Sábado, 25 de mar de 2017
Valledupar, Colombia.

Bandera del departamento de Santander (Colombia)

 

En Santander hemos sido los primeros en Colombia, según la historia, en establecer el voto femenino, en Vélez en 1853, en fundar una “Fábrica de Hilados”, en San José de Suaita, en establecer una Fábrica de Licores por Lucas Caballero Barrera, en fundar una Empresa de Chocolatería, en fundar la Universidad Agrónoma de Colombia, en Concepción por Solón Wilches, en organizar un Laboratorio de Física y Química y en traer un aparato de radio, en Zapatota en 1913 por el Pbro Luis A Fajardo, en fundar la Escuela de Artes y Oficios, base del bachillerato industrial y de la Universidad Industrial de Santander, en sembrar café, en 1821 en Cucutilla, actualmente Norte de Santander, en organizar la industria de Forja y Fundición por Penagos, en establecer cultivos de Moreras e instalar la primera Fabrica de Hilados de Seda por José Saaibi, en establecer la Sociedad Cervecera Alemana Bavaria, base de la empresa Bavaria actual por Leo S Kopp, en exportar la quina a Europa en la segunda mitad del siglo XIX por Pablo G Glorent, en fundar la primera Empresa de Aviación, La Cosada en 1922, en establecer la primera imprenta en el Socorro, en editar la primera revista deportiva en Bucaramanga, en nacionalizar los recursos naturales y la creación de la Empresa Colombiana de Petróleo, Ecopetrol en Barrancabermeja, en establecerse el primer levantamiento insurreccional contra el imperio español, en ser un laboratorio experimental del radicalismo durante el Estado Soberano de Santander y en organizar la primera comunidad de paz en Mogotes, ganadora del Primer Premio Nacional de Paz.

La mujer santandereana fue la primera en ser autónoma económica y civilmente, ejemplo de ello son las primeras sombrereras de Girón, las primeras confiteras del Socorro, y las dueñas de estancos y chicherías como Manuela Beltrán. También de Santander fue la primera mujer oficialmente enlistada en las filas de la Fuerza Pública que fue Sildana Díaz. También fuimos los primeros en crear una red estatal de educación secundaria para jóvenes, ideada por Francisco de Paula Santander.

La historia también nos habla de la primera planta eléctrica, la primera sociedad telefónica, la fábrica que elabora el cacao, la fábrica de cigarros y cigarrillos, la empresa del acueducto. El desarrollo industrial, comercial y educativo de alguna manera contribuyó en Santander por la influencia de la inmigración extranjera a nuestro territorio; alemanes, ingleses, franceses, españoles, rusos, irlandeses, daneses, checos y libaneses, no obstante, ese mismo desarrollo se estancó tal vez por el carácter belicoso, rebelde e individualista del santandereano que en su afán de autonomía e independencia fue aislado por los poderes centrales de la administración política y económica del país. Aún hoy se propone la construcción de nuevas carreteras, como la del Alto del Escorial para salir del estancamiento, sin que se tenga una respuesta positiva por parte del gobierno central. La consolidación del poder económico y político en Santander en la segunda mitad del siglo XIX y el cultural en los comienzos del siglo XX no es un mito histórico, ni se trata tampoco de rememorar con nostalgia las glorias en sus episodios, hombres y batallas de un pasado perdido en un paisaje inhóspito de agrestes montañas.

Santander desde sus primeros habitantes; los Guanes, los Yariguies, los Carares, los Chitareros y los Laches y de sus primeros conquistadores como Antonio de Lebrija en 1529 y la primera invasión por Ambrosio Alfinger en 1532, la expedición de Quesada a la Tora en 1536, la expedición de Martin Galeano en 1539 y 1540, el inició de la Minería con la expedición de Alfinger en el Río de Oro en 1532, la conformación de los Resguardos en 1642, el movimiento económico de Vías y Comercio en 1750, la etapa precursora de 1780 a 1810; desde la rebelión de los comuneros y sus mártires, el levantamiento de las ciudades, Pamplona, Socorro y Girón, el proceso de la independencia y sus contingentes, el periodo de la Patria Boba y la batalla terrible de 1816 y sus fusilamientos, las guerrillas de Coromoro y Socorro, encabezadas por Antonia Santos e Ignacio Calvo, el periodo de la República y la creación del Estado de Santander por la Ley del 13 de Mayo de 1857, las constituciones Provinciales, las constituciones de 1859 y 1880, la industria y el Ferrocarril, el 12 de octubre de 1908, la conformación del Departamento de Santander en 1886 y la segregación de Cúcuta, Ocaña y Pamplona en 1909 por la Ley 25 de 1910, son muchas las batallas y los mártires santandereanos y la sangre con la que se ha construido esta región.

