Miércoles, 13 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

 

Nadie más cesarense que el Río Cesar. Sin embargo, el afluente es tan guajiro que tiene en ese departamento su lecho de nacimiento, pues cuando de la tierra brotaron los cuatro manantiales que se funden para formarlo, en Techúngaga, allá en lo alto de la Sierra Nevada – que dicho sea de paso, no sólo es de Santa Marta, sino también del Cesar y La Guajira- no existían los linderos geográficos divisorios, ni tampoco quienes trazaron esos linderos. Es decir, el río Cesar, como el territorio al que le prodiga sus aguas, poco o nada ‘entienden’ de mapas político/administrativos; pues su rol ha sido ser amigo de la gente, fuente de vida y de poesía.

Valledupar existe desde la mitad del Siglo XVI. En su libro Cultura Vallenata - Origen, Teoría y Pruebas, el investigador Tomas Darío Gutiérrez Hinojosa relaciona la mitad del siglo XVI como tiempo de fundación del Valle de Upar: “empezó de manera definitiva la conquista de este valle, con notorio y oficial propósito: organizar tantos hatos ganaderos que abastecieran la necesidad de la corona en una buena parte del Nuevo Mundo”. Lo cita también Simón Martínez Ubárnez y Jorge Iguarán, en el libro Orígenes – El Cesar y sus municipios, donde se lee: “La ciudad de los Reyes del Valle de Upar –nombre original con el cual se conoció desde sus orígenes– fue fundada inicialmente el 1 de octubre de 1544, por el Capitán Francisco Salguero… La fundación definitiva de la ciudad le correspondió también al capitán Hernando de Santana, el 6 de enero de 1550”.

Un siglo y medio después, en el año 1701, como lo cita el texto de Gutiérrez Hinojosa, un capitán valduparense, Salvador Félix Arias, fundó San Juan del Cesar. Más tarde, en el en el tercio final del siglo dieciocho, la española María Antonia de Nieves Mojica de Maestre, perteneciente a una cofradía franciscana, después de pernoctar en Villanueva y Valledupar, se encontró con las extensas sabanas, sembradas de patilla (sandía) y se estableció en ese paraje, dando origen así a Patillal.

Muchísimos años después – en la segunda mitad del Siglo XX-, tras una larga vida como pueblos hermanos, hijos de un mismo padre: el departamento del Magdalena Grande; fueron fundados los departamentos de La Guajira (1964) y el Cesar (1967). Pero eran muchos los hilos los que ya se habían entretejido de ambos lados de las fronteras y que los unían – y siguen uniendo- como comunidades que trascienden los límites geopolíticos y que se asumen como del territorio como una condición que trasciende la correspondencia tributaria de allá o de acá.

Son tan uno los dos (Patillal y San Juan del Cesar), que –por ejemplo- Octavio Daza Daza, compositor emblemático, ya desaparecido, cuya imagen permanece en el corazón del pueblo en medio de otros poetas homenajeados por representar la raigambre patillalera, nació en San Juan del Cesar (15 de abril de 1948, de padre sanjuanero y mamá villanuevera). Y nadie puede negar que los Daza Daza son patillaleros, así las actas de nacimiento Julio César y Emilia reposen en San Juan.

Y La Malena, el simbólico arroyo de Patillal, que desde el principio de los tiempos ha acompañado la cotidianidad de los lugareños, impediente de si se están abrevando en la margen derecha o en la izquierda, surtidos de agua para la comunidad en tiempos de buen cauce, cuando no existía el acueducto, y se cavaban casimbas para obtener agua limpia, y se lavaban platos y ropa en las corrientes, y se bañaban en los charcos y bautizaban los pozos con nombres genéricos y le componían a la vida nutrida por este arroyo…

En síntesis, a los patillaleros poco les ha interesado si un mapa dice que una orilla pertenece al Cesar y la otra a La Guajira, porque ellos se asumen patillaleros y ya. Por eso muchos de ellos han expresado “¡Al carajo las fronteras en Patillal!”. Por eso mismo, se vio a otro tanto confundido ayer, cuando en la plaza del pueblo, tenía lugar un evento multitudinario, con senadores, representantes a la Cámara, gobernador, alcaldes, diputados, concejales, personeros, corregidores, cabildos, funcionarios del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), eruditos de las divisiones político/administrativas, compositores, periodistas… y ellos, la comunidad, que al final, cuando se decanten los diálogos, les dirá si son o no patillaleros, a los que ‘aquel’ lado de La Malena, los que viven en el barrio Perú, que tiene ya más de un siglo.

“El barrio Perú es uno de los más viejos de Patillal. Yo tengo 80 años y nací ahí; yo les demostré que los mojones que dividen los dos departamentos están en la finca Las Palomas, detrás del cerro de La Falda, en límites con Badillo. Ellos quieren que los límites sean La Malena y si es así, se llevan medio Patillal y no solamente es Patillal, sino La Vega Arriba”, decía Carlos Daza, sentado muy cerca de Isabel Nieves, quien estaba de acuerdo con él: “Están equivocados porque esto es Cesar. Yo vivo en el Perú, en la casa que fue de Juana Arias, que era peruana. Los peruanos somos patillaleros. Si definen que eso es de San Juan, pues nosotros no estamos de acuerdo, vendemos la casa y nos pasamos para Patillal”.

Silencioso estaba ahí Marciano, juntero, compositor, rey del festival de la leyenda vallenata (de Valledupar) con una canción en la que se describe así: “Ya que es mi madre una vieja atanquera, mi padre un guajiro, como el río Cesar”. Y Alfredo Saade Vergel, gerente del área metropolitana de Valledupar, quien más buen sugiere una integración de San Juan del Cesar al Área, para resolver situaciones de transporte que beneficiarán, sin duda, a ambos pueblos.

Estaba Weildler Guerra Curvelo, gobernador encargado de La Guajira, quien en una sabia intervención, invocó la histórica hermandad de ambos departamentos hijos del Magdalena Grande y convocó una salida al estilo de los jueces africanos que propenden porque ninguna de las dos partes en conflicto salga del juicio con un sabor de derrota. Y así, Guerra Curvelo propuso una salida de paz y armonía, que fue –entonces- replicada por quienes lo siguieron en la palabra: los alcaldes de Valledupar y San Juan, congresistas…

En todo caso, habrá que esperar. En el encuentro no se dirimía el asunto, pues el objetivo era escuchar a las partes. La decisión final se tomará en otro escenario, para lo cual han anunciado tomar en cuenta lo hablado en la plaza, de donde salieron los peruanos ratificándose patillaleros, asegurando que a ellos no les incumbes los asuntos tributarios, pues para ellos prima la esencia, la territorialidad, el arraigo cultural...

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya 

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