Miércoles, 28 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

Desfile en Valledupar (año 2014) / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

Diomedes Díaz, sin duda alguna, significó un quiebre en el vallenato rural, para muchos resulta incomprensible que un hombre que naciera a la vera de un camino, donde después levantara su finca (Carrizal), modernizara un ritmo que enamoró a un país. El Cacique siempre creyó que se debía a su fanaticada y alardeaba de ello, ambos tuvieron un amor a primera vista.

Diomedes Dionisio Díaz Maestre murió en paz consigo mismo un día de diciembre del año 2013. El duelo fue nacional, pero el Cacique ni siquiera al lado de Dios olvidó a sus seguidores, muchos lo santifican y prueba de eso son sus milagros. Las casas de apuestas temen al día de su nacimiento (26 de mayo), o a los números que encierra la fecha de su muerte, porque el Cacique deja ver en las balotas, la bondad que siempre mansa brotó de su alma.

A la muerte del Cacique quedamos expectantes, deseábamos saber quién ocuparía el espacio que acéfalo dejaba el poeta cantor. El hijo de mamá Vila, sabía cuál era su lugar entre los grandes “/yo no sé si sea el primero/pero el segundo no soy/. Ya Poncho, Oñate, Zabaleta y Villazón habían entrado en un reposo activo”.

No es un secreto que Martín y Silvestre Dangond venían en un cabeza a cabeza, como los caballos que en el hipódromo pelean por un primer lugar, pero el hijo de Urumita, de voz de miel y espinas de corozo, que talla en moldes de oro emocionantes acordes, que escapa a chorros por su estruendosa garganta, en algún momento hundió a fondo el acelerador de su carrera, y dejó un poco atrás al gran Martín Elías, pero el mimado del Cacique “tiene casta y tiene cría”.

Es cierto, alguno tiene que llevar la corona que dejara el más grande. Silvestre lloró su muerte como si de su padre se tratara. Sabemos de interpretaciones que han salido de su alma para reventar el pecho de los que amamos esta música, con una canción de Omar Geles, pudo haber empezado todo: “Quiero aprender a cantar/y si me acaricias le gano a Diomedes/”. Es claro que la ilusión de comandar la tribu ya existía, pero mientras estuvo en pie el Cacique de la Junta guardó la distancia y mucho respeto. Grabó un equilibrado CD con Rolando Ochoa (Cantinero) e insistía en convencernos que, a la desaparición física del Cacique, él honraría ese alto lugar. Muchos diomedistas lo vimos con buenos ojos.

El disco anterior a éste, que tan tímidamente suena en las estaciones radiales, trajo piezas valiosas. Una de ellas “Niégame tres veces”, es un vallenato con méritos propios. Pero llegó Gente Valiente y la decepción fue general, los silvestristas pura sangre aún se toman la cabeza con las manos. Es un CD donde, sin recato alguno, imita a Vives; lo que quizás no sabe Dangond es que el sonido que creara el samario, es producto de una búsqueda. Carlos probó con la balada y noticias tenía del rock que cultivó Fito Páez; ese Carlos de andar enmariguanado, seguro en su momento también enloqueció con las vibrantes canciones de Soda Stéreo. Bebió como un discípulo de su gurú, de las aguas que nutrieran la grandeza de Charly García. Carlos creó Guaira, proyecto musical que indagó sobre el folclor de la Colombia profunda. Vives no es un experimento de laboratorio o capricho de las infames disqueras del capitalismo que socavan las bases del folclor.

Ahora bien, muchos refutarán estos argumentos, dirán que Silvestre tiene el derecho a experimentar, a explorar, a proponer; de acuerdo, pero no deben desconocer la preocupación de la Unesco (organismo de la ONU que salvaguarda los patrimonios del mundo), quien lanzó una alerta sobre las amenazas que se cernían sobre el folclor del Cacique Upar, influencias como las del reguetón -esa vaina desabrida, que sigue haciendo el curso para ser considerada un día música-.

La nueva ola siempre es enfurecida, esos muchachos parecen tocar asustados, corren como queriendo acabar pronto lo que interpretan. Alguna vez le preguntaron a Poncho sobre lo que pensaba de la nueva ola y Tomas Alfonso, y dijo algo así como. —yo no sé si cantan, pero esos muchachos bonitos si son—. Los silvestristas reconocen el fiasco, y no es que no se puedan fusionar ritmos y sonidos, es que eso debe ser el resultado de unos procesos melódicos y rítmicos y literarios. Es tal el descalabro que un cantor que no es reconocido como un compositor talentoso, se atrevió a grabar ocho canciones de su autoría.

La ONU elevó en el año 2015 el vallenato a Obra Maestra de la Humanidad, con la declaratoria, el Ministerio de cultura en conjunto con las autoridades del Cesar y los amantes del vallenato establecieron unos planes de acción que permita la revitalización de una matriz que entreteje melodías originales, letras forjadas a partir de una cotidianidad que compartimos. El silvestrismo no sale de su asombro, herido espera la profunda reflexión de su líder. Porque Gente Valiente no parece tener canciones para dedicar, ni para repetir incansablemente, ni para sentarse religiosamente con los amigos en una plaza, en las esquinas o en las cantinas a celebrar la vida. Para los más radicales es un desastre total, les preocupa, tal vez con sobrada razón el futuro del folclor, suspiran y piensa en ese Cóndor que levantó el vuelo hacia las praderas celestiales.

 

Uriel Cassiani

@CassianiUriel 

Garras de leopardo
Uriel Cassiani

Poeta y escritor, gestor cultural, activista social y humano de las comunidades afros. Representante Legal de la Corporación Socio Cultural de Afrodescendientes Ataole, que agencia proyectos pedagógicos, culturales, artísticos y productivos en el Caribe Colombiano. Cofundador del Taller literario Mundo Alterno (2001), Integrante de los talleres de poesía Luis Carlos López (2001) y Siembra (2002).

En 2010 publicó Ceremonias para criaturas de Agua Dulce. En 2011 publicó el poemario Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombras. Editorial Pluma de Mompox. Entre sus trabajos inéditos están los libros: Dosis personal (Poesía) Música para bandidos (Novela) Las fugas probadas de la memoria (Cuentos). Un Brebaje para Orika (Novela).

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