Domingo, 22 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Hasta ahora nunca me había planteado cuándo y cómo la literatura había comenzado a ser estudio de ese importante centro académico que surgiría en Francia hacia el siglo XII y donde se acuñaría la palabra universitas.

La literatura y su quehacer, de una u otra forma siempre han estado ligadas a la docencia; es por ello que diría que es con la excelsa figura de Pedro Abelardo (1079-1142) que la literatura gana un papel muy importante en la Academia Universitaria. Pedro Abelardo,  maestro en todo el sentido de la palabra, y quien tenía que dar sus clases en lugares abiertos para que todos los alumnos tuviesen cabida, tal era la fama de buen profesor, disertaba sobre temas filosóficos (principalmente religiosos). Incursionó en la literatura con su trabajo Historia de las desdichas de Abelardo, más conocida como Abelardo y Eloísa, esa extraordinaria historia de amor que vivió clandestinamente con una joven sobrina de un alto clérigo. Una vez embarazada se casarían también clandestinamente, pero posteriormente deberían separarse y vivir una vida monástica. El hijo de Eloísa sería apartado de su madre en el momento mismo de nacer y sólo lo vería de nuevo muchos años después, convertido en un monje de la orden que había fundado el mismo Abelardo.

Traigo a colación esta historia porque la literatura no puede nunca desligarse de la realidad, ya que son los trágicos momentos los que marcan a menudo el quehacer literario. A pesar de estar encerrados cada uno en su respectiva orden monástica, Abelardo y Eloísa siempre intercambiarían una extensa correspondencia. Las cartas de Abelardo son mesuradas, invitan a la amada a una vida de reflexión, espiritualidad y ascetismo. Las cartas de Eloísa, en cambio, son apasionadas, en ellas ya se respira el espíritu de la lírica cortés, que sería tan importante en María de Francia.

La Literatura en el siglo XII y en la Academia

El siglo XII es una etapa de esplendor y renovación literaria. Contemporáneo a Abelardo está Bernardo de Claraval (1091-1153), quien recoge toda la tradición patrística y sienta las bases del misticismo occidental, principalmente en su exposición del Cantar de los Cantares. Uno de sus discípulos, Guillermo de Saint-Tierry escribió un tratado sobre la Naturaleza del Amor, emulación cristiana del Arte de Amar de Ovidio; por aparte no hay que olvidar que Bernardo de Claraval fue el gran instigador de la novena cruzada y enemigo acérrimo de Pedro Abelardo. Pero la literatura, como materia propiamente dicha, aún no se dictaba, ya que era la filosofía la que había ganado en status e importancia. No obstante no podía desconocerse la gran trascendencia que siempre había tenido. Yo diría que la literatura comienza verdaderamente a ser objeto de estudio en el momento en que se traducen a los clásicos en los monasterios anteriormente mencionados.

Posteriormente estaría María de Francia. Para muchos historiadores ella sería la hija de esa gran mujer llamada Eleonor de Aquitania y de Luis VII, donde la literatura tendría un papel de una trascendencia absoluta, y si bien la corte no es una universidad, sí fue decisiva para el cultivo de las letras. Sin María de Francia es muy posible que el genio de Chrétien de Troyes no hubiese tenido eco, ni las leyendas del rey Arturo hubiesen pasado a la posteridad. La misma María, poseedora de una sólida cultura latina, leía y traducía a Ovidio. Es María de Francia quien escribe los lais, inspirados en la tradición celta que ya anticipaba la literatura cortés, a la que aludía anteriormente. Otro de sus protegidos era su capellán Andrés, su obra es fundamentalmente mundana y cortés (canciones trovadorescas, artúricas y de corte erótico como las de Ovidio). Al igual que María de Francia no le gustaba mucho la idea del matrimonio, la misma María se burla de los maridos celosos. Podríamos decir que en esta etapa la corte cumple con un papel universitario, en cuanto al apoyo y cultivo de las letras se refiere. En España sería Alfonso X El Sabio, quien apoyaría e impulsaría el estudio y la creación literaria. El mismo escribiría las Cántigas de amor y de Amigo e hizo una recopilación de poesía mariana.

