Martes, 30 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

Edgar Martínez / Foto: Samny Sarabia

 

El testimonio de Edgar Martínez demuestra que es posible poner en sintonía a los hombres con la lucha por el reconocimiento de los derechos fundamentales por los que ha batallado el género femenino históricamente.

Su relato lo inicia dejando claro las razones por las cuales aún después de seis años sigue trabajando hombro a hombro con las damas de la Red de Voceras y Voceros de la Campaña ¡Párala Ya! Nada justifica la violencia contra las mujeres; una iniciativa de las Naciones Unidas con presencia en todo el país que propende por la eliminación de cualquier tipo de violencia contra las mujeres.

Las razones son fáciles de entender; gracias a las capacitaciones recibidas a través de la red, Edgar se sensibilizó y se dispuso a respetar y tolerar la igualdad entre hombres y mujeres. A reconocer la importancia que éstas cumplen dentro de los espacios familiares, políticos y sociales, públicos y privados.

Edgar Martínez nació a orillas del Río Cesar en Badillo, corregimiento ubicado al norte de Valledupar. Su aspecto, su forma de hablar y de ver la vida, indudablemente fueron desde siempre, rurales. De hecho, lo siguen siendo, la diferencia ahora es la fortaleza que siente para impulsar el empoderamiento de las mujeres de su comunidad.

Para corregir un error o al menos para tratar de subsanarlo, el primer paso es reconocerlo y a Edgar no le tiembla la voz para reconocer el maltrato al que sometía a su esposa años atrás. Hoy, aunque su hogar se desintegró y fue alcanzado por la desgracia, dice que no escatimará esfuerzos para que cada día más hombres se sensibilicen, transformen los paradigmas dañinos y dejen el machismo en el pasado.

“Yo era machista maltratador” dice. Si bien no agredió a la madre de sus dos hijos físicamente, sí la obligaba a estar con él. Situación que es “natural” en la provincia, las mujeres son constreñidas a cumplirles a sus esposos, lo cual es sin duda, una violación a sus derechos y decisiones.

La relación de 12 años que construyó con su esposa fracasó por celos justificados. Después de una infidelidad comprobada, él no quiso seguir la convivencia y la separación fue inminente pero los niños cargaron la peor parte. Los primeros cuatro años después de la separación, Edgar se hizo cargo de los pequeños pero con la ayuda de la justicia, su ex esposa se los quitó para presionarlo a regresar con ella; el argumento de la jueza fue definitivo: él no tenía un hogar establecido para tenerlos.

“Fui un esposo especial en el sentido que todo era para ella pero cuando hubo ese episodio de infidelidad empecé a maltratarla, ella perdió el interés por atenderme cuando llegaba, bebía y llegaba ebria a la casa. Se fue perdiendo el respeto y el amor porque uno se imagina cosas. Tuve que seguirla para cogerla con la mano en la masa”.

La relación con la madre no era la mejor, a los niños los veía esporádicamente. Mientras tanto, con 13 y 10 años de edad, sus hijos crecían y por la falta de atención y autoridad, los jóvenes tomaron caminos que Edgar jamás pensó para ellos.

Con 19 años, su hijo Edgar de Jesús Martínez Andrade fue encontrado muerto junto a David Hernández Rojas, alias ’39’, segundo al mando del frente Mártires del Valle de Upar del Bloque Norte de las Autodefensas el 26 de octubre de 2004 en operaciones militares desarrolladas por la Décima Brigada del Ejército Nacional en la vereda El Mamón, jurisdicción del corregimiento de La Mesa.

Insiste que la muerte de su hijo es un caso de falso positivo. “Mi hijo era un buen pelao que estudiaba de noche en el Loperena Garupal y los fines de semana se iba conmigo a Badillo; incluso lo tenían reseñado como N.N. y estaba de civil porque yo entré a verlo”. Cuando le es posible, continúa con las averiguaciones para limpiar el nombre de su hijo por encima del miedo que le produce recoger datos para enfrentar al Estado.

Por otro lado, su hija se hizo madre de dos niños siendo muy joven todavía. No alcanzó a estudiar y hoy con 29 años vive en Panamá; país al que le tocó irse a buscar un futuro más esperanzador para sus hijos.

Posterior a la muerte del joven, Edgar Martínez se convirtió en un desplazado más, tuvo que abandonar sus actividades agrícolas e irse a Barranquilla para proteger su vida. Regresó porque su mamá, una señora de 83 años lo necesitaba, con ella vive y con su regreso, le volvieron también los deseos de estabilizarse laboral y sentimentalmente, aunque sigue soltero después de 15 años de su separación.

Un apoyo a las mujeres de la red

La vinculación de este agricultor, técnico en empresa ganadera a la Red de Voceras y voceras de la Campaña “¡Párala Ya! Nada justifica la violencia contra las mujeres”, se dio por causalidad.

