Miércoles, 26 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

Antiguo asentamiento de "Las Casitas" (izquierda arriba) y el nuevo a la derecha

 

Como una verdadera acción de liberación y conservación de su historia, la comunidad de ‘Las Casitas’, realizó el lanzamiento del libro ‘Memorias y transformaciones territoriales en la comunidad de Las Casitas: un recorrido por los impactos de la minería de carbón en el sur de La Guajira’, un esfuerzo conjunto de los habitantes de esta colectividad que contó con el apoyo del Centro de Investigación y Educación Popular y su Programa por la Paz (Cinep/PPP).

Desde 2012, el equipo del Cinep/PPP ha estado investigando sobre las transformaciones y los conflictos territoriales ocasionados por la actividad extractiva en la Costa Caribe colombiana. Específicamente, los análisis se han centrado en los departamentos del Cesar y la Guajira, departamentos en los que se encuentran las explotaciones mineras de carbón a cielo abierto más grandes del país.

Durante una jornada de movilización y acompañamiento a comunidades en reasentamiento que hizo el Cinep en Plan Bonito, El Hatillo, y Boquerón, en el departamento del Cesar en septiembre de 2014, la Junta de Acción Comunal de ‘Las Casitas’, asistente al evento, propuso hacer la investigación en ‘Las Casitas’. Es así como se gesta esta iniciativa que hoy permite perpetuar la memoria de este territorio que hoy se reduce a desolación y recelo por la nueva vida a la que les ha tocado habituarse.

‘Las Casitas’ era un caserío ubicado a escasos kilometros de la cabecera municipal de Barrancas, en el sur de La Guajira. Un poblado que se caracterizaba –como su nombre lo indica- por sus pequeñas construcciones de barro que daban refugio a unas cuantas familias, en su mayoría conformada por campesinos de origen indigenas y afrocolombianos que tenían casi cien años de haberse asentado en ese territorio.

A pesar de la aridez de las tierras guajiras, esta zona del departamento fue bendecida por afluentes hídricos como el Río Ranchería, naciente de las estribaciones de la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta, factor que a su vez favorecio las actividades agricolas; producción de granos, frutas y verduras que servian a estos campesinos como despensa propia y al tiempo, les alcanzaba para comercializar algunos de estos productos en el pueblo. Otros de los oficios desarrollados por estos pobladores eran el pastoreo y la caza.

Del otro lado de esa bendición que representa el agua, tan escasa actualmente en la mayoría de los municipios de la Costa Caribe colombiana, se atravesó en el 1976 una maldición. En ese año, siendo presidente de la república Alfonso López Michelsen, “se firmó un contrato de asociación 50-50 entre la firma Colombian Resources Corporation (Intercor, filial de Exxon Mobil) y la empresa estatal Carbones de Colombia (Carbocol) para llevar a cabo la exploración y explotación de carbón en alrededor de 32.000 hectáreas del departamento de La Guajira dispuestas en los municipios de Barrancas y Maicao”.

Inicialmente, el contrato estuvo estipulado para una duración de treinta y tres años; es decir que en el 2009 finalizaría pero, en 1999, al Estado colombiano le pareció “beneficioso” extender la concesión por veinticinco años más, es decir hasta 2034. Además, dejó abierta la posibilidad de vender a esas empresas extranjeras el 50 por ciento que correspondía a los colombianos, hecho que ocurrió en el año 2000. En el 2002, el consorcio Anglo American- BHP Billiton y Glencore se convierte en el dueño absoluto de Carbones de Cerrejon Limited y al parecer del bienestar de los guajiros.

“Las Casitas vieja”, como ahora se le llama al caserío, se encuentra localizado en el extremo sur del complejo minero de la empresa Cerrejón Limited, entre las Cuchillas de Palmarito y Majagüita. La extracción de carbón en La Guajira está catalogada como la explotación minera a cielo abierto más grande del mundo debido a su gran extensión territorial y a su constante expansión, que implica el desplazamiento de las comunidades asentadas en estas zonas. Para el año 2010, la explotación minera del Cerrejón había intervenido una extensión de 11.500 hectáreas correspondientes al 17 por ciento del territorio concesionado y, según sus proyecciones, contempla expandirse en los siguientes años hasta alcanzar una extensión final aproximada de 16.300 hectáreas.