Desde José Antonio Galán, Lorenzo Alcantuz, Isidro Molina, Manuel Ortiz, líderes comuneros decapitados el 1 de febrero de 1782, Vicente Azuero, primer mártir de la independencia, Antonia Santos, fusilada el 28 de julio de 1819, Custodio García Rovira, fusilado en Bogotá el 8 de agosto de 1816, Pedro Agustín Calderón, fusilado en Málaga en 1816, los mártires de Charalá (300 personas) asesinadas el 4 de agosto de 1819, los Caciques Pipatón y Yarima, héroes indígenas etc, hasta las batallas en Vélez en la Conquista entre Guascon y Tisquizoque, en 1540 en Chipatá entre las tropas de Martin Galeano y los indígenas, en Chaganete en 1781 entre Salvador Plata y José Antonio Galán, en el Oratorio en 1860, en Lebrija (Palonegro) Uribe Uribe, Ramón González Valencia, Enrique Arboleda, en 1900 y los combates en la guerra de los Mil Días, Socorro, Girón, Piedecuesta, Peralonso, etc.

Los pueblos de Santander han sido fundados por sacerdotes o religiosos como el fundador de Zapatoca, San José de Miranda, Barichara, Flordidablanca, Jordán, Betulia, lo que ha definido el carácter (ethos) de esas regiones junto con las comunidades o compañías religiosas como los Jesuitas, los Salesianos, los Dominicos, los Capuchinos, los Franciscanos etc, que han contribuido en la formación de valores como la laboriosidad, la disciplina, el ahorro, la constancia y la perseverancia. El sacerdote Francisco Romero impulsó el cultivo del café y José de Jesús Trillos fue iniciador de la empresa de acueducto de Bucaramanga en 1916 y el padre Luis Fajardo Páez impulsó la investigación en Zapatoca en 1913, son muchos los sacerdotes que fueron benefactores o cofundadores de nuestros municipios.

Los símbolos nuestros como la bandera están representados por la barra roja que simboliza la nobleza y el heroísmo de nuestros mártires, las estrellas blancas sus seis provincias, el verde heráldico representa la lealtad, la constancia y la esperanza y los frutos que da la tierra, el amarillo y negro representan nuestras riquezas auríferas y los yacimientos de petróleo. Además del temperamento o talante de sus gentes, la topografía y la historia de Santander están representados en su escudo, Galán, que simboliza el heroísmo de su sacrificio y los ideales de libertad por los que se ha de luchar siempre y la torre del petróleo extraído de las entrañas de la tierra, base de nuestra economía, las hojas del tabaco que representa el trabajo y la laboriosidad de nuestras gentes, el “Siempre Adelante”, la consigna comunera y el Cañon del Chicamocha, la belleza y majestuosidad de nuestras montañas. El Parque, el Monumento, el Telesférico y el Mirador que se construyó en sus orillas es un homenaje a la santandereanidad, esto es, a lo que somos como región y que generará el turismo de propios y extraños.

Con todos estos símbolos y lo que representan, sin embargo nuestro sentido de pertenencia, valoración y orgullo regional es todavía muy precario en relación con el reconocimiento del patrimonio artístico, cultural y literario del quehacer de los trabajadores de la cultura en Santander. Sus escritores y poetas, por ejemplo, con significativas excepciones, son todavía autores anónimos y olvidados, lo que significa una literatura marginal dentro del contexto nacional, marginalidad que se traduce en que son pocos los autores que figuran en las antologías nacionales, no obstante la tradición cultural y literaria que algunos por falta de ilustración, miopía o subestimación niegan, pero que fue muy rica en el proceso de conformación de nuestra ciudad y región, visión con la que se puede ser compresivo de alguna manera en tanto que se carece de una investigación seria sobre nuestro desarrollo cultural y literario. No hay para los artistas y escritores el suficiente reconocimiento en la publicación o exhibición de sus obras y de espacios para su lectura, la perversión editorial obliga a los escritores a hacer algo que no es propio de su oficio, como es el de publicar de su propio bolsillo, esto es, pagar con su propio dinero la edición de sus obras, y aunque en un país como el nuestro con bajo porcentaje de lectura y alto analfabetismo cultural, no es de extrañar sin embargo que la poesía y otros géneros literarios sean solo para deleite de minorías.