Siglos más tarde, en la Baja Edad Media, la cultura ya no sería predominio de las cortes, una nueva clase habría de surgir: la burguesía. A esta nueva clase pertenece un joven florentino llamado Dante Alighieri (1265-1321). En el siglo XIV se afianzan tres elementos dinamizadores de la economía: la banca, la industria y el comercio, los cuales no sólo dan origen a esta nueva clase, sino que le permite a la burguesía tener acceso a conocimientos que anteriormente sólo le estaban permitidos al clero y a la aristocracia. Se podría decir que la Baja Edad Media es en realidad el Prerrenacimiento. Es entonces cuando surge el insigne poeta Francesco Petrarca (1304-1374). A quien su padre, que era notario, le puso en las manos los libros de Cicerón, pensando que así Petrarca se inclinaría por el Derecho. Pero la literatura le ganó la partida, y con ella la humanidad, al contar con este poeta a uno de sus mejores exponentes. En 1313 nacía Boccaccio, su padre lo había destinado a la banca, pero nuevamente la literatura habría de ganar la partida. Ninguno de estos jóvenes asiste a la universidad, posiblemente porque aún la cátedra de literatura no existe.

Habría que esperar a que el bachiller Fernando de Rojas, como él mismo se denomina, aparezca en escena para que la universidad entre a jugar un papel definitivo sino en la enseñanza, al menos en el ejercicio de la literatura. Es en la Universidad de Salamanca, ciudad donde seguramente transcurre la acción de La Celestina, donde Fernando de Rojas encuentra amigos que hablan con deleite de Plauto y Terencio. En las aulas de la Universidad de Salamanca  se comentan sus obras con ingenio, inteligencia y sabiduría. La cátedra de literatura había nacido, ya que no hay que olvidar que el teatro es un género literario. Otros escritores como Juan del Encina y Lucas Fernández, también estaban vinculados a la misma universidad.

Orígenes científicos de la literatura

Como se ha visto, la literatura ha sido desde sus orígenes un medio de pensamiento, de reflexión, una forma de responder a innumerables preguntas en torno al ser humano, a su entorno… y es, además, el origen del pensamiento religioso de todas las culturas y pueblos. Yo diría que la literatura, aún sin proponérselo, siempre ha indagado sobre lo que no conoce y sobre lo que conoce. Es decir, siempre ha sido una herramienta científica en cuanto al proceso cognitivo se refiere. Ya se ha aludido al papel que jugaron los monjes en el Medioevo, puesto que sin la labor acuciosa que emprendieron en la traducción de los clásicos y en la preservación de sus obras en las bibliotecas monacales, es muy posible que todo ese saber antiguo hubiese desaparecido por completo de la memoria de la humanidad. Pero como debe buscarse una época donde este proceso haya comenzado a ser de cierta forma deliberado, yo diría que no es sino hasta Miguel de Cervantes Saavedra, que la literatura comienza a dar vueltas sobre sí misma y que se convierte en objeto de su propio estudio.

Con Miguel de Cervantes Saavedra y con la parodia que quiso realizar de las novelas de caballería, la literatura surge como un nuevo mecanismo de estudio, de reflexión y de recreación literaria. El mismo Rabelais, con Gargantúa y Pantagruel, insigne relato escrito 50 años antes que El Quijote, hace una parodia de las novelas de caballería y de toda la tradición celta en torno a la leyenda del Rey Arturo, de Merlín y de Morgana.

