Martes, 12 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.
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“El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla,

a olvidar el pasado en lugar de escucharlo, y a aceptar el futuro en vez de imaginarlo.

En la escuela son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación”.  Eduardo Galeano

En esta columna haré referencia a la violencia de género y los imaginarios sociales que se despliegan al alrededor de ella, teniendo en cuenta que es pertinente provocar un despertar  frente a una aparente resignación resumida en la siguiente premisa: “Aquí toda la vida ha existido el machismo y así seguirá siendo”. Así, se considera que en lo social y cultural siempre surgirán posibilidades y argumentos para deconstruir imaginarios sociales que generan violencia, inequidad y desigualdad entre los géneros.

Por ello, es importante tomar como centro de este análisis, la influencia que los imaginarios sociales tienen en la violencia de género, hasta el punto de llevarme a plantear la pregunta que titula estas letras: ¿las víctimas son culpables y los victimarios inocentes?

De este modo, me atrevo a afirmar que los imaginarios sociales de nuestra cultura, llevan al arraigo de la violencia, pues muchos de estos, protegen al victimario: él no era violento, ella lo provocó”, y condenan a la víctima -“a ella le gusta que le peguen” o“la violaron por mostrona”-; pero ¿Qué son los imaginarios sociales y porque tienen tanto poder en las personas? 

Son creaciones que involucran aspectos sociales, históricos, culturales y psíquicos de las realidades, de las imágenes, de las formas. Corresponden a un todo donde confluyen subjetividades, culturas y colectividades.

Por lo tanto, son los imaginarios sociales los que conducen a los sujetos a definir maneras de pensar y actuar y nos llevan a traspasar la delgada frontera entre la revictimización y la indiferencia con el flagelo de la violencia de género.

Esta columna fue inspirada por sucesos que ocurren en nuestra cotidianidad, como el caso del acordeonero condenado por abuso sexual contra menor de 14 años, que moviliza miles de pasiones en su intento de presentarse a la tarima del festival de la leyenda vallenata en el concurso rey de reyes, por otro el caso de una mujer que fue víctima de maltrato físico y psicológico en sitio público y terminó siendo juzgada por las miradas machistas que afirmaban que el victimario estaba borracho y que eso lo excusaba de actuar violentamente; y los feminicidios ocurridos en varias partes del país en los últimos días, que muestran titulares como “crimen pasional” lo cual, lleva de inmediato a la mirada amarillista del común a afirmar que la victima algo tuvo que hacer, el que la mató no está loco para matarla sin motivo”.

Pareciera que nos hemos resignado a que lo malo se vea como bueno y lo bueno sea percibido como “pendejismo”. Diría Clara Romero “nos urge amar” y tiene razón, porque nos hemos dejado llevar por la insensibilidad, consideramos a las víctimas provocadoras y hasta “incapaces” porque pudieron evitar la violencia pero no lo lograron y las condenamos al doble dolor; el del acto violento y el de la indiferencia social.

La segunda pregunta por hacernos, es: ¿Está el mundo al revés, los valores son un tema fuera de moda, la moda es sálvese quien pueda, la salvación es la indiferencia? No podemos proteger a un victimario porque es el amigo, el profesional intachable, el acordeonero amigo de parranda, el chico de familia poderosa o el macho suelto al que se le permite cualquier acto, porque sus hormonas son tan poderosas que toman control de su vida; pues el mundo no puede resumirse en hormonas y en roles asignados a uno u otro género; por un lado la mujer sumisa, la perfecta madre y la esposa sometida; por el otro, el hombre como el dueño del poder, el cual, le permite hasta afirmar que no es victimario porque tiene relaciones sexuales con una niña de 12 años, sino víctima de su provocación porque ella era una “alborotada sexual”. Los imaginarios sociales no nos pueden seguir llevando a la degradación de los valores, debemos retornar a la integralidad humana, la que no cosifica a otros sino que los asume como sujetos vivos con derechos.

Por ello es muy valioso que se comience a percibir el tema de la inequidad e igualdad de género como un asunto público, es decir, un problema político, cultural y social que afecta a todos y todas.  Es hora de reaccionar y dejar de sumar con nuestros paradigmas a la impunidad y al arraigo de la violencia; basta de una moral acomodada y de señalamientos revictimizantes; las víctimas son eso, victimas y los victimarios son culpables, sin importar si es el primo o el compadre que ejerza violencia. Es el momento de un cambio de pensamiento, se hace urgente.

 

Fabrina Acosta Contreras

@FACOSTAC 

 

Evas&Adanes
Fabrina Acosta Contreras

Mujer natal de la hermosa tierra Guajira, nieta de Rita Contreras mujer de 105 años leyenda viva de Villanueva, es Psicóloga, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia, actualmente cursa la Maestría en estudios de Género y violencia intrafamiliar, y ha realizado diversos diplomados en gerencia social, trabajo con comunidades indígenas e infancia.

Creyente absoluta del Arte en todas sus manifestaciones, considera que la literatura es el camino a la libertad pacifica de los pueblos. Amante fiel de la lectura y firme aprendiz del arte de escribir. Eterna enamorada de las tertulias y del arte en general, encuentra en ello el camino adecuado para el desarrollo social.

Es creadora y directora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual, se proyecta como una empresa social de alto impacto para el desarrollo de la Guajira y lidera diversas actividades como la iniciativa cultural denominada: Foro Concierto La Mujer en el Vallenato.

Autora del libro Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres, como poseedor de la magia de sus vivencias en diferentes culturas donde descubrió historias femeninas que metafóricamente tejen ese universo de la Mujer sin Receta; Autora del libro Evas culpables, Adanes inocentes.

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