Viernes, 26 de may de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Desde su anuncio Alien Covenant fue el foco de mucha expectativa, y esto puede explicarse por diversos motivos. Primero y antes de todo: es una película más dentro de una gran franquicia que sucede a Prometeo (2012), filme del que también se esperaba mucho (y nos dejó a medias).

Lo segundo es que lo dirige el realizador Ridley Scott, el creador de Alien: El octavo pasajero (1979), clásico irrepetible del género Terror-Ciencia ficción como lo es también su otro filme: Blade Runner (1982).

La presión de los seguidores de esta saga -una de las más famosas del mundo-, así como la presión comercial, han hecho mella en el aspecto visual y narrativo de este nuevo Alien. Por temor a defraudar, Ridley Scott hace de Alien: Covenant una especie de salsa que combina todos los ingredientes ya alabados en anteriores versiones, y termina consiguiendo un sabor que ni sorprende ni desagrada.

Este filme se ambienta en el 2104. Esto significa que son varios años después de los hechos funestos de Prometeo, pero años antes de los de Alien: El octavo pasajero. La nave en que se viaja a una larga “tierra prometida” es la Covenant. Va hacia el planeta Origae-6, donde se dan las condiciones para establecer una nueva comunidad humana.

Este nuevo periplo viajan hombres y mujeres, pero también embriones. Para estar a la altura de los tiempos, y para enojo de algunos obispos o diputados “cristianos”, Alien: Covenant muestra que esa futura sociedad estará compuesta por parejas de distintas orientaciones sexuales.

También viaja un androide de alta tecnología y todo está controlado, por supuesto, por una computadora que recibe el nombre de Madre. Como sucede siempre, desde la vieja tradición de los cuentos fantásticos, y desde antes que el teórico ruso Vladimir Propp (1895 - 1970) hablase de las funciones narrativas en ellos, un acontecimiento desvía a la Covenant de su destino y los viajeros deben lidiar con ello.

Entonces, entran en acción los inevitables xenomorfos, en cantidades industriales y con sus características parasitarias, con su adaptabilidad genética. Es cuando los humanos deben luchar, no solo por sus vidas (en condiciones deficitarias), sino que deben huir de ahí como Odiseo de los cíclopes. Esta aventura, con sus subtramas, es el cuerpo del filme.

La oportunidad le sirve a Ridley Scott para añadirle más sangre y cuerpos descuartizados a sus imágenes: más “gore”. La verdad es que no le viene mal. Igual le sirve para lo mejor del filme: los diálogos filosos entre androides de épocas distintas (aquí la buena actuación de Michael Fassbender).

El resto es una aventura no tan bien narrada, a veces con momentos inconsistentes y cuestionables; sin embargo, logra entretener con alguna dignidad propia del género gracias a ese mundo imaginario construido milimétricamente a lo largo de los años.

En su conjunto, Alien: Covenant engancha al espectador con una fórmula conocida, ilusiona por varios momentos de grandísima tensión, nos satisface por mantener “la comida caliente”, pero nos invita a mirar nostálgicamente hacia los dos primeros Aliens como largometrajes insuperables.

 

Alberto Campos 

 

Cinescrúpulos
Alberto Campos

Alberto Campos, Valledupar (1976). Sociólogo y Abogado de la Universidad Popular del Cesar. En Cinescrúpulos expone su faceta de crítico y amante del Cine, pero con total independencia. Su fin es alabar las buenas películas y señalar las malas producciones.

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