Pero es en el siglo XIX con la aparición de la novela realista que la literatura comienza a indagar sobre la sociedad, se cuestiona el rol de la cerrada sociedad decimonónica, sobre el papel de la mujer en el matrimonio (Madame Bovary y la infidelidad). Con el Romanticismo la literatura comienza a indagar sobre su papel histórico, y es consciente de los cambios que lidera. Al respecto Arnold Hauser escribe:

“Sin la conciencia histórica del Romanticismo, sin la constante problematización del presente, que domina el mundo mental del Renacimiento, hubiera sido inconcebible todo el historicismo del siglo XIX, y con él una de las revoluciones más profundas en la historia del espíritu. La imagen del mundo hasta el Romanticismo era fundamentalmente estática, parmenídea y ahistórica, a pesar de Heráclito y de los Sofistas, del nominalismo de la Escolástica y del Naturalismo del Renacimiento, de la dinámica de la economía capitalista y del progreso de las ciencias históricas en el siglo XVIII. Sólo a partir de la Revolución y del Romanticismo, comenzó la naturaleza del hombre y de la sociedad a ser sentida como esencialmente evolucionista y dinámica. La idea de que nosotros y nuestra cultura estamos en un eterno fluir y en una lucha interminable, la idea de que nuestra vida espiritual es un proceso y tiene un carácter vital transitorio, es un descubrimiento del Romanticismo y representa su contribución más importante a la filosofía del presente” (Hauser, A. Op. Cit. Pág. 344-345).

El reconocimiento que el ser humano contemporáneo tiene actualmente, en cuanto a una especie de destino histórico, y que somos lo que somos por un determinado curso vital trazado por el pasado, es una conquista del Romanticismo.

Otro de los grandes aciertos del Romanticismo es el haber develado la existencia del “otro yo”. Es aquí donde tiene lugar el desgarramiento del alma romántica: el ser humano comienza a realizar una introspección, una autoobservación metódica, se considera a sí mismo como un extraño, un forastero dentro de su propio cuerpo. Descubre que dentro de su cuerpo habitan dos almas, que muy dentro de él hay demonios, pero también jueces; en otras palabras se adelanta casi un siglo a la llegada del psicoanálisis. Esa búsqueda de lo irracional será ampliamente desarrollada por los poetas malditos y en cuanto a movimientos pictóricos se refiere esa búsqueda se hará con el expresionismo alemán.

Otro de los grandes aciertos del Romanticismo fue la renovación del lenguaje. En los siglos anteriores, especialmente en Francia, se había llegado a un rebuscamiento y amaneramiento total y absoluto en la utilización del lenguaje. La expresión se destacaba por ser excesivamente alambicada y poco o nada natural. Los románticos se abandonan a la fuerza y poder del lenguaje,  se dejan dominar por él, lo cual es considerado como un alto signo de genio artístico. Es en esta fuente creadora del lenguaje donde se podrían encontrar los antecedentes de la escritura automática del surrealismo.

Para terminar esta reflexión epistemológica sobre la literatura, diría que el Romanticismo contribuyó a la creación de un hombre y una mujer nuevos, que poco o nada tenían que ver con sus antecesores. Por otra parte no hay que olvidar que el Romanticismo es el primer movimiento eminentemente burgués. Es el triunfo absoluto de la burguesía sobre la aristocracia. Incluso para Goethe el ideal de vida es el burgués.

Orígenes del quehacer literario en América y en Colombia

Génesis de la literatura prehispánica

“Haz que se yerga lo que me hace mujer,

consigue luego que mucho de veras se encienda.

Ven a unirte:

es mi alegría.

Dame al pequeñín,

El pilón de piedra

Que hace nacer la tierra”.

[Poesía Náhuatl]

El ejercicio de la literatura siempre ha sido una constante de todos los pueblos, y América no podía ser una excepción. América, a la llegada de los españoles, poseía una literatura oral bastante elaborada, en ella se encuentran desde los mitos cosmogónicos propiamente dichos, pasando por las leyendas y cuentos. También existía una gran producción poética e incluso se conocía el teatro. Dentro de los relatos cosmogónicos se destaca el Popul Vuh, relato mítico quiché, poseedor de una exuberante belleza, y que ha sido incluso denominado como La Biblia Americana, aunque esta denominación me parece que le resta importancia a tan excelsa producción literaria; como si  los pueblos prehispánicos no tuviesen la suficiente capacidad creadora para lograr componer toda una obra cosmogónica.

