Viernes, 24 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Una filosofía latinoamericana que piense y se interrogue sobre nuestra realidad y nuestras cosmovisiones está por construirse, es un proceso del pensamiento que tiene que fundar primero una tradición filosófica y, una tradición en la historia del pensamiento no es un periodo de décadas sino de siglos.

El pensamiento filosófico europeo tiene una tradición de siglos, que es lo que hace que surjan filósofos con una proyección y una dimensión universal: Kant, Nietzsche, Habermas, Foucault etc. En muchos países de América Latina no ha habido un filósofo de estas dimensiones, posiblemente por carecer de una tradición filosófica de siglos, que se requiere para hacer filosofía. No creemos, no obstante, que sea la lengua un impedimento para pensar filosóficamente. La filosofía alemana no sería posible sin la filosofía griega, y la filosofía griega, alemana o asiática fue posible precisamente porque se construyeron a sí mismas fundadas desde una tradición filosófica de siglos.

La exégesis y la instrumentalización de la filosofía tal vez tienen que ser parte de esa tradición, que en América Latina está por fundarse. América Latina es todavía un continente nuevo en el ejercicio de pensar su ethos y su pathos desde una perspectiva filosófica. Los marcos teóricos desde los cuales se interpreta la realidad y los acontecimientos sociales, culturales o políticos nuestros, si bien fueron creados para realidades distintas a la nuestra y, en contextos diferentes, también es cierto que el pensamiento es universal y, una filosofía latinoamericana para pensar lo nuestro debe contar con el pensamiento filosófico universal, en tanto que es creación del pensamiento humano.

Nuestros marcos teóricos se construirán en la medida que pensemos desde nuestro ethos y nuestro propio contexto. No creemos, no obstante, en lo “propio” que es un entrecruzamiento de culturas sino en lo “nuestro” que es con lo que contamos. La filosofía debe comenzar por pensar e interrogarse por lo nuestro, esto es, debe partir de lo que somos, una cultura híbrida que se ha hecho universal porque recoge las formas, las expresiones o los materiales simbólicos, espirituales o culturales de otras culturas y, no por ello es menos nuestra o propia.

Una conciencia moderna debe ser universal: se debe situar en el mundo y más ahora en la era de la globalización. La identidad de las culturas hay que verlas hoy en la diversidad, su hibridación, su mestizaje y su pluriculturalismo. La latinoamericanidad de nuestro continente está aquí; la filosofía debe construirlo, descubrirlo, develarlo. La literatura y el arte se construyeron desde una perspectiva latinoamericana porque fue hasta lo más profundo de su ethos, sin desconocer y asimilando en un proceso de decantación, la creación del arte y la literatura universal. Con la filosofía hay que hacer otro tanto.

Ahora bien, la modernidad en América Latina todavía es un proyecto inconcluso o postergado. No hemos tenido una modernidad en tanto no ha habido un pensamiento filosófico auténticamente nuestro, eso no quiere decir que no esté en proceso de construcción, pero es un proceso que debe ser de siglos para que se funde una tradición filosófica.

Kant, en su texto “Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración?”, escribía sobre la necesidad de pensar por cuenta propia, de valernos de nuestro propio entendimiento y esa es una lección universal para quien desee hacer filosofía, literatura o arte. Un poema, una teoría, una filosofía es universal en tanto se interrogue sobre sus orígenes y su ethos y sus particularidades culturales y su esencia.

Una filosofía auténticamente latinoamericana no puede pensarse sin un diálogo crítico con la filosofía griega, europea o anglosajona y en esa perspectiva nuestra asimilación crítica para fundar una tradición filosófica apenas está formándose. Por otra parte, en la era de la globalización el dualismo entre lo propio y lo ajeno, el centro y la periferia, entre la alteridad y la mismidad ya no es posible [1] y, esto hace que no sea posible tampoco situarse en un “no lugar” desde donde hacer filosofía.

América Latina debe asimilar la modernidad europea para que tome conciencia de sí misma, afirma Leopoldo Zea [2] y, en esa dirección su asimilación crítica contribuirá a superar el colonialismo de las filosofías en América Latina. En la era de la globalización lo propio y lo ajeno desaparece en tanto culturalmente se está produciendo una planetarización del mundo. La filosofía eurocéntrica que colonizó a América Latina se resquebraja en tanto el dualismo simplista de centro-periferia, civilización-barbarie, totalidad-exterioridad se ve superado, afirma Dussel, pero su superación no quiere decir que ya no existan, que tenga una inutilidad epistémica [3].

La filosofía latinoamericana para que sea auténticamente latinoamericana tiene que dar cuenta de la propia condición humana del hombre latinoamericano, no importa que en ese proceso tenga que apropiarse de los instrumentos teóricos de otras filosofías para interpretar lo nuestro. Allí radica el proceso de ir construyendo una tradición filosófica entre nosotros y de la práctica de una hermenéutica filosófica deben ir surgiendo los marcos teóricos propios para la interpretación de nuestra realidad latinoamericana.

