Martes, 22 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

–Juana,  llegamos a Mariangola– le dice Ena, su cuñada. La guía del viaje.

Son las 10 de la mañana. Primer lunes de febrero. Se bajan del carro, que sigue la ruta Valledupar-Fundación.

Las casas del poblado están distantes entre sí. A pie, las dos mujeres inician el recorrido con el sol derretido en las sabanas. Cuando se aproximan a la  casa donde se van  a hospedar, Ena llama en voz alta a Jacinta, la dueña. Nadie responde. Un perro pastor de ovejas vigila la puerta, y finge dormir ante la llegada de las visitantes.

Ena invita a Juana a sentarse. Pronto ven llegar a Jacinta del río con una ponchera de ropa en la cabeza. Se detiene en la puerta:

–Ya sabía yo que hoy iba a tener visita; el fogón hizo huésped esta mañana. Bienvenidas.

Ena, responde:

–Jacinta, traigo a Juana Mindiola de Atuesta, la maestra; para este pueblo, que tanto la necesita.

A las 3 de la tarde, Ena emprende su regreso a Valledupar. La maestra acomoda sus cosas en una pieza. Con oraciones calma el insomnio de la primera noche que pasa lejos de su casa.

Al día siguiente recibe la visita del comisario, Vidal Ortiz, quien se ofrece  para avisarles a los padres de familia de su presencia y la apertura de las matriculas.

***

El fin de semana, su esposo, Eleuterio Atuesta, que trabaja en la policía de Valledupar, llega a Mariangola. Le agrada el entusiasmo de la maestra por iniciar el trabajo; pero le fastidia el enjambre de mosquitos.

En la mañana, antes de emprender el viaje de regreso, y disimulando apenas el escozor, le habla con voz suave a su esposa:

–Juana, renuncia. En este plaguero de jején no se puede vivir. Renuncia, yo aquí no  me quedo.

 

La maestra se llena de fortaleza para no lapidar con su llanto el alma del esposo y le responde:

–Ten paciencia.

***

Los padres de familia al principio no mostraron interés por la matrícula. Los cuatro profesores  nombrados el año anterior no resistieron sino dos semanas, por el asedio del mosquito jején. Las clases se inician con pocos alumnos, pero a finales de febrero se completó el número de matriculados.

***

En el mes de abril, la maestra y su esposo ya viven en casa arrendada. El cariño de los alumnos y el respeto de los padres son racimos de lluvia para ella, que empieza a sentir el pueblo como una parte de su vida.

Indagando sobre las costumbres religiosas, conoce a Francisco Quiroz Castañeda, quien heredó de su madre, Feliciana Castañeda, la tradición de hacer la velación al Santo Cristo, el 14 de septiembre.

***

Por esos tiempos en que llegó la maestra, ya no se escuchaban los acordeoneros tocando  merengues en la velación; en cambio, sí estaba de moda el salón de baile de Juana Ochoa Campo, con un potente tocadiscos de bocina metálica.

En una noche de fiesta, un apuesto joven a caballo, escoltado por un grupo de vaqueros, llega al salón y observa la pequeña imagen del Santo. El joven es el hacendado Pepe Castro. Baila con la niña más hermosa de la población, Teresa Vásquez. Esa noche prometió regalar un Cristo.

Antes que el joven hacendado cumpliera la promesa, la maestra se aprovecha de la influencia de su madre, Sara Corzo, para visitar  en Valledupar al sacerdote José Agustín Mackenzie “Guarecú”, y pedirle en regalo la imagen en bulto del Cristo, y que ojalá fuera hasta Mariangola a celebrar la santa misa.

En efecto, el 14 de septiembre de 1955 es celebrada la Eucaristía en el aula de la escuela. Al año siguiente se saca la primera procesión. Y ¡vaya sorpresa!, sólo asisten la maestra y sus estudiantes,  quienes por incurable timidez delegan en uno solo la responsabilidad de cargar con el santo durante toda la procesión. Luis Martínez, más conocido en el pueblo como Lucho Leandra, fue el penitente carguero. Para el año siguiente,  sería mayor el fervor religioso.

***

En 1961 el hacendado Pepe Castro ya disfruta del amor de Teresa; cumplió la promesa de regalar el Cristo y lleva banda de música al pueblo.

Monseñor Vicente Roig y Villalba celebra la Eucaristía y, con un grupo de sacerdotes, acompañan al  pueblo en la procesión. La maestra está feliz, su sueño de magnificar la fiesta del Cristo era una realidad.

Con la fiesta organizada y el poblado ascendido a corregimiento, la maestra y los devotos del Cristo ven la necesidad de una iglesia. Comienzan a trabajar en ese propósito.

Monseñor Vicente Roig y Villalba pone la primera piedra. La comunidad católica, líderes cívicos y el apoyo de la diócesis, gestionan con entidades oficiales y particulares los recursos para su construcción. Y desde 1970 Mariangola luce con orgullo su templo.

***

Otro sueño de la maestra fue tener un hijo sacerdote. Alberto, el mayor, estuvo en el seminario; pero en el último grado del bachillerato comprobó que su vocación era la medicina.

A comienzos de  1980 llegó al poblado un seminarista (hoy Obispo en el Espinal), Pablo Salas Anteliz,  tan semejante físicamente a Alberto, que pronto se dio una empatía filial con la maestra.

Este apóstol de Dios, ordenado sacerdote el 2 de diciembre de1984, regresa a Mariangola y asume con bríos la misión de catequizar feligreses; fortalece la comunidad pastoral, que hace presencia en todos los eventos que convoca la diócesis de Valledupar. Por méritos, Mariangola es erigida en parroquia desde marzo de 2003.

***

Feliz con haber cumplido su misión en este mundo, y ya en otoñal edad, la maestra se va para Valledupar a vivir con uno de sus siete hijos, José Antonio y su esposa Belky Salas.

El 4 de mayo de 2008, día de la Santa Cruz, se quedó para siempre en silencio eterno. Hoy sus restos, junto con los de  su esposo, reposan en el cementerio de Mariangola. La escuela donde ofició su magisterio lleva su nombre: “Juana de Atuesta”.

JOSÉ ATUESTA MINDIOLA

Finalista del Primer Premio de Ciudad Valledupar: “La maestra de Mariangola” resultó finalista del Primer Premio de Crónica Ciudad de Valledupar 2012 en la categoría B. El jurado le otorgó una distinción por cuanto describe un episodio clave de la memoria de esta población, a saber, la constitución de su escuela, de la mano del personaje –la maestra– que sirve como eje relator del texto.

El tinajero
José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

[Leer columna]

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