En la literatura prehispánica pueden nombrarse las siguientes obras: El libro de los Libros del Chilám Balam, el Memorial de Sololá, Anales de los Cakchiqueles, la Poesía Quechua, Araucana y Náhuatl, La Visión de los Vencidos. Ese extraordinario relato sobre la visión que tuvo el pueblo azteca sobre Cortés. En cuanto a Colombia se refiere está La leyenda de Yurupary, de gran valor estético, fue transmitido oralmente hasta su recopilación en el siglo XIX.

La Literatura en la época de la Conquista

Con la llegada de los españoles una nueva literatura habría de irrumpir en el continente americano: Los Cronistas de Indias. Estos narradores lo hacían por diversos motivos: 1. Oficio pagado por la Corona (eran cronistas oficiales), 2. los cronistas que deseaban plasmar por escrito el asombro,  el deseo de narrar lo inenarrable, 3. los indígenas  y/o mestizos que narraron el testimonio de su cruel e inhumana derrota (La Visión de los Vencidos).

El primer cronista que escribiría sobre el Mundus Novus sería Cristóbal Colón. Posteriormente estarían Hernán Cortés, López de Gómara y Fernán Díaz del Castillo. En una segunda etapa estaría Gonzalo Fernández de Oviedo y Fray Bartolomé de las Casas. En 1542 se publicaría la obra Naufragios de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca. Pedro Cieza de León publica su Crónica del Perú.

Pero de todos estos cronistas hay uno que se destaca por ser el primero en aprender la lengua náhualt: Fray Bernardino de Sahagún. Después de haber aprendido a hablar náhualt, les enseñó a escribir a los indígenas, en su propia lengua pero con el abecedario latino. Es así como logró que los ancianos escribieran parte de su extensa tradición oral. Este es el primer trabajo etnológico, lingüístico y de antropología cultural que se conoce en América. Posteriormente está el Padre José de Acosta, quien escribiría Historia Natural y Moral de las Indias.

Dentro de los cronistas indios podemos nombrar a: Hernando de Alvarado de Tezózomoc, con su obra Crónica Mexicayotl, editada en 1660. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, con su obra Historia Chichimeca.

Visión de los vencidos

Inicialmente escrita en lengua náhuatl por Angel María Garibay y compendiado y editado por Miguel León Portilla en 1967. En él se reúnen cantares indígenas y códices aztecas, recoge también los testimonios de los informantes de Sahagún, entre otros. A continuación transcribiré un poema que refleja el desgarramiento de los hombres ante un mundo que desaparecía irremediablemente ante sus ojos:

Los últimos días del sitio de Tenochitlán 

En los caminos yacen dardos rotos,

Los cabellos están esparcidos.

Destechadas están las casas,

Enrojecidos tienen sus muros.

 

Gusanos pululan por calles y plazas,

y en las paredes están salpicados los sesos.

Rojas están las aguas, están como teñidas,

y cuando la bebimos,

es como si bebiéramos agua de salitre.

 

Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe,

y era nuestra herencia una red de agujeros.

Con los escudos fue su resguardo,

Pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad.

Posteriormente encontramos al Inca Garcilazo de la Vega (Perú), con su obra monumental Comentarios  Reales; y a Alonso de Ercilla (Chile) con su obra La Araucana, enorme epopeya de los vencidos.