En el 2011, Edgar pertenecía a la Federación de Cerealistas La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas -FENALCE- en el Cesar y le llegó la invitación de la presentación de la campaña. Su asistencia se dio por curiosidad de informarse, luego empezaron las capacitaciones y decidió quedarse.

En Valledupar, la Red está conformada por 26 mujeres y un hombre, Edgar. En el proceso iniciaron tres, entre ellos el artista plástico y gestor cultural, maestro Germán Piedrahita Rojas. La red está próxima a cumplir siete años, su principal función definida desde la perspectiva del único hombre del grupo es “ayudar a las mujeres y prevenirlas para que no toleren la violencia en su contra. Las mujeres tienen sus derechos y no los pueden perder, esos ya están ganados y ellas los pueden reclamar”.

Los hombres ven las cosas desde otro punto de vista, como principales practicantes del machismo, no son conscientes del daño que hacen a la sociedad con el desconocimiento de la importancia del reconocimiento de la equidad de género. Es un aspecto cultural. Desde que el hombre nace se le inculcan esas costumbres de sometimiento a la mujer.

La campaña se ha dirigido a la divulgación de la Ley 1257 del 2008 entre la población femenina y masculina de la región. Esta ley reconoce plenamente sus derechos; el trabajo de Edgar se ha centrado en el sector rural entre las mujeres de su natal Badillo. Al respecto, Ana Arrieta, coordinadora de comunicaciones de la Red de Voceras y Voceros dice que  “el señor Edgar que se comprometió con nuestro tema, nos acompaña a todos lados. Es una persona que se sensibilizó y para él es importante que los hombres de otros lugares sepan de esta ley, que las mujeres tenemos derechos y que no se les debe maltratar a las mujeres, que deben vivir en armonía. Nos ha servido como referente para que los hombres vean que no se les quita nada con apoyar este tema, que no dejan de ser hombres, al contrario”.

Badillo fue un corregimiento muy golpeado por la violencia en el oscurantismo de la época paramilitar y las mujeres residentes allí no se escaparon de los vejámenes que trae consigo la guerra. Muchas fueron violadas y según Edgar, algunas siguen creyendo que se entregaron a los combatientes por amor. Callan, no son capaces de denunciar lo que hicieron con ellas. La violencia psicológica y sexual fue muy fuerte y aún persiste.

“Estoy seguro que sin la presencia de las armas, ellas no se habrían entregado a esos hombres”. Ese período de intimidación sin duda cambió las costumbres de muchos corregimientos de Valledupar. Eran lugares sanos donde cualquier podía llegar y era muy bien atendido. Ahora es difícil porque nos acostumbramos a hacer lo que decían ellos: imponer, mandar y matar”.

En esa época la población de Badillo fue maltratada por los dos grupos; guerrilla y paramilitares. A veces amanecían las casas pintadas y nadie sabía. Desaparecieron personas que se llevaron y es la hora y aún no se sabe dónde los sepultaron. Al principio, relata Edgar que las mujeres cuando veían que llegaban los grupos armados se desmallaba; después que fueron sometidas, las mismas mujeres acusaban a los hermanos, primos y a los maridos para que los castigaran. Solían amarrarlos en lugares públicos como plazas y parques.

La Defensoría del Pueblo ha estado allá pendiente de hacer una reparación colectiva. En su momento, Edgar denunció el maltrato que recibieron las mujeres y ha insistido en la necesidad de una reparación psicosocial. Sin embargo, al Estado le ha faltado hacer más presencia. Existen familias en las cuales hay conflictos graves, la violencia dejó desintegración familiar y eso repercute automáticamente en el trato que los hombres les dan a las mujeres.

Con la Red ha ido a su terruño a llevar un mensaje de tolerancia y equidad y se ha ganado enemistades entre la población masculina porque es una de las pocas personas que se atreve a denunciar el maltrato que recibe la mujer. Es evidente la falta de empoderamiento de ellas. Cuando organiza las reuniones algunas mujeres lo acompañan pero se retiran porque los esposos les prohíben volver.

“La mujer en esta zona es la más conforme porque es la que pasa más trabajo. El hombre se gasta en alcohol el dinero del salario y ellas siguen pasando hambre  junto a sus niños. Al menos en la ciudad, a las mujeres les queda más fácil denunciar. En los pueblos cualquier vecino te puede regalar un plato de comida pero no se está visibilizando realmente la problemática que existe”; dice.

Entre octubre y noviembre pasado, se convocó a los hombres de los 25 municipios del Cesar para conformar la Red de Hombres. Aproximadamente 30 mil hombres se comprometieron a no ejercer ningún tipo de violencia contra las mujeres y a implementar estrategias para prevenir el maltrato, entre esos Edgar; quien cada día reafirma su compromiso: “Estoy en la red y me siento feliz porque me he tropezado con personas que de verdad quieren cambiar la situación de las mujeres en el país. Siempre las trato con respeto y valoro mucho la lucha que han emprendido”, finaliza.

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny 

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