Lunes, 25 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

 

A esta hora en cualquier calle, bar, rincón, casa y montarral de Latinoamérica, están violando a una niña, adolescente y mujer, en los próximos cinco minutos serán docenas más de abusadas, al medio día serán cientos y al llegar la noche, miles. De ellas la mayoría serán golpeadas, muchas asesinadas en crímenes de odio, algunas desaparecerán y jamás se sabrá de ellas, posiblemente mueran en los infiernos de la trata de personas; y de otras aparecerán sus cuerpos desmembrados en cualquier calle, en una bolsa de basura o un costal. De esas niñas, adolescentes y mujeres violentadas, cientos quedarán embarazadas.

Serán obligadas a parir, a parir hijos producto del dolor más grande de sus vidas, producto del ultraje, de la violencia, de la burla a su dignidad. Una sociedad carente de sensibilidad las obligará a parir, un estado patriarcal y machista las obligará a parir, el silencio de los justos las obligará a parir. Serán madres.

A esta hora en cualquier calle, bar, rincón, casa y montarral de Latinoamérica, hay niñas, adolescentes y mujeres pariendo hijos producto de una violación. Diremos que ellas se lo buscaron, por cuscas, por sometidas, por putas o que pobrecitas pero que la vida no es justa y que eso les tocó vivir y ni modo. Tal vez digamos que son unos malditos los que las violaron, eso por decir algo nomás, como un cumplido. Y también diremos que ese angelito que lleva en el vientre no tiene la culpa, que es bendición de Dios.

Las señalaremos si en sus ideas remotas se les ocurre abortar, entonces sí conocerán nuestra furia: de hipócritas, cachurecos y descarados. Entonces sí nos iremos con todo sobre ellas, sin piedad y las vamos a flagelar, las vamos a estigmatizar y a revictimizar, para que no sean inhumanas, para que aprendan a respetar la vida, para que no sean animalas. Nosotros como representantes de la santidad del Todo Poderoso seremos jueces y si es necesario mandarlas a la cárcel, lo haremos, ¡por asesinas! Pero del violador no diremos nada, nos vamos a compadecer porque pobre tipo, fue provocado y ni quién se contenga cuando una puta se le ofrece. Cuando una niña le pide que la viole. Si es familiar o conocido, cerraremos el pico, no diremos ni pío y ni qué decir de enviarlo a la cárcel, ¡por violador!

A esta hora, en cualquier calle, bar, rincón, casa y montarral de Latinoamérica hay cientos de madres llorando, como lloran todos los días la ausencia de sus hijos asesinados y desparecidos. Pobres locas que no se resignan, deben entregar su alma al Señor   para que les dé paz. Pero bien merecido tenían sus hijos morir, por delincuentes y huele pega, por andar en malos pasos, porque ellas no les supieron poner rienda. Ahí está, tuvieron su merecido. Ahora que no lloren, que se aguanten por alcahuetas. Por no ser duras con sus hijas se volvieron putas y mareras, ¡qué se aguanten!

A esta hora, en cualquier calle, rincón, bar, casa y montarral de Latinoamérica hay cientos de niñas, adolescentes y mujeres siendo violadas, serán obligadas a ser madres. ¿Cómo se enfrenta una niña a la responsabilidad de ser madre? ¿Cómo pretendemos matarlas en vida obligándolas a parir? Ya de por sí, una violación seca, marca, mata.

Y cuando nacen esos niños, los estigmatizamos por su origen, por su condición social. Pero qué puede ofrecer en el desarrollo integral una madre violada, que vive en la miseria, que no logró desarrollarse, que la mataron en vida. Que la obligaron a parir siendo niña o adolescente. Que siendo mujer la mutilaron.

Somos una cadena, todos formamos parte del círculo de la violencia de género. Aquí el que calla otorga.

A esta hora, en cualquier calle, casa, bar, rincón y montarral de Latinoamérica, hay miles de niñas, adolescentes y mujeres siendo violadas. A esta hora, en cualquier calle, casa, bar, rincón y montarral de Latinoamérica, hay miles de mujeres pariendo hijos producto de una violación. ¿Y si seríamos nosotros? ¿Si seríamos nosotros estaríamos en contra del aborto?

 

Ilka Oliva Corado

@ilkaolivacorado 

 

Crónicas de una inquilina
Ilka Oliva Corado

Escritora y poetisa. Ilka Oliva Corado nació en Comapa, Jutiapa, Guatemala, el 8 de agosto de 1979. Hizo estudios de psicología en la Universidad de San Carlos de Guatemala, carrera interrumpida por su decisión de emigrar a Estados Unidos en 2003, travesía que realizó como indocumentada cruzando el desierto de Sonora en el estado de Arizona. Es autora de dos libros: Historia de una indocumentada travesía en el desierto Sonora-Arizona, y Post Frontera.

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