Domingo, 20 de ago de 2017
Valledupar, Colombia.

El escritor Alonso Sánchez Baute a su paso por el Banco de la República en Valledupar / Foto: Johari Gautier

 

Leer y escuchar al escritor Alonso Sánchez Baute es, de alguna manera, sumergirse en las problemáticas que acechan el Caribe colombiano. Entenderlas, o por lo menos, hacer ese esfuerzo de hurgar en ellas.

Así lo deja entrever la multitud de jóvenes –y no tan jóvenes- lectores que se hallan en la sala de eventos del Banco de la República de Valledupar. Muchos de ellos están unidos por el deseo de acercarse un poco más a ese mundo inabarcable del libro, pero también están interesados en cuestionar y reflexionar sobre otro universo conexo: el mundo cotidiano en el que les tocó vivir.

El rostro serio y el paso sereno del escritor irrumpen en la sala. Alonso Sánchez se sienta y se acomoda frente a su público expectante. Siguen algunos saludos intercambiados con lectores y allegados, señal de que Alonso Sánchez está en casa, y, luego, inician las presentaciones que alberga todo acto institucional.

Los temas que interesan no tardan en llegar. “Uno escribe sobre lo que más conoce, pero sobre todo, sobre lo que tiene adentro, sobre las heridas que no terminan de sanar, sobre las preocupaciones, sobre los procesos abiertos…”, explica el autor cuando le preguntan por sus intereses y los temas que le mueven. Es evidente que la pregunta ha sonado en otras ocasiones, otras esferas, pero Alonso no se cansa de explicar que, en el mundo de la escritura, uno se decanta muchas veces por temas que reflejan su propio ser, su  experiencia o su lucha existencial.

“¿Por qué no contarlo? –pregunta él–. ¿Por qué resignarme a escribir lo que otros han escrito si las historias que conozco son totalmente diferentes?“

Para nuestro escritor invitado, la literatura es una forma de analizar el porqué de ciertos acontecimientos y comportamientos. Es un modo de entender y diluir la superficialidad. La literatura asume un papel mucho más grande que una mera función recreativa, y trata de abrir los ojos del lector sobre realidades negadas o tergiversadas.   

Más allá de sus obras conocidas -Al diablo la maldita primavera (2002), ¿Sex o no sex? (2005) Líbranos del bien (2008), ¿De dónde flores si no hay jardín? (2015)-, estamos ante un proceso creativo de más de 20 años en el que sobresalen temas como la identidad, la sexualidad, las apariencias de la vida nocturna y la vida en general, o el conflicto armado que asoló el departamento del Cesar y gran parte de la costa Caribe.

“Estos temas están por encima de mí, por encima de mi familia y de mi núcleo social”, explica Alonso en un momento en el que el compromiso se presenta como algo más grande que las ansias de escribir, de crear mundos o tramas.  

La novela “Líbranos del bien” es un perfecto ejemplo. Este retrato de un conflicto incomprensible, que desfiguró la vida de un pueblo entero y expuso a la luz del día los peores instintos humanos, supuso también un gran impacto emocional para su autor. Alonso Sánchez Baute lo escribió con el dolor de quien descubre las peores atrocidades pero, además, la publicación de esta obra también implicaba romper el silencio sobre tabúes enormes.

“Yo le saqué el cuerpo al escribir Líbranos del bien, precisamente por razones sociales o familiares. Y finalmente, salió. Generó unos problemas al principio, pero igual mi responsabilidad [como escritor] tiene que ir mucho más allá. Mi compromiso con la literatura tiene que ir mucho más allá de lo que pueda generar”.

Publicar “Líbranos del bien” fue un desafío lanzado al entorno y a sí mismo. Un deseo de entender a pesar de los silencios, la soledad y la indiferencia. Fue un ejercicio periodístico exigente –ya que la obra reúne todos los géneros del periodismo- pero también una mirada sociológica y antropológica profunda a un microcosmos que podría servir para ilustrar cómo ha crecido la violencia de los grupos ilegales a nivel nacional. El hecho de ser un vallenato residente en Bogotá desde hacía más de 20 años, le permitió hablar de los hechos de manera crítica, acercarse a los protagonistas en el terreno con el suficiente conocimiento y confianza, pero también la necesidad de conocer la verdad sin mayores tapujos, y por todo esto -por conocer el destino de muchas de las personas involucradas en la historia-, el malestar fue difícil de digerir. 

“Cuando empezaba una investigación y preguntaba por alguien, siempre escuchaba respuestas como a éste lo mató la guerrilla, a éste le cortó la cabeza cualquier paramilitar… –explica Alonso Sánchez–. Eran escenas de violencia muy fuertes, y cuando regresé a Buenos Aires [lugar donde residía en aquel entonces] con todas estas historias, fue realmente un momento muy doloroso, durante unos dos años hasta que terminé de entender qué es lo que había ocurrido”.