La originalidad de ese ejercicio filosófico estaría en los resultados que esa interpretación desarrolle en descubrir nuestra propia esencia y develar nuestro ethos. La filosofía latinoamericana de la liberación, el análisis histórico en torno a los derechos humanos, la política, la ética, la cultura, la historia las ideas y las mentalidades han sido intentos legítimos por interpretar lo latinoamericano y, si esta filosofía se denominó liberación fue resultado de las condiciones propias, objetivas de la realidad social latinoamericana que forjó su método como resultado de la praxis.

La filosofía en América Latina es una filosofía comprometida con historia, la cultura y las ciencias sociales y humanas y, se ha ido formando y fortaleciendo en un diálogo con las corrientes de la filosofía como el hegelianismo, la fenomenología, el existencialismo, el historicismo y el marxismo, que la han enriquecido, es decir, se ha apoyado en la tradición filosófica de Occidente y en ese contexto es heredera de esa tradición [4] y, no por ello es menos latinoamericana.

El pensamiento filosófico en América Latina

El pensamiento filosófico en América Latina durante el siglo XIX tiene notables pensadores. En este texto exploraremos los contenidos filosóficos y la tendencia de su pensamiento. La interpretación de la realidad social se realiza bajo la influencia de corrientes y teorías filosóficas del pensamiento político y filosófico europeo de donde los pensadores latinoamericanos reciben su mayor aporte teórico.

Alberdi aplica la filosofía positiva a los intereses sociales, políticos, religiosos y morales. La filosofía no debe limitarse a hacer metafísica sino que debe aplicarse a la problemática social de los pueblos, su sociedad y su historia. El progreso político social de los pueblos no puede hallarse en las elucubraciones metafísicas. Se requiere de una filosofía política, una filosofía de la industria y la riqueza, una filosofía de la literatura, una filosofía de la religión y de la historia.

La filosofía, desde la perspectiva de Alberdi, debe centrarse en el estudio de las prácticas histórico-sociales, esto es, debe surgir del estudio de nuestras propias necesidades. Los problemas filosóficos que esa filosofía debe resolver son los de la libertad, los derechos sociales, la organización pública. En Alberdi, la filosofía debe resolver nuestro destino latinoamericano, esto es, crearse una filosofía americana y hacer lo posible para que exista. A su debido tiempo la filosofía debe aplicarse a las propias necesidades de cada país y su objeto de estudio debe ser su nacionalidad.

El destino de la nacionalidad en Alberdi era civilizar nuestras sociedades de acuerdo a nuestras necesidades y medios. Los problemas de la sociedad latinoamericana deben buscarse en la condición social y no en las reformas políticas. El pensamiento político de Alberdi, no obstante, contradecía mucho su sentido latinoamericanista de la filosofía en tanto que veía en Washington la grandeza de la sociedad americana y a ella como ejemplo de la prosperidad, la organización y la paz. Luis Pereira Barreto aboga por inaugurar un análisis filosófico cuyo objeto es eliminar toda creencia en lo sobrenatural. Con la intención de salvaguardar el orden veía en la teología un retroceso para los pueblos. Los grandes males de la sociedad los veía en la ausencia total de una educación social. La sociedad en Pereira Barreto tiene un carácter orgánico que la hace ver como un organismo social. Su filosofía era una aplicación de la filosofía espenceriana. La nueva filosofía positiva debe eliminar los dogmas del siglo pasado en tanto que el cuerpo social está amenazado por los conflictos civiles y morales.

La restauración del orden político y social es posible mediante una reforma educativa bajo el espíritu positivo de la ciencia. Se hace necesario en este pensador positivar la sociedad y la historia en tanto que allí surgirá la modernización y la civilización, una reorganización espiritual de la sociedad.

Rodó plantea lo espiritual como esencia. El espíritu de Ariel y Calibán se enfrentan. Ariel es el espíritu de la imaginación, la estética y la creatividad. Calibán es el espíritu de los apetitos y lo material, el espíritu positivo y la cultura anglosajona. En Rodó se plantea la necesidad que Ariel renazca en el Nuevo Mundo, y de que los Estados Unidos no sea el modelo a seguir por los latinoamericanos. El nuevo espíritu de la civilización ha de ser arielista cuyas raíces subyacen en la tradición helénico-cristiana.

Vasconcelos rechaza el espíritu y el pensamiento de la tradición positivista y cree necesario restaurar el universo espiritual roto por el positivismo y con un espíritu antipositivista establece a la manera comteana, la ley de los tres estadios sociales: el material o guerrero, el intelectual o político y el estético o espiritual. En cada estadio social el hombre se va desarrollando hasta alcanzar una dimensión metafísica. El estadio guerrero es la fuerza y corresponde a la sensibilidad. El estadio intelectual o político es la razón que produce la ciencia y la técnica y en el tercer estadio, el estético, se llega al espíritu de Ariel.

