Sábado, 18 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Ernesto Palencia Caratt

 

En la soledad y ante la mirada retratada de algunos de los miembros de la Academia de Historia del Cesar, permanece el escritorio que por casi 20 años ocupó Ernesto Palencia Caratt en el “hogar” y santuario de la memoria de Valledupar, primero como gestor y presidente en función y luego -por el retiro forzado ocasionado por los años y los quebrantos de salud- como presidente honorario.

La soledad habitual del lugar, hoy es más densa. A la historia reposada en esa antigua casona ubicada en el sector fundacional de la ciudad y las personas que durante tantos años gozaron de la estima y la guía de Ernesto Palencia, les cobija un sentimiento de desprotección u orfandad por el fallecimiento de su padre fundador.

A los 100 años se fue Ernesto Palencia, un barranquillero que llegó a Valledupar y se ganó el aprecio, la admiración y el respeto de los vallenatos más ilustres que esta tierra haya parido. Nació el 17 de mayo de 1917, proveniente de la familia conformada por don Manuel Palencia y doña Francisca Caratt de Palencia, una familia de doce hermanos, donde la mayoría son reconocidos como intelectuales. Su llegada a Valledupar se estima sucedió en la década de 1930 y podría decirse fue circunstancial, mientras iba camino a Venezuela decidió quedarse un tiempo en aquel pequeño poblado para nunca más irse.

En Valledupar conoció a doña Eufemia Hinojosa Daza, de ella se enamoró profundamente y se casó. Al formar una familia con dos hijos se enraizó y empezó a manejar procesos de construcción de la historia de Valledupar. Escribió un libro sobre el Club Social Valledupar, en él describió cómo se dio su conformación y cómo era la clase social de la época. En ese tiempo, Valledupar era un pueblo con dos o tres barrios.

Dentro de la literatura que escribió se cuentan ‘Valledupar en la historia del mundo’ (1972); ‘Evocaciones históricas de Valledupar’, investigación que publicó en 1973 y que fue corregida en el año 2000; ‘Historia de una Vida. Así nació el Cesar’ publicado en el 2002. . Su último libro fue ‘América un continente de angustias’ publicado en el 2015.

A Ernesto Palencia lo distinguieron muchas cualidades. Entre las personas que lo reconocieron, son las más repetitivas su constante proceso de investigación y su generosidad. Era un estudioso, una de las pocas personas que sabía leer y escribir a máquina en aquella época en Valledupar; condiciones que le dieron mérito para ser nombrado como Secretario de Gobierno Municipal en la administración del doctor Jorge Dangond Daza durante el mandato de Gustavo Rojas Pinilla.

Era un conservador con pensamiento liberal, una persona abierta que mantuvo buenas relaciones con los personajes de ambos partidos, permitiéndose nadar en aguas tranquilas en un periodo candente de la política colombiana. Fue un gran amigo del también recién fallecido dirigente liberal José Guillermo ‘Pepe’ Castro Castro, se querían mucho y se profesaban un mutuo respeto.

‘Pepe’ Castro fue uno de sus más grandes apoyo para fundar la Academia de Historia del Cesar, en cuya sala de la pinacoteca ‘Jaime Molina’, reposan dos retratos, uno de Palencia Caratt y otro de Castro Castro como homenaje póstumo a la gran obra que juntos vieron materializar a favor de esta tierra que tanto quisieron.

Además de los aportes a la historia, cultura y patrimonio de Valledupar, Ernesto Palencia Caratt fue miembro de la Cámara de Representantes, gobernador encargado del departamento del Cesar entre mayo y junio de 1975, durante el gobierno de Alfonso López Michelsen. Entre su hoja de vida también se destacan sus esfuerzos como miembro fundador del Club de Leones de Valledupar.