En junio del año 2009, Cerrejon inició el proceso de negociacion con los casiteros que resultó ser uno de los procesos de negociación y reasentamientos más cortos que la gigante minera ha enfrentado en su historia en La Guajira. En el 2015 las primeras cinco de las 31 familias “reubicables” se trasladabon hacía las “Nuevas Casitas”.

Inicialmente, según lo conversado con las familias afectadas por el fuerte y constante ruido de las voladuras y el dañino polvillo proveniente de la extracción del carbón, se esperaba que se diera un traslado colectivo para que asimismo se realizaran las compensaciones. Sin embargo, las salidas han sido individuales, al igual que las negociaciones que se hicieron; una estrategia que no favoreció a una comunidad arraigada a sus costumbres y tradiciones (y con poca formación académica).

En la actualidad, quedan dos familias reubicables en el sitio de origen. Ambas están en proceso de negociación y en la búsqueda de acuerdos para poder salir del sitio de origen, más cuatro familias que no están dentro de la lista de los famosos “reubicables” pero que pertenece a uno de los núcleos principales.

No obstante grandes dificultades (como el suministro de agua en las nuevas zonas residenciales), las comunidades han logrado avanzar en el desarrollo de un proyecto productivo realizado a través de una cooperativa legalmente constituida y cuyo propósito es aunar esfuerzos y, de manera inmediata, comprar tierras para producir y devolver de alguna manera, la dignidad y la productividad a estas personas que después de su salida de ‘Casita’ se dedicaron a oficios informales a los que no estaban acostumbrados ni capacitados (como el mototaxismo). 

El libro ‘Memorias y transformaciones territoriales en la comunidad de Las Casitas: un recorrido por los impactos de la explotación minera del carbón en La Guajira’, representa un ejercicio importante de memoria tanto para la comunidad como para toda la región. En este libro se plasman las historias, vivencias y costumbres de la comunidad que también servirán para generaciones jóvenes. A través de estas historias tendrán la oportunidad de conocer el lugar donde sus padres y abuelos nacieron y se formaron como personas de bien, el mismo lugar que les brindó el sustento durante décadas

En tres capítulos, el texto refleja los impactos de la minería, entre los que destaca la reducción del territorio (territorio que, en el caso de ‘Las Casitas’, era amplio y cómodo). Cada uno de los habitantes tenía su pedazo de tierra. Sin embargo, con el traslado, muchas familias quedaron sin territorio, un derecho que fue vulnerado por esta dinámica que el gobierno y la industria minera llaman ‘motores de desarrollo’. Por otro lado, los moradores, campesinos en su mayoría, perdieron el contacto con la tierra en el nuevo sitio donde se les reubicó.

El libro es un aporte valioso a los procesos de reasentamientos venideros, una documentación obligada para los gobiernos municipales, departamentales y nacionales, para evitar atropellos y desarraigos en comunidades similares.   

La utilización de la memoria se estableció para dar sentido a ese nuevo lugar que, en principio, es totalmente ajeno. Asimismo se busca salvaguardar la identidad casitera y fortalecer las relaciones interpersonales a través de ejercicios comunitarios de reconstrucción de la memoria colectiva dentro de la comunidad.

Dichos ejercicios comunitarios se basaron en la reactivación de la memoria a través de objetos históricos como la construcción de una linea de tiempo con los hitos de ‘Las Casitas’, entrevistas individuales y colectivas, talleres prácticos, recorridos por el territorio, análisis de mapas y construcción de cartografías y la participación en celebraciones tradicionales.

La historia de ‘Las Casitas’ en el sur de La Guajira es una historia vivida que, para no olvidarse jamás, reposa en letras grandes a la vista de todos en el nuevo centro comunitario donde fueron ubicados.

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny 

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