El barroco en América Latina

La influencia del barroco habría de sentirse con una fuerza inusitada en la arquitectura y en la literatura latinoamericana. Dentro de sus máximas figuras hay que mencionar, antes que a ninguna otra, a Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1648-1695). Poseedora de una lírica excelsa, habría de optar por la vida religiosa, para poder dedicarse por entero a la literatura y no tener que aceptar un matrimonio arreglado como le sucedía a las mujeres de su época. En el caso colombiano se destacan dos eminentes autores: Juan Rodríguez Freile (1566-1640), con su obra El Carnero; y por supuesto la madre Francisca Josefa del Castillo y Guevara (1671-1742).

El siglo XVIII

En Colombia el siglo XVIII está presente en el mundo de las letras con Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara (1721-1781), con su Historia de la Literatura Colombiana. Primer esfuerzo por sistematizar la incipiente literatura de nuestro país, y donde el autor aprovecha para publicar varios de sus poemas.

El siglo XIX

José Joaquín Fernández de Lizardi (México, 1776-1827). Periodista y escritor de profesión. Su obra más importante es, sin duda, El Periquillo Sarniento. Una novela que recuerda solemnemente a la novela picaresca española.

Andrés Bello (Venezuela, 1781-1865) Insigne figura latinoamericana. En él se conjugan diversas características que lo convierten en uno de los más importantes humanistas del habla castellana: excelente jurista, sabio educador, periodista incansable, esteta, diplomático, lingüista, poeta y traductor de Víctor Hugo.

Presencia del Romanticismo en América Latina:

Ya se ha aludido a la importancia que tuvo el Romanticismo en el quehacer literario y en la reflexión que hace de la literatura con respecto al ser humano y a su posición en el mundo. El Romanticismo no habría de ser ajeno a la intelectualidad del siglo XIX, haría presencia en Argentina y en Colombia. En argentina está José Mármol, con su obra  Amalia y en Colombia encontramos a Jorge Isaacs, con su novela insigne La María.

En Cuba encontramos a Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873); y otro gran argentino: Esteban Echeverría; en Uruguay, Juan Zorrilla de San Martín. Colombia también tendría otros grandes exponentes: José Eusebio Caro (1817-1853) y Rafael Pombo.

Modelo universitario y practica pedagógica aplicada a su profesión

Uno de los principales escollos con los que suelen tropezarse los estudiantes a la entrada a la universidad, es su escasa comprensión de lectura y su manifiesta dificultad para expresar sus ideas de forma verbal y escrita. Y esto no es sino el reflejo del poco interés que el sistema educativo colombiano le ha dado a la literatura, especialmente en los últimos 30 años. La persona que lee con cierta regularidad no tiene problemas de comprensión lectora, y es capaz de elaborar un discurso coherente. El buen lector se refleja en la forma como arma su texto, independientemente de la calidad estética y/o científica de la obra o ensayo elaborado, hay algo que sobresale: la manera como está escrito.

Por otra parte, la lectura proporciona un cúmulo de conocimientos generales que raramente se suplen con otras disciplinas. A través de la literatura podemos acercarnos a la filosofía, a la historia,  a la historia del arte, a la antropología, a la sociología, a la geografía; incluso a la ciencia.  Y es que, si yo deseo acercarme a la historia de la medicina, por ejemplo, puedo acudir a Sinuhé el Egipcio, de Mika Waltari. Si deseo conocer la época de los tiranozuelos de América Latina, puedo leer Yo, el Supremo, de Augusto Roa Bastos o El Otoño del Patriarca, de Gabriel García Márquez; si deseo acercarme a la compleja personalidad de Simón Bolívar puedo leer El General en su Laberinto, también de García Márquez. Si me interesa conocer la invasión japonesa a China en los primeros años del siglo XX puedo leer la extraordinaria novela Una Hoja en la Tormenta, de Lin Yutang. Si deseo conocer algo sobre música puedo leer Concierto Barroco y Los Pasos Perdidos, de Alejo Carpentier o a la obra de Haruki Murakami. Si como científica deseo incursionar en las explicaciones que se le han dado a través de la historia a los fenómenos naturales, me puedo remitir a los mitos y leyendas de los diversos pueblos que han poblado la tierra a través de todos los tiempos (labor desarrollada magistralmente por la geóloga Dorothy Vitaliano, en su obra Leyendas de la Tierra).