La carencia de investigación y crítica contribuye a que no se ha hecho más visible una tradición cultural y literaria en Santander. Los académicos de nuestras universidades han pasado con respecto a estos temas sin pena ni gloria. Una investigación sobre el desarrollo cultural y literario de Santander está por hacerse por parte de la academia o investigadores independientes. Cabe destacar sin embargo algunas investigaciones como Las novelas santandereanas en el siglo XIX, del escritor Gonzalo España, Memoria sentimental de Bucaramanga, del escritor Gabriel Pabón Villamizar y la investigación Presencia y esencia de la mujer en la música en Santander durante el siglo XX (1900-1970) de dos profesoras, Magnolia Sánchez y Gabriela Echeverri. Las dos antologías sobre la poesía en Santander y una de cuentos que se ha realizado, carecen de rigor y de estudio preliminar de los autores, obras y corrientes literarias, y allí no están todos los que son, ni son todos los que están, y esa es otra carencia que tenemos en Santander, no se ha realizado una antología de escritores y poetas santandereanos donde estén todos incluidos, los antiguos y los nuevos. Ahora, frente a la globalización y el Tratado de Libre Comercio, las regiones en Colombia deben afianzar su cultura y promover a sus creadores para que no se corra el riesgo de perder su identidad cultural, aunque esto es algo que no importe mucho a la clase política o cultural en Santander.

El trabajo político en Santander predomina sobre el trabajo cultural en tanto la cultura política de nuestros dirigentes es totalmente ajena a la cultura, que está más interesada en el ejercicio del poder, el enriquecimiento personal o en hacer carrera política, que en las estrategias para el desarrollo cultural de la región. Las estrategias son para alzarse con el poder. En las periódicas elecciones casi nunca ningún candidato de los partidos tradicionales menciona dentro de su campaña política un proyecto cultural para la ciudad o la región. La comunidad cultural y artística carece de una representación política y todavía no tiene la suficiente cohesión y fuerza como para poner un gobernador, alcalde o concejal que trabaje por la cultura. La simulación y la impostura son las actitudes patéticas de nuestras prácticas políticas y culturales. La falta de un liderazgo cultural y político hace que nuestra vida cultural y política sea todavía marginal sin una fuerte repercusión nacional, fuimos una región políticamente audaz y radical, y culturalmente próspera, pero tal vez por nuestra belicosidad fuimos aislados y reducidos a lo que hoy somos. La economía, la política y la cultura en Santander es de tal precariedad en tanto que no se ha abierto al país nacional y ni que decir al mundo, heredamos los fracasos históricos y las batallas perdidas o tal vez perdimos el rumbo de nuestro desarrollo, porque nos hemos ido quedando rezagados del desarrollo económico, político y cultural a causa todavía de nuestra mentalidad de aldea que nos reduce a estar atrapados entre las montañas.

Distintas voces autorizadas han expresado la necesidad de desarrollar un plan de cultura para el departamento, pero todavía no encuentra eco. Desde los tiempos de Jorge Valderrama Restrepo no ha habido un gestor cultural con visión que haga posibles nuevos escenarios culturales. Los nuevos escenarios son bárbaras Plaza de Toros. El Centro Cultural del Oriente se perfila como nuevo escenario pero todo parece indicar que la administración municipal actual no lo va a terminar de reconstruir. A veces nuestras instituciones culturales parecen “elefantes blancos” de la cultura. La región requiere con urgencia de nuevos gestores y planes culturales. El ejercicio de lo cultural o su puesta en escena no ha accedido todavía a la modernidad porque sus prácticas son todavía premodernas, reflejo de la mentalidad aldeana con la que a veces se ejercen sus prácticas que son todavía muy escolares, academicistas o folclóricas.( Véase, por ejemplo, los eventos artísticos oficiales). Se requiere de una política económica fuerte que eleve el nivel de lo cultural y revalúe las prácticas culturales para crear un verdadero plan de cultura que haga trascender las regiones. La cultura del tiple y la guabina es un anacronismo que no representa ya contemporáneamente lo que culturalmente somos como región. Se hace necesario exaltar nuestras expresiones culturales más modernas para no seguir teniendo una mentalidad provinciana y ponernos a tono con los avances y las creaciones culturales y artísticas del nuevo milenio.

 

Antonio Acevedo Linares

Escritor y sociólogo 

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