Viernes, 17 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Protestas en Curumaní por la muerte y violación del niño de 4 años Johan Rodríguez / Foto: Caracol

 

El inicio de esta columna será una actividad que espero muchos la realicen, en la plataforma o en la red social que se haya replicado, dejen en los comentarios la respuesta de la siguiente pregunta: ¿Cómo se llama el niño de 4 años que fue violado y asesinado en el municipio de Curumaní el 07 de mayo de este año?

No sé vale usar Google. Sé que la gran mayoría no conoce la respuesta, muchos no se tomaron el tiempo de averiguar sobre el caso y es muy posible que algunos apenas se estén enterando del suceso con esta columna. Lo que sí estoy seguro es que la gran mayoría todavía recuerda el nombre de Yuliana Samboní, niña que también fue violada y asesinada y de la cual no tengo que profundizar en el suceso porque sé que muchos lo tienen trillado.

La comparación que hago de los dos casos es para analizar hasta qué grado somos manipulados por los medios, hasta qué punto nos devora el resentimiento o si el título de país más feliz es nuestra autoprotección.

Se podría afirmar con toda certeza que somos manipulables por los medios nacionales e internacionales. Lo que ellos hacen mediático nosotros lo apoyamos para hacerlo a un más mediático y lo que ellos callan, solo pocos lo replican y con dudosa iniciativa hasta el punto que hay una parte de nosotros que aunque sepa que es mentira, quiere pensar que es verdad.

El caso del niño en Curumani fue muy bien cubierto por el telenoticiero RPT Noticias, que además hizo un llamado a distintos medios nacionales y a instituciones responsables como el ICBF a que se pronunciaran sobre el hecho, sin embargo, todo este esfuerzo no trascendió como se quería y se quedó en un escueto comunicado y una noticia sin importancia en los medios nacionales.

Esto sustenta que estamos siendo plenamente manipulados ya que pocos se encargaron de replicar esta noticia, no crearon hashtag, no colocaron fotos de perfil como apoyo a la familia, y no hubo la oleada de personalidades pidiendo justicia como en el caso de  #YoSoyYuliana.  La pregunta es: ¿por qué?

Será que el resentimiento nos está carcomiendo el alma y el corazón, podría formularse como pregunta deduciendo  que el gran factor mediático que logro diferenciar estos dos casos es el estrato social de la víctima y el victimario.  La lluvia de comentarios descaminados sobre el caso de Yuliana donde afloró más el resentimiento social económico que la empatía con los familiares de las víctimas de este atroz suceso. El caso del niño en Curumaní desnuda los sentimientos de muchos que no se mostraron tan afectados en este caso.

Un gran escudo o excusa es la afirmación de muchos de que somos uno de los países más felices del mundo, país donde echamos tierra a la noticia de un atroz crimen con la noticia de un gol de James Rodríguez o con la victoria de una etapa en el giro de Italia por nuestro escarabajo Nairo Quintana o por algo que es aun más vergonzoso la noticia del nuevo look de Lionel Messi, noticia que fue registrada por los medios de información nacional como de mayor importancia que la violación y asesinato de un menor de 4 años. Estamos haciendo todo mal, en estos casos se debe generalizar para lograr un mayor grado de reflexión, necesitamos fortalecer el amor propio, querer más nuestra tierra, nuestros niños, querernos más a nosotros mismos.

Remate: definitivamente Macondo es la capital mundial de vallenato, donde le hacen un increíble seguimiento e investigación a una pareja de enamorados que cometieron la falta de hacer actos sexuales “indebidos” dentro de un automóvil en plena luz del día. Pero a los ladrones de corbata que se roban la plata de la educación, salud, deporte, etc...,  no le hacen ninguna clase de seguimiento, ni investigación y, mucho menos, les interesa que se los hagan. Eso sí es realismo mágico.

 

Andy Romero Calderón

Vallenato de Guacoche
Andy Romero Calderon

Vallenato de cédula, guacochero de nacimiento. Ingeniero de sistemas de la Universidad Popular del Cesar. Me gusta la buena crítica y política, sin caer en sus vicios y hasta donde los argumentos me dejen llegar. Amante de la buena música y no de un género en específico. El silencio es, después de la palabra, el segundo poder del mundo. Twitter: @andy_romeroc

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