Martes, 22 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

La científica colombiana Martha Gómez / Foto: SaberPopular.org

 

Por estos días me compartieron un vídeo donde preguntaban a un grupo de niñas: “¿Puedes nombrar algunos inventores?, a lo que ellas respondieron: Benjamín Franklin, Leonardo Da Vinci, Thomas Edison, Albert Einstein, entre otros.

Sin embargo, cuando les hicieron la pregunta “¿Puedes nombrar a alguna inventora?”, respondieron: No, qué difícil, en la escuela siempre hablamos de inventores hombres”. Ninguna lo había notado, entonces nos recordaron algunas como: Tabitha Rabbit (inventora de la sierra circular), Martha Coston (inventora de lasluces de emergencia), Mary Anderson (limpia-parabrisas), María Beasy (el bote salvavidas), Patricia Bath (Cirugía láser para las cataratas), Sarah Mather (el telescopio submarino), María Pereira (adhesivo para las cirugías del corazón), Gertrude Bell Elion (drogas para laleucemia, VIH y malaria), Ada Lovelace (el primer algoritmo de computadora), Bertha Benz (las pastillas de freno). Sthephanie Kwolek (el material antibalas), Patricia Billings (el yeso resistente al calor), Yvonne Brill (la propulsión de los cohetes).   

Con esta selecta lista de inventoras, me llegó a la memoria una tarea de hace varios años de una de mis sobrinitas que en ese momento cursaba primero elemental, donde le dejaron de tarea investigar a la científica colombiana Martha Gómez, quien es veterinaria de la Universidad de La Salle en Bogotá y  PhD de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Sydney, Australia. Tiene un lugar de honor en la historia científica mundial, tras clonar al primer felino en el mundo: un gato salvaje llamado “Ditteaux”, y convertirse, con esto, en líder de clonación de gatos salvajes.

Quise entonces ponerme a la tarea de buscar a las mujeres colombianas en la ciencia; entre ese buscar e investigar, me encontré con un titular que dice: Las mujeres no valen para investigar. Un comentario bastante misógino que fue completado con el siguiente argumento:Según los datos estadísticos mostrados en este estudio, lo mejor que se puede hacer es encerrar a las mujeres en una ‘reserva’, porque no valen para nada… ¡Ni siquiera para lavar o limpiar!, pues eso ya lo hacen los robots.” [1]

La verdad que antes de hacerme desfallecer en mi intento de buscarlas, encontré historias de mujeres valientes, decididas y comprometidas, y además colombianas a las que hoy quiero hacer visibles en esta ardua labor. No son todas, solo escogí en esta oportunidad a las que tienen una labor en la investigación científica. Ellas son:

Ángela Restrepo, la ‘cazadora de microbios’. Sus logros van desde el desarrollo de una línea de investigación exclusiva sobre las enfermedades causadas por hongos, hasta la contribución para el desarrollo de políticas nacionalessobre educación e investigación.

Nubia Muñoz Calero, para quien la preocupación sobre el nexo entre el cáncer y los agentes infecciosos que producen el Virus del Papiloma Humano es una obsesión desde sus inicios en la Medicina en los años 60. Es la pionera en las investigaciones y la vacuna de este virus en el mundo.

Delfina Urbina Ospino, no se resigna a dejar su trabajo sobre los rotavirus y la diarrea infantil. Ahora con el auge de las nuevas tecnologías para el diagnóstico molecular de microorganismos.

María Mercedes Zambrano, las bacterias, y en general los microorganismos son su pasión, por eso los busca en diferentes ambientes con sofisticadas tecnologías de biología molecular. Se ha dedicado a conocer las "personalidades" de algunos de ellos.

Helena Groot de Restrepo, microbióloga y genetista de la Universidad de Los Andes. Con su equipo de trabajo en el Laboratorio de Genética Humana, busca conocer más a fondo las características intrínsecas que hacen que una población desarrolle o no ciertas patologías.

Susana Fiorentino, es la coordinadora del Grupo de Inmunobiología y Biología Celular de la Universidad Javeriana de Bogotá, que estudia patologías que alteran el sistema inmune y busca productos naturales con capacidad inmunoestimulante o antitumoral. La intención es validar el conocimiento tradicional de nuestros antepasados indígenas, que no es científicamente aceptado a pesar de que su eficacia ha sido comprobada durante siglos de aplicación.

Clara Eugenia Arteaga, ha indagado por más de 20 años las causas de las malformaciones congénitas que afectan a los niños colombianos. En el Hospital Materno Infantil de Bogotá brinda orientación genética a las familias, para que tomen la decisión más acertada sobre su futuro reproductivo.

Patricia Landázuri, dirige el grupo de investigación en la Universidad del Quindío, para conocer los orígenes de las enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Durante 18 años ha liderado estudios para profundizar en el funcionamiento bioquímico de las enzimas, como un apoyo fundamental para los diagnósticos médicos.