Alejandro Korn critica al positivismo porque fundamenta que suprime toda libertad y toda ética. Considera que a la ciencia hay que subordinarla a un “principio superior” y aún un “principio ético “. El progreso científico y técnico ha llevado al hombre a un desastre. Cree necesario crear un orden distinto para que impere la libertad ética bajo el espíritu de los valores y el nacionalismo.

Carlos Vaz Ferreira por su espíritu que limita el conocimiento a una ciencia hace una crítica del positivismo en tanto que niega un espíritu de especulación y meditación. Las filosofías que no reflejan el verdadero problema psíquico son falsas por que fluctúa, divaga, duda y no es rígido.

Martínez Estrada critica la no autenticidad de los latinoamericanos que no acepta lo que son y menosprecian sus orígenes. La europeización de América fue la implantación de una realidad artificial sobre una realidad auténtica. La implantación de lo falso sobre lo auténtico.

Ahora bien, la significación y la importancia del positivismo en Colombia radican en que trasciende el mundo de lo metafísico y teológico, de las causas preestablecidas y finales y se sitúa en la esfera de la condición humana y su relación con el mundo en la tierra. El positivismo como una nueva corriente filosófica tiene una interpretación político-filosófica de los acontecimientos del pasado generados en el período del radicalismo liberal y se incorpora en el estudio de las ciencias como nuevo método de análisis.

El positivismo como doctrina filosófica se limita al mundo de los fenómenos y a las leyes que lo rigen. En el orden moral, orden moral y jurídica son independientes. En el orden jurídico, el orden moral y jurídico se identifica. En el orden lógico, la verificación por la experiencia es el único criterio de verdad. La religión dejó de cumplir una función de cohesión social para dar paso a una filosofía que tenía en la experiencia y la observación sus presupuestos teóricos de verdad, esto es, que lo verdadero y lo bueno se define por la observación y la experiencia.

El positivismo en Ignacio Espinoza, de corte espenceriano y el de Salvador Camacho Roldán, de corte positivista biológico de Darwin y el organismo social de Spencer, se establecen para conocer las leyes que determinan los procesos del desarrollo social. La realidad social política y cultural será analizada e interpretada desde la óptica de esta corriente filosófica junto con la Sociología y el Derecho. Una concepción liberal-positivista que aparece como reacción al proyecto de la Regeneración y el Conservatismo que en su proyecto político, el estado está por encima del individuo. El positivismo estructurará la organización institucional del país.

El positivismo que más tuvo afectación en Colombia, en ese período histórico, fue el positivismo de Spencer que contribuyó a estructurar el proyecto político de la Regeneración. El positivismo comteano fue enérgicamente rechazado por parte de la política tradicional.

 

Antonio Acevedo Linares

 

Bibliografía:

1. Citado por Santiago Castro G. Crítica la razón latinoamericana. Puvil Libros, Barcelona, 1996, Pág. 152.

2. Ibíd., Pág. 63.

3. Enrique Dussel. La filosofía de la liberación ante el debate de la postmodernidad y los estudios latinoamericanos. En cuadernos de filosofía latinoamericana. Universidad Santo Tomás #74-75,Pág. 23.

4. Álvaro Andrés Hamburger. La filosofía latinoamericana de la liberación: una mirada retrospectiva y evaluativa de los noventa. En cuadernos de filosofía latinoamericana. USTA. # 76-74, Pág., 53-54.

La filosofía en América Latina. Historia de las ideas. Autores varios. Editoriales El Búho, Bogotá ,1996.

La filosofía en Colombia. Historia de las ideas. Autores varios. Editorial El Búho, Bogotá, 1997.

Cultura & Sociedad
Antonio Acevedo Linares

Antonio Acevedo Linares (El Centro, Barrancabermeja, Colombia, 1957).Poeta, Ensayista y Sociólogo. Profesor universitario. Magíster en Filosofía Latinoamericana con especialización en Educación Filosofía Colombiana de la Universidad Santo Tomás y especialización en Filosofía Política Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros de poesía y ensayos: Plegable # 1 (Poesía), 1987; Arte Erótica, 1988, Plegable # 2 (Poesía) 1990, Plegable # 3 (Poesía) 1994, Sociedad de los poetas, 1998. Plegable # 4 (Poesía) 1999. Los girasoles de Van Gogh, Antología poética, 1980-1999. Vol.1, 1999, Plegable # 5 (Poesía) 2000, Plegable # 6 (Poesía) 2001, Poesía de viva voz (CD) 2004, Atlántica, Antología poética, 1980-2004. Vol.2, 2004, En el país de las mariposas, Antología poética, 1980-2007. Vol.3, 2007, Por la reivindicación del cuerpo y la palabra, (Reseñas criticas) 2008.La pasión de escribir (artículos, ensayos y entrevistas poetas y escritores colombianos) 2013. La poesía está en otra parte, 2016.

[Leer columna]
.::La Parranda Vallenata: un rito de amistad::.
.::La arepa de queso: una delicia vallenata::.