De lo anterior se desprende que la literatura se erige en una herramienta imprescindible del conocimiento humano. Si el sistema educativo colombiano no hubiese menospreciado, por no decir temido, el estudio a todo nivel de las humanidades, y entre ellas la literatura, otra sería nuestra  historia. Si en el ejercicio del poder hubiese menos técnicos y más intelectuales, otro sería nuestra realidad social y económica; no sólo en Colombia sino en el mundo entero. El olvido de las Ciencias Humanas nos ha conducido a límites insospechados de barbarie y miseria humana. Pienso en el pueblo kosovar, en el bloqueo económico que han sufrido Irak y Cuba; en las hambrunas de Etiopía en los 90 y en el nordeste brasileño en los 80. Pienso en Shabra y Chatilla, en la persecución a la mujer en el gobierno talibán. En los desplazados de Colombia, en los niños y niñas que deben mantener sus hogares en el Tercer Mundo. Pienso en la falta de educación, en la carencia de bibliotecas, en la falta de oportunidades de empleo, en la migración sur-norte (contraria a la migración norte-sur que se vivía hace apenas un siglo, la lista es larga…

La misión de la universidad es la formación de seres humanos, seres humanos capaces de construir un puente que soporte los avatares del tiempo, como los obras de ingeniería romana; pero que también sean conscientes que antes que una ciudad llena de pavimento está la gente que vive en ella.

Modelo filosófico sobre la evolución del pensamiento pedagógico en la literatura

La literatura ha estado siempre íntimamente ligada al quehacer pedagógico desde los albores de la humanidad. En la primera parte de este trabajo desarrollé los orígenes históricos de la literatura, y la asocié con las primeras, pero decisivas, producciones hechas por los pueblos de la prehistoria; y luego por las civilizaciones griegas y romanas. Me refiero al mito. El mito no sólo es una explicación plausible del mundo, sino que sirve como cohesión entre los individuos de un mismo grupo, pero también como cohesión con otros grupos, intercambio necesario para la supervivencia de unos y otros, en un mundo hostil, donde la supervivencia requiere de múltiples estrategias para no sucumbir ante el hambre o la inclemencia del tiempo, por ejemplo.

El mito, por otra parte, se rige por normativas que varían según el clan, pero en todos los mitos y en todas las épocas has servido como modelo ejemplar para la comunidad. Y esa base ejemplar es la que sitúa a la literatura como un quehacer pedagógico desde sus inicios. No es sino imaginar a un grupo de niños sentados alrededor del fuego, en una noche fría, mientras escuchan al chamán o a un anciano relatar por milésima vez el mito cosmogónico, para entender que la cátedra de literatura es tan antigua como lo es la huella del ser humano en la tierra.

La tragedia griega, por ejemplo, sirve para desarrollar diversas teorías sobre el comportamiento humano: los celos, la ambición, el poder, el destino al cual el hombre griego no creía tener escapatoria. Con la comedia, el quehacer pedagógico toma rumbos diferentes, el autor osa reírse de los mandatarios o de los hombres más notables de su época, los pone en evidencia. Visto con ojos del siglo XXI es lo más cercano al periodismo de denuncia que pudieron haber conocido los hombres de la antigüedad; y ésta es otra forma de hacer y practicar la pedagogía.

