Miércoles, 20 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Melba ya cumplió los trece. Es una niña que transita por caminos exploratorios para afianzar su identidad, sus preferencias, ideologías y libertades. Es esbelta, con piel de ébano, facciones exóticas y ojos grandes, a la que los años han ido moldeando con sumo cuidado, como una figura hecha a mano.

En los tiempos recientes ha estado explorando sonidos; hizo una larga estación en la champeta, el reggaetón y todo lo que sonara a géneros urbanos, y hasta alcanzó a asomarse a las puertas del fanatismo para ensalzar a algunos cantantes como Daddy Yankee y Rihana. Pero más pronto que tarde siguió su camino y ahora su búsqueda se centra en el vallenato. Además, descubrió que ella misma podía cantar, pasó por un coro escolar y sigue practicando y soñando con potenciar su voz; tal vez ese hallazgo la liberó de las dependencias de la idolatría hacia alguien semejante.

Melba va al colegio, a cursar octavo grado, en compañía de su primo Santiago, niño con una vitalidad aguda, de la misma edad que ella y con quien convive como hermana desde hace tres años en Valledupar, Cesar, a donde llegó cuando logró escapar de las circunstancias de violencia social y carencia económica en su natal Chocó.

Santiago entra esporádicamente a las búsquedas musicales, pero no se demora allí; lo suyo es la tecnología, las creaciones cibernéticas; inventa juegos, diseña cosas en su computador y en eso se le va gran parte de su temprana vida.

Tienen en común muchas cosas, además del techo, la edad, el grado de escolaridad; la curiosidad por el presente, pero sobretodo por el pasado. Son niños sedientos por conocer su ancestralidad.

En ese contexto, llegaron a Cartagena un día y se maravillaron con los elementos del centro histórico, con la ciudad en general y los gritos históricos que su inmobiliario hace escuchar a los visitantes.

Se asombraban con todo, especialmente con una estatua que se encontraron en el Parque Apolo. La escultura elaborada en hierro muestra a un hombre con facciones como las de los negros africanos que han visto en las películas. Al ver de quién se trataba, mudaron automáticamente el itinerario de sus curiosidades y se interesaron por saber quién era ese hombre.

“Este es el que menciona Carlos Vives en La Fantástica”, le dijeron casi al unísono a la tía que los acompañaba, mientras Santiago buscó rápidamente la canción en un MP4 que acondicionaron como un elemento más del carro de viaje. “Manuel Zapata me dijo: Domingo Benkos Biohó se libertó en Cartagena y en la Matuna Fundó Palenque para escapar de su suerte, para llamar a su gente, para cantar por sus penas, me lo contó…”.

“Es que no entiendo bien la historia, tía, ¿quién era ese señor Benkos?”. Y con especial atención escucharon el relato de la tía: Benkos fue un hombre fuerte, guerrero, rebelde como lo fueron los miembros de su comunidad, en una región de nombre Biohós, en el occidente de África. En su pueblo, los líderes eran los ancianos que tenían toda la experiencia de la vida y del mundo, y en la comunidad vivían en armonía y compartían las cosas, y la tía les hizo relaciones con la forma de convivencia de los primeros cristianos que describe el libro de Hechos en la Biblia, que los niños han leído bien. Las cualidades de guerreros y su experiencia en el uso de armas de todo tipo los hacía atractivos para ser esclavizados.

Así los niños conocieron sobre la captura de Benkos con su esposa Wiwa y sus dos hijos Sando y Orika, a los que montaron en uno de esos barcos que aprisionaban negros para venderlos como esclavos. “A ellos los vendieron aquí en Cartagena. A los negros los ponían a hacer los trabajos pesados porque eran fuertes”, les explicó su tutora y les citó un canto de Joe Arroyo que narra aquella historia: “En los años 1600, cuando el tirano mandó, las calles de Cartagena, aquella historia vivió. Cuando aquí llegaron esos negreros, africanos en cadenas besaban mi tierra. Esclavitud perpetua”.

Benkos era altivo y decidido - continuó el relato-. Eso lo llevó a liderar una huida para escapar de manos de los españoles que los tenían sometidos. Los persiguieron, pero no lograron detenerlos. Llegaron a un lugar alejado, a unos 60 kilómetros al sur de Cartagena, construyeron palenques, que eran viviendas similares a las de su África natal, donde las denominaban Empalizadas, y se establecieron allí. Así nació Palenque de San Basilio, primer pueblo libre de América, gobernado por este señor, el rey Benkos Biohó, al que también conocía como Domingo Biohó.

Hoy, San Basilio de Palenque es un pueblo emblemático de la africanidad y la libertad, con 435 familias, para unos tres mil quinientos habitantes; con fuertes procesos para mantener viva su ancestralidad; la práctica de algunas tradiciones como el Lumbalú, que se refiere a un ritual fúnebre; el fortalecimiento de su lengua palenquera; la promoción del lugar como destino turístico con guías formados en la cultura palenquera para contarles a los visitantes quienes son.

En 2004, el Ministerio de Cultura declaró el espacio cultural de Palenque de San Basilio como Bien de Interés de Carácter Nacional. Y al año siguiente, la Unesco lo declaró Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Con toda esa historia revelada, los niños volvieron a escuchar ‘La Fantástica’ y lograron entender mejor la historia sintetizada en la canción del artista samario, pero eligieron ‘Rebelión’ de Joe Arroyo como canción de regreso a Valledupar, hacían interesantes y reveladoras conexiones, como que ‘Chica’ la mujer que pasa por su casa en Valledupar, con una palangana en la cabeza gritando “alegría, caballito, cocada, enyucado”, es de origen palenquero, miembro de una comunidad que vive en Valledupar, asentada principalmente en el barrio Villa Corelca.

Conocer esa historia hizo que los niños se interesaran por investigar más acerca de sus raíces negras, de sus características físicas distintas. Ahora es usual encontrarlos conversando con sus amiguitos de cuadra o compañeritos de colegio contándoles sobre Domingo Benkos Biohó, mientras les tararean La Fantástica o Rebelión.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

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