Silvia Blair, docente de la Universidad de Antioquia. Su grupo de investigación en malaria genera alternativas naturales de tratamiento para esta patología.

Silvia Restrepo, bióloga experta en fitopatología (enfermedades de las plantas. Tiene una maestría en Biología Molecular y Celular y un doctorado en Fitopatología, ambos obtenidos en la Universidad de París VI, en Francia. Uno de sus mayores logros científicos fue la creación de variedades de yuca, resistentes a una bacteria que estaba destruyéndolas y que, por su culpa, decenas de agricultores tuvieron que quemar sus cultivos por años. Ahora está enfocada en los patógenos que infectan la papa, tubérculo insignia de la alimentación colombiana.

Adriana Ocampo, es ingeniería aeroespacial en la California State University, de Los Ángeles, en donde luego haría un posgrado en geología planetaria. Trabaja en la NASA hace más de 30 años, se desempeña como la administradora del programa de ciencia, en la sede del Directorio de Misiones Científicas, en la que lidera a cada una de las misiones espaciales. Es conocida por su tenacidad y por la importancia que han tenido sus grandes hazañas al espacio, como la Voyager, Viking, Mars Observer y Express.  Aunque especialmente por la Misión Juno, enviada en agosto del 2011 hacia Júpiter en el cohete Atlas V551, la nave robot más rápida que ha construido el hombre. "Siento la necesidad de ayudar a jóvenes inquietas por estas materias, para que puedan penetrar al mundo de la ciencia. Es así como crearé la primera agencia espacial colombiana. Este es un sueño que aterrizaré muy pronto".

Vanessa Restrepo,  hace parte de la Mesa Redonda de Biotecnología de la Universidad de Oxford, el centro de investigación más prestigioso del mundo en esta materia. Ella diseñó “El carro del futuro”, un vehículo a escala del tamaño de un carro de juguete que no requiere mucha energía para desplazarse, pero permite demostrar que a través de ciertos principios biológicos el agua puede hacer parte de reacciones químicas para la obtención de energía.

Realizando este ejercicio encontré que L’Oréal Colombia, con el apoyo de la Comisión Nacional de Cooperación con la Unesco, Colciencias e Icetex, tiene un programa de becas para las científicas colombianas que quieran participar en su programa ‘Mujeres para la ciencia’. Entre las ganadoras de este premio están Rocío Margarita Gamez Carrillo, científica colombiana que a través de sus investigaciones ha desarrollado alternativas para la conservación del medio ambiente desde de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Corpoica y Diana Bolaños quien ganó en 2010 la beca para jóvenes científicas,  para realizar su estudio sobre regeneración de tejidos humanos a partir de gusanos planos policlonados". Posteriormente, en 2012, fue reconocida como Bióloga del Año en Colombia. [2]

Les comparto los siguientes links de las publicaciones del Programa Mujeres para la Ciencias, donde se pueden descargar gratuitamente en PDF: (1)

"Mujeres Científicas en las Américas. Sus historias inspiradoras", y (2) "Jóvenes Científicas. Un futuro brillante para las Américas".

Llegó el momento de promocionar a las mujeres y a las jóvenes en el tema científico, que se les brinde la oportunidad para aprender y animarlas a desarrollarse en ese mundo. Éste es un tema que apenas el 22 de diciembre del año 2015 la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 11 de febrero el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia en reconocimiento al papel clave que el género femenino desempeña en la comunidad científica y la tecnología, aprobando una resolución en la que justifica la proclamación de este Día Internacional y alababa las iniciativas llevadas a cabo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres.

Para esta promoción y visibilización existe la Red Colombiana de Mujeres Científicas, constituida desde el 3 de diciembre de 2015. Con esta unión buscan tener mejores condiciones laborales, mayor participación y reconocimiento de su trabajo y abrir un camino a las profesionales más jóvenes. Ángela Camacho, física egresada de la Universidad Nacional, PhD en física y docente de la facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes, es la actual presidenta de la red, que integra hoy a 39 científicas.

Después de todo este recorrido, puedo responder la pregunta ¿Adónde se fueron  las mujeres?, se fueron a perseguir sus sueños y metas para contribuir al mundo científico.

 

Beatriz Ramírez David

 

Referencias:

[1] http://www.comunicacionestian.com/2376-las-mujeres-no-valen-para-investigar

[2] Portal Universia Colombia

Mundo en femenino
Beatriz Ramírez

Administradora de Empresas, egresada de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia “UNAD”, estudiante de la Maestría en Género, Sociedad y Políticas en Prigepp-flacso. Cuento con habilidades y competencias que me han permitido desarrollarme en las áreas de gestión humana, en los sectores públicos y privados. Con capacidad de liderazgo y trabajo en equipo; con amplia experiencia como facilitadora en temas de Género, empoderamiento de las mujeres, igualdad de derechos e Inclusión Social, manejo de personal y trabajo social con comunidad en alto riesgo de vulnerabilidad.

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