaba formado por intelectuales y pintores que se revelaban contra el exceso de puritanismo de la Noruega de finales del siglo XIX, por lo que el artista se convirtió fácilmente en el hazmerreír del grupo, ya que su padre era un religioso fanático y bastante puritano.

Munch siempre se rebeló contra las injusticias sociales de la época. Es de anotar que aún no existía la seguridad social, ni la jubilación. Las jornadas de trabajo eran de 12 horas diarias, durante 6 días a la semana, y el trabajo de los niños aún no estaba reglamentado, así que trabajaban por un salario de miseria, en horarios iguales al de los adultos y las empleadas domésticas trabajaban en jornadas que podían llegar fácilmente a las 16 horas, las demás mujeres trabajaban igual que los hombres pero recibían una paga inferior; situación bastante similar a la que sufren miles de infantes y de mujeres en la Colombia actual.

Las condiciones de higiene eran deplorables y la tuberculosis estaba presente en todas las esferas sociales, pero especialmente en las más desfavorecidas. La enfermedad, la muerte, la miseria, el despertar de la sexualidad, el alcoholismo, son los temas centrales de la obra de Munch. Temas que son representados con una furia indescriptible y le da a sus obras un aire de inacabadas que será su sello personal; como si la tragedia no se acabase nunca y siguiese moviendo los hilos de la vida más allá de la muerte misma. Él mismo solía decir que “La enfermedad, la locura y la muerte fueron los ángeles que rodearon mi cuna y me siguieron durante toda mi vida”.

En 1889, cuando su progenitor muere, Munch entra en una etapa de gran inestabilidad que lo llevará a viajar incansablemente durante quince años. Visita varias veces Francia y conoce y estudia la obra de los impresionistas, como Monet o Pissarro y de los posimpresionistas, como Van Gogh o Toulouse- Lautrec. Se familiariza con la pincelada libre y su paleta se aclara, aprende a trabajar en espacios abiertos, aprovechando la luz natural. La obra de Munch es la representación de la incomunicación humana, de la soledad, del hastío; tal y como se observa en los grabados sobre madera titulados “Los solitarios (dos personas)”, realizado en 1899 y “Dos mujeres en la rivera”, (1908-1909).

Su obra pictórica refleja el dolor en toda su dimensión, como si el artista no creyera en la felicidad, ni siquiera en momentos de alegría efímera. No obstante, en algunos de sus cuadros hay una verdadera explosión de color, que anticipa la fiesta que estallará con los Fauves o la explosión del Expresionismo. Es el caso de “El sombrero rojo”, óleo realizado en 1891.

Otra de sus características más sobresalientes son los personajes desprovistos de un rostro, como si las manchas que lo representan significasen el anonimato más absoluto o la miseria humana que suele acompañarlo. Es el caso del óleo “Las Bañistas” (1904-1905).

No obstante, toda su obra está marcada por un grito infinito, desgarrador, que sale de lo más profundo de su alma atormentada, como si nunca hubiese conocido el sosiego. Su obra, aún aquella que representa la figura humana, es como un mar enfurecido, como una tormenta que sólo deja a su paso desolación y muerte. Su obra carece de esperanza, es una condena que no tiene fin y de la que es imposible escapar.

Algunas de las fechas más importantes en la vida de Edvard Munch:

En 1899 ingresa en un sanatorio para someterse a una cura contra su alcoholismo. En 1902, tras una pelea violenta con su compañera Tulla Larsen, con quien comparte su vida desde 1898, se hiere la mano derecha con un tiro de revolver.

En 1908 cae en una depresión nerviosa que lo lleva a internarse durante seis meses en la clínica del Dr. Jacobson. En esta época sufre de alucinaciones y de paranoia. Él mismo decía que su desorden mental era la fuente de su genialidad. Al igual que Virginia Woolf, se cree que la enfermedad que lo aquejaba era un trastorno bipolar.

En 1930 sufre una grave enfermedad que lo deja casi ciego. Es en este período que realiza una gran serie de autorretratos sirviéndose de la fotografía como medio pictórico.

En 1937 los nazis confiscan ochenta y dos pinturas que estaban repartidas en los museos alemanes y lo declaran “artista degenerado”.

En 1940, durante la ocupación noruega por parte de las tropas alemanas, Munch rechaza todo contacto con las tropas nazis y se retira aún más de lo que ya había estado en los últimos años.

En 1943 recibe múltiples homenajes de distintos estamentos sociales, culturales y políticos de su país natal.

Edvard Munch murió el 23 de enero de 1944 en Ekely, cerca de Christianía, la cual había cambiado su nombre por el de Oslo en 1926. Nunca dejó de pintar. Sus últimos cuadros, básicamente autorretratos, son de una fuerza avasalladora que nos revelan el genio que siempre fue. No en vano solía decir: “Mi arte es una confesión de lo que yo hago”, y yo podría agregar: una muestra de lo que soy.

Legó toda su obra a la Municipalidad de Oslo, es decir 1.000 pinturas, 18.000 grabados y cerca de 5.000 acuarelas y dibujos. En otras palabras, una obra mucho más extensa que “El Grito”, la obra que todos conocemos.

 

Berta Lucía Estrada

 

Bibliografía:

Edvard Munch ou l’anti-cris. Connaissance des arts. Paris, 2010. Edvard Munch, película de Peter Watkins (1974).

Fractales
Berta Lucía Estrada

Berta Lucía Estrada Estrada (Manizales). Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua, ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo sobre literatura infantil y juvenil ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.

Premios literarios:

Primer Premio Nacional de Poesía 2011 Meira del Mar, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, con el libro "Endechas del Último Funámbulo", basado en la vida y obra de Malcolm Lowry.
Premio Especial, fuera de concurso, Ediciones Embalaje del Museo Rayo-2010, con el ensayo poético "Náufraga Perpetua".
2o puesto en el Concurso Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos Reyes-2011.
4o lugar en el XXVII Concurso Nacional de Poesía Ediciones Embalaje-Museo Rayo 2011.

Blog El Hilo de Ariadna, en www.elespectador.com
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/
Blog personal: Voces del Silencio:
http://beluesfeminas.blogspot.com
*Correo electrónico: bertalucia@gmail.com

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