Viernes, 24 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Héctor Arturo Zuleta

 

En la bóveda 209 del Cementerio Central de Valledupar, junto a los de su querida Vieja Sara y sus padres Mile Zuleta y Carmen Díaz, reposan los restos mortales de Héctor Arturo, uno de los genios más precoces del vallenato que vieron su vida truncada trágicamente. Al igual que Freddy Molina, que Octavio Daza, que Juancho Rois, que Leo Gómez, que Kaleth Morales, fue un gran músico y excelso compositor.

De su grandeza como acordeonero el mejor comentario posible está en la elegía que le compusiera Juan Segundo Lagos y grabaran sus hermanos Poncho y Emilianito en el álbum El Zuletazo de 1992. Poco o nada hay que agregar a El Difunto Trovador buscando reconocer sus dotes de acordeonero prodigioso de estilo transgresor, abridor de caminos y escuela perdurable en el tiempo. Sólo falta decir que ha sido, intencionalmente o no, silenciado, relegado a un segundo o tercer plano en los cuadros de honor de la industria cultural en la que se ha convertido la música vallenata, a pesar de su completitud y originalidad.

Sus composiciones, sin embargo, ni en el inconsciente colectivo parecen estar lo suficientemente valoradas, siendo éstas dignas de tanta admiración y respeto como sus dotes de acordeonero, verseador y parrandero. Varias de las pocas que se le conocen son, sin duda, magistrales.

La primera composición que le fue grabada, fue una elegía, Homenaje a la Vieja Sara, grabada por Los Hermanos Zuleta en el álbum El Reencuentro de 1975. Una de las pocas elegías que nos muestra la discografía vallenata y que desde esa muy temprana edad, 15 años, nos mostraba la sensibilidad del joven juglar que en ese profundo lamento buscó consolar a su Padre y al maestro Escalona por la pérdida sensible de la matrona de El Plan.

En Los Santos y yo, grabada por el Binomio de Oro en el álbum Por lo alto de 1977 nos deja ver que no fueron sólo las penas las que compartió con el viejo Mile, ni su amor por el acordeón, sino una narrativa picaresca y costumbrista como la de La Pesca, que le grabara con su amigo Adaníes en el álbum Pico y Espuela de 1981 y a la que tanto hace recordar este tema jocoso y ocurrente en el que atiende “marconis” al doctor José Gregorio, San Judas y San Isidro Labrador.

En la composición Firme como siempre, grabada por Diomedes y Colacho en el álbum Dos Grandes de 1978 se inscribe en el reducido grupo de compositores que se han dado o dieron a la tarea de reflexionar sobre sí mismos, como artistas y personas, y sobre su propio oficio de escribanos y actores de un montaje complejo y que a veces se hace superior a ellos.

Mi canto es el rocío de la mañana 
y la alegría de un pueblo bullanguero 

Y yo además de firme soy sincero 
me gusta producir donde no hay nada.

Y digo producir porque yo entiendo 
que la creatividad me pertenece 

Y la seguridad que adentro llevo 
en versos y poemas se convierte.

Vendo el alma, grabada por Diomedes y Juancho en el álbum La Locura de 1978 es una intensa reflexión sobre las emociones y las acciones de un individuo que busca con angustia, que no deja ver con claridad la música que le acompaña, el sentido de su existencia. Es una pieza sui generis que deja ver un desencanto y pesimismo más cercano al universo urbano y al spleen de muchos poetas malditos que al universo vallenato.

[…] Yo sé que ella en otro cuerpo funciona bien. 

Pero aquí en el cuerpo mío no le ha da'o la gana 
viven juntos y no se puede comprender.

Si no la compran entonces la llevo 
a algún taller donde arreglen las almas. 

Y si me dicen que no tiene arreglo 
sin más remedio me toca quemarla.

Flor de Mayo, grabada por  Jorge Oñate y el Chiche Martínez en el álbum Siempre Unidos de 1979 es su contraparte, la otra cara de la moneda. Una canción enérgica, whitmaniana en su vitalidad, positivismo luminoso y su uso de una primera persona narrativa que establece una relación simbiótica con la naturaleza que le rodea, incluso, con un poco de pretensión…

Cómo yo sólo me hice flor de mayo,

no tengo nada que pedirle a nadie.

No tengo ni raíz ni tallo,

ni ramita pa` guindáme.

A mí no hay pa` qué agarrarme,

Yo sólo soy flor de mayo.

Si bien no es la única canción de amor que se le conoce, A mano dura si es, de lejos la mejor de sus composiciones en este ámbito. Fue grabada por el Binomio de Oro en el álbum Mucha Calidad de 1983 y es, con méritos de sobra, un clásico de la música vallenata, reconocible desde los primeros beats de la caja.

Sus composiciones más recordadas, aparte de la antes nombrada,  están enmarcadas en el desamor, siendo estas grabadas por Diomedes Díaz en diferentes épocas y mostrándonos a un compositor y amante de carácter fuerte y decidido.

La que primero se grabó fue Me deja el avión, incluida en el álbum De Frente de Diomedes y el Debe de 1977 y es, a la vez, la más orgullosa de todas en la forma de vivir la afrenta de amor.

Ay, me importa un carajo que te hayas quedado con ese señor. 
Yo sé que tú piensas que yo ando borracho y llorando por ti, 
me da mucha pena tener que decirte que no ha sido así:
¡pues yo soy un hombre y hay muchas mujeres mejores que tú!

Penas de un soldado, grabada por Diomedes y Colacho en el álbum Los Profesionales de 1979 es la más conmovedora de sus historias, pudiendo llevarnos, incluso, a las lágrimas si nos adentramos lo suficiente en la tragedia shakespeareana de ese enamorado sin esperanzas que finaliza el canto sentenciando:

El que nació de un cariño por un amor se murió…

La última de sus canciones de desamor es la más exitosamente versionada de todas: Injusticia, grabada originalmente con Adaníes Díaz en el álbum Sensacionales de 1980, luego por Diomedes y El Cocha en el álbum Fiesta Vallenata Vol. 19 de 1993 y finalmente por el Churo Díaz y Silvestre Dangond con el acordeón del Coronel, Franco Argüelles, grabada en el 2014. De las tres la versión de más honda recordación en el público en general es la del Cacique, por su calidad interpretativa, sin ser malas las otras dos. Particularmente destaca el tono puesto al fragmento:

Me deje engañar: 
Porque en estos casos

uno es el último en enterarse. 
Puede ser muy cierto, 
puede saberse por todas partes, 
pero quien lo sabe

delante de uno se está callao…

Que refleja el desconcierto causado por la traición que es, finalmente, castigada, dentro del mismo canto con la frase lapidaria: Para mi hasta un canto sin melodía vale más que tú… 

La calidad de estás pocas letras, conjugada con el poco tiempo de actividad profesional tenido por Héctor, confirma la sensación de inconformidad que dejó su temprana partida y permite dar mayor validez al verso que lamenta su pérdida como una esperanza frustrada del folclor.

Paz en tu tumba Héctor Arturo…            

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

@luiskramirezl 

A tres tabacos
Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños.

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