Lunes, 27 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

 

A lo largo de la vida podemos ver cientos de libros en muchos lugares del mundo: originales, traducciones, novelas históricas, narraciones policíacas, teología, literatura infantil, obras científicas de autores ciertamente desconocidos, incluso grandes éxitos de ventas, algo que resulta ser apasionante en nuestra sociedad y que, al mismo tiempo, nos acerca unos a otros a través de ese extenso universo de las letras, rompiendo todas las barreras posibles para poder materializar nuestros pensamientos por medio de un libro: volverlo táctil, tangible, real.

Como lectores conocemos los libros desde que los vemos por primera vez; en el escaparate, en las bibliotecas, librerías, en la silla de la estantería de nuestra casa, cuando los abrimos como si fuera una especie de instrumento de liberación y recibimos el primer impacto inminente del olor de sus páginas, pero no sabemos nada o sabemos muy poco antes de ese momento, antes del origen de ese primer contacto.

Termina por ser muy interesante tratar de descubrir todo ese camino que va en la idea que surge en la cabeza de un escritor o de alguien que no sabe que es escritor, hasta que el manuscrito llega a una agencia y el lector profesional se sienta a leerlo con la misma placidez que produce ese acto, en su momento de scout,  sacando información para determinar si se puede ofrecer esa obra a otras editoriales fuera del país. Es un camino en el que no es tan habitual detenernos a pensar, pero tan literario al mismo tiempo, al igual que las letras que acabamos encontrándonos impresas, y eso precisamente está ligado con la figura del editor y la figura de la agencia editorial, quienes al final juzgan a través de sus criterios, la oportunidad que tiene una obra de transcender con éxito en toda esa incontable demanda editorial y de intereses temáticos desde la perspectiva del lector. 

Creo que todos los escritores tendemos a ser impacientes. Cuando uno escribe algo, quedamos como vagando en una profunda expectativa de saber si lo escrito está bueno o malo, si lo que enviamos se convertirá en páginas muertas o subsistirá por su aprobación. Es más como el despertar de esa curiosidad por conocer el impacto que puede lograr tener, ¿pero cómo soportar ese tiempo de espera?, y más aún ¿cómo darle aceptación a un manuscrito que nos ha sido rechazado, cuando detrás de eso hay una persona que le ha dedicado tiempo, paciencia y esfuerzo?, y ante todo ¿cómo asumimos un buen consejo o la aceptación de una recomendación para mejorar el libro, tan pronto como ha sido descartado?

A veces encontramos obras, como en el caso de las novelas, que en cierta forma no empiezan bien y uno determina seguirla, y luego nos sorprenden y nos convencen,  así como también hay obras que desde el arranque son espléndidas, que entran así de golpe, con la misma agilidad asombrosa del vaquero que aprieta el gatillo, y vamos tejiendo poco a poco en la lectura, sin que ésta sea interrumpida, en la medida en que dan movimiento los hechos y personajes en la atmósfera recreada por el autor. Aunque es preferible arrancar desde las primeras líneas, darle rienda suelta a ese lector profesional, a ese editor considerado el primer escalón después del escritor o el filtro por el que pasa un trabajo literario, lo que permite que existan mayores probabilidades de abrirnos camino en la aceptación de nuestras obras. 

Está visto que la vida de un libro antes de ser un libro, radica en transcender ese camino de espera y paciencia, todo ese trabajo arduo que nos lleva a invertir tiempo, dedicación, y que parte desde la idea que surge en la cabeza de un escritor, seguido del manuscrito que llega a una agencia, el lector profesional que está del otro lado del papel o de la pantalla y que se sienta a leerlo, escudriñando hasta descubrir aquello que está descolgado o comprender el significado de cada frase, de cada coma, del uso de cada palabra hasta poder discernir, y luego, cómo un scout decide sacarlo en el extranjero, obviamente dependiendo de la demanda que pueda existir con base a los intereses del lector y que otras editoriales puedan acogerlo por su buena aceptación, atributo, estilo: como resultado del buen contenido del libro y la novedad que represente, para después sumarse a ser una historia más en todo ese universo digital o de páginas impresas.  

 

Bayron Araújo Campo

Escritor y periodista

@BayronAraujoC

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