Líbranos del bien ilustra algunas de las grandes problemáticas de la región Caribe: la exclusión y los silencios. Cuando el escritor vino a investigar por primera vez para reunir información sobre lo que debía ser una crónica -y que terminó siendo una novela-, en Valledupar nadie hablaba de Jorge 40 pese a saber quién era.

“En el año 2006 había un secretismo total alrededor del paramilitarismo –explica Alonso Sánchez–, había un miedo total, pero más que un miedo había una complicidad que cambió cuando la revista Semana sacó un titular en portada sobre el computador de Jorge 40. A partir de ese momento, la gente se permitió hablar de lo que estaba sucediendo”.

El silencio es un problema grande en la costa Caribe, insiste el escritor. El silencio permite que continúe la mala administración, el estancamiento moral, la corrupción, el nepotismo y otras desviaciones propias de regiones condenadas a perder “el tren de la historia”. Según el autor, este silenciamiento no sólo es impuesto, es compartido y empleado de manera consciente. Es, para muchos, una forma de comunicar, una manera de integrarse, de pensar como la mayoría, de evitar el “Qué dirán”, de vivir en armonía y asegurarse una tranquilidad.

“Creo que eso es lo que nos está haciendo mucho daño acá: quedarnos callados a pesar de saber todo lo que está pasando en nuestro alrededor. Estos silencios hacen mucho daño”, comenta el autor vallenato.

La exclusión es otro factor destacable, quizás el mayor de todos. Del miedo a ser excluido nace un sinfín de miedos y atropellos -de hecho, el silencio proviene de ahí-. La exclusión es un gran cultivo de violencia que corroe la sociedad colombiana desde la base. Según Alonso Sánchez, Jorge 40 y Simón Trinidad se fueron al monte por eso: la exclusión.  

“El problema de este país es un problema de exclusión. Es un problema de falta de oportunidades, seguimos hablando de que somos abiertos a las negritudes y seguimos siendo absolutamente racistas. El problema de exclusión está igual de duro, no solamente con el tema del LGBT sino con todo. Las oportunidades cada vez pertenecen más a una élite mínima y el resto del rebaño les hacemos caso a ellos porque queremos pertenecer a esa élite.”

En su primera novela “Al diablo la maldita primavera”, el autor puso el dedo sobre la cuestión de la identidad y la sexualidad. Edwin Rodríguez, el personaje destacado, trata de cubrir un profundo conflicto personal a través de la banalidad de las marcas de moda. Es su manera de protegerse frente al dolor impuesto por un entorno inclemente, pero también una forma de negar la grandísima soledad en la que vive.

A través de este monólogo, Sánchez Baute contribuyó a que la homosexualidad se convirtiera en un tema literario relevante en Colombia, necesario y digno de reflexión. Fue su manera de romper un tabú, pero también, una forma de dar visibilidad a otras grandes realidades de la sociedad colombiana: el machismo y la misoginia. Y justamente, este machismo que denunciaba Sánchez Baute a principios de los años 2000 –junto a otros destacados autores- sigue siendo un tema de actualidad en la costa Caribe, no sólo por el impacto que pueda tener en la población LGBT, sino también por las escenas cotidianas de violencia doméstica o situaciones de sometimiento degradante para la mujer.

“Yo creo que el machismo y la misoginia son temas muy graves en el departamento del Cesar, porque hacen parte del carácter del vallenato más que en otras ciudades del país –manifiesta Alonso Sánchez Baute y, en este momento, un rumor se esparce. El público asiente–. La violencia es una herramienta usada para demostrar que no se es femenino, y en ese sentido somos mucho más violentos que muchos otros en el país”.  

Con el conflicto en pleno auge y un país todavía receloso de hablar de homosexualidad, la publicación de “Al Diablo la maldita primavera” fue toda una odisea. Alonso Sánchez tuvo que esperar cinco años antes de que su obra se ganara un espacio en las estanterías de las librerías. Fue el premio Ciudad de Bogotá -recibido en el año 2002- que la sacó del anonimato.

“Todavía tengo las cartas de rechazo de Norma, Planeta, Ediciones B, Alfaguara… Además, todos daban la misma razón: es que el país no está preparado para eso. Y curiosamente, salió la novela y el país sí estaba preparado para eso”.

La realidad de aquel entonces -esos años en los que la primera gran novela de Sánchez Baute buscaba ser publicada- sigue siendo latente. El fantasma de las intransigencias, el conservadurismo exagerado, y el temor al “otro” se mantiene igual de presente.

“Hay gente que se adueña de la verdad, que cree leer a los demás pero que realmente lo que hace es transmitir un miedo totalmente personal”.

Frente al escritor, el público sigue preguntando. El ejercicio ha ganado en fluidez. El micrófono circula de un lado a otro de la sala. Las preguntas son cada vez más concretas, cada vez más puntillosas. Y si el retrato de la realidad que nace de los comentarios del escritor no siempre son alentadores, una certidumbre se despeja y nos alienta: la literatura les da vida. La literatura nos empuja a vivir.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier 

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