Lunes, 22 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Crisis sanitaria afecta a la población kogui en la Sierra Nevada de Santa Marta / foto: Caracol

 

En Colombia, el clima de críticas, enfrentamientos y destapes políticos viene in crescendo, todos los periódicos, los noticieros de las cadenas nacionales, los programas de radio y todo medio donde se emita noticia y opinión giran en torno al último escándalo de corrupción protagonizado por la firma brasilera Odebrecht.

Han pasado a segundo plano temas tan sensibles para la opinión pública como la violación y posterior asesinato de la niña Samboní, el proceso de paz, el metro para Bogotá, los niños de la Guajira, la disputa de territorios entre las guerrillas del ELN y las Bacrin en El Chocó. Nadie se acuerda de estos dramas que afectan a grandes sectores del pueblo colombiano. Los niños wayuu famélicos y moribundos que sacan en volandas de las rancherías contra voluntad de sus padres, un conflicto cultural poco estudiado y mal documentado, para luego morir en hospitales y clínicas lejos de su desértica península, ha dejado de conmover a la prensa. Ya esos especiales de denuncias no dan el puntaje apetecido del rating, ya no atrae la atención de un colombiano que divaga en busca de noticias más brutales o escandalosas que sirvan de alimento para ese morbo exacerbado por la prensa.

Pensé que el caso del Chocó y la disputa de territorios entre agentes generadores de violencia y de miseria podía ser un plato fuerte en que se detendrían por lo menos una o dos semanas, pero no, a los dueños de los medios de comunicación no les interesa esa tragedia, ellos solo buscan subir su rating, subir las pautas publicitarias, engrosar sus arcas, aumentar sus riquezas y los periodistas están condicionados a esto. Siguiendo la línea de vulnerabilidad de región y población se está dando el caso de los kogui que mueren envueltos en la miseria y el abandono estatal por una enfermedad desconocida, esto fue noticia de un día, e inmediatamente voltearon la página y han dejado abandonados a su suerte a este pueblo de la Sierra Nevada de Santa Marta y el pueblo colombiano sin saber si es una nueva cepa de algún virus incubado en esa pobre gente, sin saber de dónde vino, sin saber si se extenderá hacia otras poblaciones vecinas a las estribaciones de la sierra.

Odebrecht sigue dando rating, las ventas de los noticieros y periódicos colombianos suben como la espuma, los políticos aúpan a los medios para que sigan dando largas a las noticias de corrupción, lo cual fuera bueno si los que aúpan no estuvieran untados hasta los tuétanos de ese mismo miasma fétido y corrosivo que socava la institucionalidad. Los trinos del senador Uribe en sincronía perfecta con los de doña Salud Hernández, la Gurisatti y otros reconocidos críticos de la paz han formado tribuna común para disparar en contra de la corrupción, pero eso sí, afinando la puntería en un ángulo preciso que permita que el rebote del proyectil golpee de alguna manera el proceso de paz y lo hiera, lo golpee y lo lacere.

En el capitolio se dan enconados debates contra todo el proceso de paz, pero a la hora de votar, la oposición, es decir el Centro Democrático, abandona el recinto y dice que oye lo dicho desde el salón social. Es tal la desvergüenza que se vive en el senado que acaba de concluir las sesiones extraordinarias que citó el gobierno para estudiar vía Fasttrack  o trámites abreviado las normas que regularán el estatus de los ex guerrilleros, la justicia alternativa y el post conflicto y sólo aprobaron tres leyes, sin embargo los opositores que torpedearon la aprobación de todo lo propuesto cobraron las dietas de estos tres meses. ¿Cuánto le cuesta a los colombianos los sueldos de los congresistas estos tres meses perdidos?

Sería bueno que se aclarara todo lo relacionado con Odebrecht, que se investiguen las coimas, la contratación amañada, que se aclare lo de los dineros en las campañas presidenciales, que se castigue a los corruptos, pero no, lo más seguro es que salga el iluminado pidiendo que se haga una amnistía con ellos y el argumento a esgrimir se ve venir -¿Por qué se negocia con los guerrilleros y no con los corruptos? y mil argumentos más-, y los colombianos caeremos embobados ante esta nueva discusión y nos dividiremos en favor y en contra, mientras los de siempre siguen metiéndole mano a los dineros de la nación.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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