Jueves, 23 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

 

No se hace necesario estar radicado de manera permanente en algún municipio de la engreída y altanera guajira -como diría Rafael Manjarrez en su obra musical ‘Benditos versos’-, ni tampoco ser profesional en estadística, politología, jurisprudencia o economía, para darse cuenta del panorama desolador en el que se ha visto inmerso el departamento de La Guajira desde otrora, esto como consecuencia de los malos manejos administrativos que le han dado a esta entidad sus gerentes de turno, y por supuesto, tal como ocurre en muchos rincones del país, de la notable ausencia del Estado, la cual ha sido orquestada por el Gobierno Nacional, y es duro decirlo, pero también por gran parte de la ciudadanía.

Resulta inconcebible que La Guajira tenga una deficiente infraestructura en materia de educación, salud, alimentación, agua potable y saneamiento básico (Gasto público social –Art. 366 C.P),  lo que ha sido un catalizador para su atraso social, político, económico y cultural. Esta entidad descentralizada tiene todo el potencial para estar integralmente estructurada, es acreedora de grandes riquezas naturales como la sal marina, el gas natural, el carbón, el oro, además de sus amplios sectores industriales y agropecuarios, una muestra irrefutable de su capacidad económica.

La Guajira se la han ido consumiendo año tras año, ha sido víctima de la politiquería, de los mismos dos o tres grupos políticos que se disputan el poder como cual batalla campal en el antiguo imperio romano, a lo salvaje, sin pudor ni ética alguna.

Se comenta por estos días que las investigaciones y destituciones que se han presentado en los últimos meses en este departamento se deben a una persecución política, proveniente del centro, en contra de esta entidad y algunos dirigentes políticos de la región, esto con ciertos intereses de por medio. Es factible que existan este tipo de hostigamientos de índole político, debido a que estamos en un país en donde esta clase de actuaciones son algo frecuentes, por lo tanto, nada de extraño tendría que esto fuese así. Pero sucede que no podemos centrarnos en que ese es el único móvil de todos las males que afectan al territorio guajiro, el tema transita mucho más allá, no se debe tomar el concepto: “persecución política” como un todo.

Existen otras causas que han generado, y a la vez empeorado, la situación guajira, como por ejemplo el robustecimiento, con y sin conocimiento de ello, de los anaqueles de la corrupción a través de una cultura política que por años ha llevado a los ciudadanos a seguir eligiendo a los mismos personajes de siempre, esos mismos que han hundido a La Guajira en una vil y desgarradora involución.

Sin duda, esta problemática tiene un trasfondo más complejo de lo que parece. La Guajira necesita que sus habitantes actúen de manera mancomunada en pro de una mejora, con sentido de pertenencia, con toda la seriedad del caso.

La Guajira merece respeto y debe mostrarle su verdadera cara al país y al mundo entero. No queda duda que existe abundante potencial humano allí, por eso, las nuevas generaciones deben distanciarse, rotundamente, de los clanes políticos que vienen carcomiéndose el departamento, están en la obligación de hacer una política distinta, con dinamismo, abrir nuevos caminos que contribuyan con la búsqueda de ese cambio que le brinde a La Guajira un aire nuevo. Por ahora, con urgencia, hay que cortar el problema de raíz, y claro, observar más allá de la persecución política.

 

Camilo Pinto Morón

@camilopintom

 

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