Pero no será sino hasta el Medioevo donde la literatura se erija verdaderamente en práctica pedagógica. Pero ¿cómo es su surgimiento? para responder a esta pregunta habría que remontarse primero a los poetas aristocráticos, especializados en cantar los poemas heroicos; es decir los poetas cortesanos, que cumplían con un papel oficial en la corte, y que no sólo tenían como una de sus labores divertir a la corte, sino que debían preservar la tradición oral. Pero los  públicos cambian y con ellos la forma de hacer poesía. Surgen entonces los juglares, mezcla de mimo antiguo y poeta cortesano, pero también saltimbanqui, músico y danzante. Un nuevo poeta para un nuevo público, esta vez el pueblo raso, ya no son los umbrales o salas del castillo, es la plaza de una aldea o el atrio de una iglesia. Ya se ha aludido anteriormente al papel que jugaron los monasterios en la difusión de la literatura, así como las cortes, con Alfonso X El Sabio y María de Francia. Y aunque la universidad habría de darle inicialmente una gran importancia a la cátedra de filosofía, como quiera que sea la literatura estaba presente, inmersa dentro del estudio de la filosofía.

Pero no será sino hasta el siglo XVII, con el Enciclopedismo francés, que la literatura tendrá un lugar prominente en el quehacer pedagógico. Alguno de sus grandes pensadores y literatos, fueron a la vez preceptores o bibliotecarios. Entre ellos habría que nombrar a La Bruyère, preceptor de la Casa de los Condé y especialmente Boileau, quien ha sido reconocido como el prototipo del hombre de letras, su obra más importante es Arte Poética.  En el siglo XVIII encontramos a otro gran escritor: Voltaire (1694-1778), y por supuesto a Rousseau (1712-1778). Es a partir de este momento que la literatura toma un rumbo que había sido siempre ignorado. Rousseau concibe la literatura como un vehículo de educación y libertad. Su novela La Nueva Eloísa, anticipa la sensibilidad que caracterizaría años más tarde al Romanticismo. Pero es con su obra Emilio o de la Educación, que plantea todo un método de enseñanza. Y es aquí donde surge la dualidad del espíritu de Rousseau; mientras en teoría el filósofo y literato trataba de defender al niño de la sociedad, aludiendo que “el hombre nace libre pero la sociedad lo corrompe”, en la realidad abandona a sus siete hijos en un hospicio, con todo lo que semejante lugar podía significar en pleno siglo XVIII.

Pero, ¿Qué fue la Ilustración? Antes que todo fue un movimiento revolucionario, en el sentido que fustigó ampliamente al poder desmesurado de la Iglesia, denunció los privilegios que ostentaba el alto clero y puso en evidencia el supuesto derecho divino de la realeza. Pero también puso en evidencia el ocio de la aristocracia. La Ilustración hizo posible que el pensamiento político evolucionara hasta hacer posible la Revolución Francesa, y todo lo que este momento histórico significaría para la historia de Occidente, incluyendo a América latina; para ese momento Estados Unidos ya había logrado la independencia de Inglaterra. Para los Enciclopedistas la educación sólo es un aparato ideológico que sirve para perpetuar y defender los intereses y la ideología de la nueva clase dominante. La Ilustración Francesa habría de influir en América Latina, y es con la eminente figura de Andrés Bello que habría de hacer presencia. En el caso que nos ocupa Bello surge como un educador poseedor de una gran sabiduría e inicia la reflexión sobre la pedagogía en América Latina.

En el siglo XIX, vale la pena nombrar a Rafael Pombo, como el escritor que pensó en un público diferente: los infantes. Con sus poesías hemos incursionado en la literatura, y personajes como La Pobre Viejecita y Simón el Bobito, perduran en la memoria de los colombianos por el resto de sus días. El rol de Pombo en la enseñanza de la literatura es fundamental, y esta disertación no quedaría completa sino lo trajese a colación. Incluso José martí habría de referirse a él en uno de sus artículos: “de sus melodiosos versos se desprende aquella armonía y canción de amor inefable que por fortuna jamás faltan por entero”.

