Martes, 19 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

Los Betos & Iván Ovalle

 

Desde hace algún tiempo me nació la idea de escribir esta crónica para dedicársela a la canción “El cristal de mis pupilas”,  letra del reconocido compositor Iván Ovalle y grabada por la agrupación  “Los Betos” en 1993.  Y lo hago porque  siempre he considerado que dentro del inmenso repertorio de canciones vallenatas que nutren las páginas de nuestro folclor colombiano,  hay algunos temas que sobresalen desde su nacimiento, que deleitan más los sentimientos y se entronizan indelebles en la memoria de todos los amantes de este género musical.

Son canciones que no desfallecen en su admiración, y a medida que pasan los años se mantienen impecables, conservando siempre los visos atractivos de sus aires juveniles. Y, por supuesto,  sólo cuando se reflejan estos atributos, se pueden apreciar y valorar el prestigio y la tradición de cualquier obra musical.

La grabación de “El cristal de mis pupilas”, hace ya veintitrés años, generó un verdadero acontecimiento musical apenas la canción llegó a los oídos y a las manos de la desbordante fanaticada. Fue como una especie de paliativo que sirvió para endulzar el malestar que experimentaban los colombianos, que por ese entonces acababan de soportar el infausto apagón gavirista que había trastornado en una hora el horario tradicional durante más de diez meses. 

Recuerdo muy bien los momentos de su aparición, y me atrevo a afirmar que en esos días no hubo una sola persona que no hubiera abierto los ojos y no se hubiera detenido a saborear las impactantes notas creadas por la magia digitadora de Beto Villa para acompañar la letra de la llamativa canción, interpretada magistralmente por Beto Zabaleta. Una estupenda combinación, donde se percibe la creatividad y la máxima expresión del arte musical.

Desde entonces, y como es natural, la bellísima canción de Iván Ovalle pasó a ocupar un sitio privilegiado en el mosaico imperecedero donde hoy brillan con luz propia muchísimas composiciones del arte vallenato. Allí perdurará, in saecula saeculorum, al lado de otras canciones similares, que también han entrado de lleno en los íntimos afectos del sentimiento colombiano. 

No me equivoco al afirmar que “El cristal de mis pupilas”,junto con “Palabras al viento” de Santander Durán Escalona, “Momentos de amor” de Fernando Meneses, “Noche sin luceros” de Rosendo Romero, “Rosa jardinera” de Ildefonso Ramírez Bula, “Razón y olvido”de Emiro Zuleta Calderón y “El indio Manuel María”, de Emiliano Zuleta Baquero, constituyen siete columnas inmortales de las muchas que sostienen la estructura del trono donde yace inmutable la eterna corona del exquisito y renombrado folclor vallenato.

Es placentero afirmar que la entrada de “El cristal de mis pupilas”, como detalle  singular,  presenta un arranque armonioso, diferente y llamativo en el fluido de las notas musicales. El acordeón impacta, motiva y conmueve apenas comienza el despliegue musical. Con las primeras vibraciones se percibe la elegancia, la autenticidad y, sobre todo, la creatividad del acordeonista, que con su estilo, arrobado de una melodía sublime, marca enseguida la diferencia. Y este deleite es más placentero cuando percibimos los versos iniciales, cargados de un romanticismo profundamente delicado:

“Tú me inspiras,  / tú me inspiras tantas cosas, /  bonitas, preciosas / Te confieso / que me haces ver la vida / más linda y hermosa. / Haces sentirme un niño con tu sonrisa / cada vez que te encuentro me haces pecar / mil veces he jurado romper contigo / pero también mil veces quiero empezar”.

Los espacios interestróficos, aprovechados por los ejecutantes para demostrar la creatividad, deleitar y producir el placer estético en los oyentes,  son extraordinarios en “El cristal de mis pupilas”. Me atrevo a afirmar, repleto de mucha objetividad, que Beto Villa, alcanza su máxima inspiración creadora digitando esta canción. La misma originalidad que lo ha ennoblecido interpretando otros temas estelares, como“La dama del ajedrez”, “Poder olvidarte”y“Mi media naranja”. Y justo, tras el concierto melódico, sigue la secuencia metafórica de Iván Ovalle deleitando con sus versos nostálgicos el sentimiento de los consagrados oyentes:

“He comprendido que los nuestro es tan eterno / cual brisa alegre en las noches decembrinas / un arbolito que todos los años prendo / eso tú eres el cristal de mis pupilas / un arbolito que todos los años prendo / eso tú eres el cristal de mis pupilas”.

La metáfora ovallina sigue su curso acompañándose con la sublimidad de las notas betovillanas, en un ritmo que asciende y desciende para satisfacer plenamente el ritmo de las parejas que, obviamente, vencidas por el placer se animan a bailar la canción. Y se cierra el concierto sublime con una estrofa cargada de una inmensa revelación lírica que causa una exquisita satisfacción hasta el final:

“Ese río tan inmenso y tan turbulento / ese río de la vida que vivo yo / no temas que en el fondo no hay espinas / te juro que en el fondo está mi amor”. Y para cerrar, el autor continúa su despliegue inspirador: “Mira el rosario de estrellitas en el cielo / mira mi pecho como salta de alegría / y estás temblando al compás de aquel lucero / eso tú eres el cristal de mis pupilas / y estás temblando al compás de aquel lucero / eso tú eres el cristal de mis pupilas”.        

 

Eddie José Daniels Garcia

 

Reflejos cotidianos
Eddie José Dániels García

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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