Sin duda, fue una persona fuera de lo común. Sus extraordinarias capacidades le fueron suficientes para abrirse camino y ocupar dichos cargos públicos sin titularse de la universidad. Se graduó de abogado a los 70 años, lo hizo junto a su hijo en la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla. A esa edad demostró una vez más, su grandeza y el coraje al someterse a estudiar con jóvenes de una generación distinta a la suya y con otras pretensiones existenciales y profesionales.

Siempre estuvo preocupado por hacer el bien, su generosidad era tal que compraba todas las loterías porque no le gustaba dar una respuesta negativa a los loteros que se la ofrecían. Frecuentemente se le veía en la puerta de la Academia comprando aguacate, frutas y otros productos para ayudar a los vendedores, una persona generosa que sobre todo, compartía su más valioso tesoro, sus conocimientos. Siempre entregaba su aprendizaje a los demás. ¡Era un gran señor!

Fue un hombre ameno en toda la extensión de la palabra, decía que era un joven dentro de un cuero viejo porque eran muchas las ganas que tenía de seguir aportando a su querida Valledupar, ese fue su discurso siempre. Era un hacedor de cosas y un constructor de  pensamientos que se preocupó como pocos vallenatos por la conservación y la divulgación de su historia; por ello luchó y con ese desasosiego falleció. 

Interior de la Academia de Historia del Cesar / Foto: Samny Sarabia Su gran legado: la Academia de Historia del Cesar  

Mucho le debe Valledupar y el Cesar en general a Ernesto Palencia Carat; uno de sus mejores hijos adoptivos, siempre estuvo preocupado por los bienes materiales e inmateriales de la ciudad: centro y la memoria histórica pero sin duda, su gran aporte a estas tierras, fue la creación de la Academia de Historia del Cesar.

Fue en el momento que ‘Pepe’ Castro, Francisco Valle, Jorge Dangond, ‘Yin’ Daza, Pedro Castro Trespalacios, Ernesto Palencia, Jaime Dangond, entre otros, empezaron a escribir sobre Valledupar, sus habitantes y costumbres que se fundó la Academia de Historia de Valledupar el 01 de octubre de 1988.

Por esos años también el Ernesto Palencia Carat se trajo a su hermano Manuel de Barranquilla para que lo ayudara con la organización del Centro de Historia, que en sus inicios tuvo su sede en la residencia de éste pero el ambiente doméstico dificultaba las labores de recolección de la información y de las tertulias sobre historias.

Es así como los miembros de la Academia, encabezados por Ernesto y Manuel Palencia, Francisco Valle y otros miembros consiguen una asignación presupuestal para comprar una casa pero por el mal uso que se venía haciendo de los auxilios parlamentarios se expidió una ley que prohibió darle dinero a las ong. Ad portas de perderse el dinero de dicha gestión, deciden que la municipalidad la comprara y se las entregara en comodato. Desde entonces, se mudaron a la casa ubicada en la calle 15 con 7ma, ya son casi 18 años de estar funcionando en estas instalaciones.

En un principio, la casa era muy grande para el material histórico con el que contaban. Entre el actual presidente Francisco Valle Cuello y el doctor Ernesto, presentaron en 1999 un proyecto a la Asamblea del Cesar para conseguir los archivos de la Notaría Primera de Valledupar, así obtuvieron casi mil libros con su estantería, libros que datan 1727, 4 libros de la colonia.

A este material le siguió el de la fototeca, donde hoy reposan un sin número de personajes de Valledupar y el Cesar; la pinacoteca ‘Jaime Molina’, la hemeroteca ‘Lolita Acosta Maestre’ donde hay registro de los periódicos que se han editado en la ciudad y otras revistas, también el museo antropológico. Ahora la historia es diferente, la casa se quedó estrecha.

Con la partida de Ernesto Palencia Caratt, se espera que la administración municipal cumpla las promesas que en vida le hicieran varios de los alcaldes para restaurar la casa y recuperar los documentos históricos que se encuentran en poder del Archivo General de la Nación, ese sería el mejor homenaje póstumo al connotado historiador y padre de la Academia de Historia del Cesar.

 

Samny Sarabia

@SarabiaSamny 

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