Y por supuesto es José Martí (1853-1895), otra insigne figura de la educación en América Latina, quien escribe sobre la educación en el extranjero:

“El peligro de educar a los niños fuera de su patria es casi tan grande como la necesidad, en los pueblos incompletos e infelices, de educarlos donde adquieran elementos necesarios para ensanchar su país naciente, o donde no se les envenenen el carácter con la rutina de la enseñanza y la moral turbia en que caen… es grande el peligro de educar a los niños afuera, porque sólo es de padres la continua ternura con que ha de irse regando la flor juvenil, y aquella constante mezcla de autoridad y el cariño, que no son eficaces, por la misma justicia y arrogancia de nuestra naturaleza, sino cuando ambas vienen de la misma persona. Es grande el peligro, porque no se ha de criar naranjas para plantarlas en Noruega, ni manzanos para que den frutos en el Ecuador, sino que el árbol deportado se le ha de conservar el jugo nativo, para que a la vuelta a su rincón pueda echar raíces”. (Páginas Escogidas. José Martí. Editorial Oveja Negra. 1985. Pág. 97).

Martí reconoce la importancia de la educación, pero al mismo tiempo considera que es necesario formarse fuera, con todos los inconvenientes que ello pueda acarrear, pero también como la posibilidad de salir del ostracismo y contribuir al enriquecimiento intelectual, y por ende económico y social de América Latina.

Y por supuesto, nos adentramos en el siglo XX. Y es cuando el programa de Letras surge en el panorama universitario. Se reconoce en la literatura, no sólo su posibilidad de recreación intelectual, sino una herramienta válida para el conocimiento humano.

 

Berta Lucía Estrada

 

Bibliografia:

ELIADE, Mircea. Aspects du Mythe. Editions Gallimard. 1983. Idem , El Mito del Eterno Retorno. Alianza/Emecé. 5º Edición. 1984.

HAUSER, Arnold. Historia social de la Literatura y el Arte. Editorial Guadarrama/ Punto Omega. Tomos I-II-III. Barcelona. 14º Edición. 1978.

MARTI, José. Páginas Escogidas. Colección Historia de la Literatura Latinoamericana. No 12. Editorial Oveja Negra. 1985.

PEÑA GUTIERREZ, Isaías. Manual de la Literatura Latinoamericana. Educar Editores. Bogotá. 1987.

RIQUER, MARTIN de, José María Valverde. Historia de la Literatura Universal. Tomos I-II-III. Editorial Planeta S.A. Barcelona. 2º Edición. 1968.

VITALIANO, Dorothy. Leyendas de la Tierra. Biblioteca Científica Salvat. Barcelona. 1986.

Citas bibliográficas:

1-. ESTRADA ESTRADA, Berta Lucía. De ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Ble ediciones, Manizales 2008.

Blog Voces del Silencio: beluesfeminas.blogspot.com

Blog El Espectador: El Hilo de Ariadna (sección cultura)

Acerca de esta publicación: El ensayo “Breve historia de la literatura occidental y latinoamericana” de la escritora Berta Lucía Estrada ha sido publicado en dos partes debido a su extensión. Puede leer la primera parte en este enlace.

Fractales
Berta Lucía Estrada

Berta Lucía Estrada Estrada (Manizales). Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua, ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo sobre literatura infantil y juvenil ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.

Premios literarios:

Primer Premio Nacional de Poesía 2011 Meira del Mar, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, con el libro "Endechas del Último Funámbulo", basado en la vida y obra de Malcolm Lowry.
Premio Especial, fuera de concurso, Ediciones Embalaje del Museo Rayo-2010, con el ensayo poético "Náufraga Perpetua".
2o puesto en el Concurso Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos Reyes-2011.
4o lugar en el XXVII Concurso Nacional de Poesía Ediciones Embalaje-Museo Rayo 2011.

Blog El Hilo de Ariadna, en www.elespectador.com
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/
Blog personal: Voces del Silencio:
http://beluesfeminas.blogspot.com
*Correo electrónico: bertalucia@gmail.com

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