Domingo, 25 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Las consecuencias de los continuos desmanes por parte de las oligarquías origina la sed de poder de los que siempre han estado oprimido. Pero el paso del tiempo pretende demostrar que este mundo no es real y justo sin el aporte del capitalismo; entonces debemos entender las razones de una verdadera justicia social, la cual es posible en cabeza de demócratas leales al sueño de un pueblo que exige justicia social.

Mientras tanto la rancia oligarquía seguirá intentando imponer sus normas con la complicidad de muchos oprimidos, que aún no han comprendido que las estrategias de guerra en las calles; pelear a favor o en contra de los que tienen y pretenden el poder dejará nefastos resultados; más abundantes del lado del pueblo que del lado de los que siempre han pretendido el poder para continuar con el bastón de mando.

Quizás un grave error en la historia política de Colombia, a más de que ocurrió en la Colombia naciente del siglo XIX y a finales del siglo XX, fue haber cambiado casi que íntegramente la Constitución Política de 1886; en el concepto de un ciudadano común y corriente, posiblemente fue un error descuadernarla toda y no realizarle solo los cambios necesarios y actualizarla respecto a las necesidades reales de un país pujante con sueños; pero malogrado por el maquiavélico pensamiento de “políticos” egoístas y generadores de conflictos. Ella en la actualidad ha permitido ser permeada y reformada al interés del gobernante de turno.

El cúmulo de colombianos de bien observan con dolor y razonamiento lógico el afán de los oligarcas por su carrera en busca de un nuevo posicionamiento en el poder y continuar alimentando su ego y poder. A ultranza, persisten vendiéndole al pueblo el ideal de lo que ocurriría si llega a quedar bajo un gobierno comunista; mismo que sería producto de las consecuencias por sus desmedidas y desastrosas administraciones del poder.

Para tratar de evitar el próximo descalabro institucional de una Colombia que aún se puede salvar de caer en las garras de la nueva élite de poder, bajo el mando de personajes con ideales que atentan contra la libertad política, social y cultural, es necesario un nuevo argumento, en el que prime la razón natural de la verdadera política. Es entonces cuando surge el urgente afán de cambiar la retórica por una que llegue a la gente, sin los vicios propios del político de antaño que repite como loro el discurso continúo de la vieja clase política colombiana.

Con el tiempo aparecen los “redentores” algunos con ideales de justicia y otros con el objetivo de perpetuarse en el poder, le da prioridad al pueblo, estudio gratuito, salud integral, mejoras de vivienda; es decir, una vida justa y acorde con las riquezas de una Nación, riqueza que en otros tiempos se repartía la oligarquía. El pueblo se enceguece y ve dioses de carne y hueso, diariamente dan vítores al cambio. Algunos de estos “líderes” después pretenden atornillarse en el poder; y es cuando comienza a cobrar lo que parecía justicia social, dejándonos un sabor agridulce al comprobar que su accionar no era gratis.

Hasta el momento uno de esos líderes en América Latina que referenció un cambio justo fue Lula da Silva en Brasil y  Nelson Mandela en Sur África; se entregó a su pueblo, sufrió por su pueblo y ahora ese legado quedó en manos de los ciudadanos sudafricanos. ¡Allá ellos si lo quebrantan y lo convierten en una porquería! En estos países la dialéctica o retórica de cambio funcionó; mientras tanto en Colombia se ve lejos un espíritu de cambio que nos permita sacudirnos de los mismos de siempre y en eso ha tenido que ver las políticas sociales implementadas por la oligarquía mediante la cual le hace creer a la gran mayoría, es decir, el pueblo, pueblo que lo que por derechos le permitió, son dádivas de un gobierno para continuar viviendo mejor y si no continúan con las directrices de su redentor, entonces perderán lo que lograron alcanzar.

Si la sociedad sufrida de Colombia, no sienta cabeza y continúa creyendo en los ideales de la clase política tradicional, entonces es mejor que continúe dejando espacio para la retórica de la confusión, o aprovechar la coyuntura de una dialéctica atrofiada en la que prime la verdad y la comprensión, que los agentes del cambio somos esa sociedad que sueña con una Colombia de todos, sin los preceptos de sometimiento y atraso social.

 

Luis Alcides Aguilar Pérez

@luisaguilarpe

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Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones, Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones.

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