Domingo, 22 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Félix Molina-Flórez y portada de "El libro de los equívocos"

 

Recientemente presentado en la edición número 30 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, y recibido con gran aceptación, el poemario “El libro de los equívocos” representa la primera publicación en solitario del escritor cesarense Félix Molina-Flórez, y por ese motivo, debe destacarse como un paso notable en la maduración de su trabajo literario.

Esta obra, que recoge 65 poemas en los cuales relumbra una lírica cruda, describe e indaga sobre los infortunios de la vida y del ser humano. La obra se compone de cinco partes: la primera, titulada ‘Plegaria de los impíos’ de la cual se desprenden poemas que surgen a partir de la descripción de algunos personajes bíblicos como Eva, Adán, Caín, Judas, Lázaro, etc., es una desmitificación de esos personajes, vistos a través de unos ojos escépticos y con algo de conmiseración, una forma de  replantear ese mito existente alrededor de ellos.

Con los poemas de este primer capítulo, el autor participó hace dos años en un concurso nacional de poesía realizado con los miembros de talleres de literatura del país adscritos a la Red de Escritura Creativa (Relata) y ganó. En ese momento, los presentó con el título de ‘Rostros equivocados’; los poemas fueron publicados por el Ministerio de Cultura y la Red Nacional de Talleres de Literatura hace dos años.

El segundo aparte del ‘Libro de los equívocos’ es ‘Summa de los invidentes’,  donde se recogen once poemas sobre ciegos. La ceguera ha sido siempre para Félix Molina, un tema inquietante, por todo lo que implica ser ciego y especialmente, por el temor que infunde la ceguera en una persona que como él, es un amante de la lectura. Dentro de estos poemas  se destacan ‘Invidente VIII’ e ‘Invidente XI’, dedicados a Leandro Díaz y Luis Mizar, respectivamente.

El capítulo tres lo llamó ‘El delirio de los ángeles’, cuya temática gira entorno a la figura mítica de los ángeles pero haciendo una deconstrucción de ella, viéndola como ese ser que ha caído en desgracia porque ha perdido esa divinidad que la historia le ha otorgado.

Los gritos insepultos’, es nombre que distingue al cuarto apartado del libro. En él recopila poemas que develan sus inquietudes literarias con letras dedicadas a Hemingway, Virginia Woolf, Van Gogh, Cortázar y otros autores. En esta serie también hay poemas muy íntimos escritos a la familia; en ellos trata de descubrir sus preocupaciones éticas y estéticas, incluso algunas de sus preocupaciones morales. El libro se cierra con ‘Cantos de Eros’, un ejercicio que hace alrededor de la figura de Eros como imagen de la sexualidad y del erotismo.

El poemario cuya imagen de presentación es una obra del pintor Darío Ortíz Robledo, cuenta con el prólogo del poeta Fernando Denis; a quien Molina-Flórez conoció en un evento literario realizado por la biblioteca departamental; ocasión en la que Félix le leyó algunos de sus poemas, cinco años más tarde, Denis le contactó con la intención de publicarlos.

El libro, cuya presentación –hay que expresar- es impecable fue editado por la firma Uniediciones en su colección Zenócrates, será presentado el 15 de junio a las 7pm en el Bar Tlön, en el centro histórico de Valledupar.

Panorama Cultural conversó con el escritor, sobre su vida, sus gustos, su nuevo libro y la presentación del mismo.

¿Quién es Félix Molina-Flórez?

Soy fundamentalmente docente de lengua y literatura de la Universidad Popular del Cesar, egresado de esa misma universidad. Tuve la oportunidad de realizar estudios de posgrados en la Universidad del Atlántico en literatura. He ejercido la docencia en la educación media como en la universidad, dicto talleres de literatura también.

Desde muy joven, he sido inquieto por los libros; fui bibliotecario durante dos años, promotor de lectura, siempre muy vinculado al tema de los libros. Creo que mi destino está ligado a los libros, ya sea vendiéndolos en las esquinas, cuidándolos, organizándolos, haciéndolos y he descubierto con el paso de los años que mi quehacer siempre estará ligado a los libros.

De niño, me escapaba para ir a la biblioteca de la Casa de la Cultura porque a mi  mamá no le gustaba que saliera de la casa. Nací en un pueblito del Magdalena cerca al Banco pero llegué a Valledupar de un año. Mi mamá era oriunda de Santa Bárbara (Antioquia) y mi padre de Bolívar pero es sobre todo, la cultura vallenata la que ha influido en mí, me gusta el vallenato clásico, tanto que durante dos años organicé con Nelson Ramírez en la Corporación Biblioteca ‘Rafael Carrillo Lúquez’, una actividad que se denominó ‘Cita con la música, reencuentro con los juglares’.  

El libro de los equívocos ¿Por qué el título?

Pensando en el porqué de ese título, llegué a dos conclusiones: una, que tenía que ver con una manera de justificar aquellos errores estéticos que pudiera haber en el libro. Pero en realidad, la razón es un poco más profunda, más esencial y tiene que ver con la figura de todos esos personajes de los que hablo en el libro. Son personas que llevaban una buena vida, como Adán y Eva que, según el mito, llevaban una vida afable y tranquila pero cometieron una equivocación que los condujo a una muerte espiritual.

Como ellos, aparecen Lázaro, Matusalén, Job y Caín que es una figura emblemática del pecado, al igual que los ángeles. Al final, creo que es el título más indicado porque manifiesta la debilidad de los hombres, somos frágiles y dados a cometer equivocaciones.

¿Cuánto tiempo duró la producción de este libro?

La producción de ‘El libro de los equívocos’ duró alrededor de 15 años. Hay  poemas que escribí hace 12 años y que permanecieron. Cuando uno está en el ejercicio de la escritura, uno se cuida de desechar lo que no sirva. Algunos poemas sobrevivieron al tiempo, a las agonías, a las afujías, al fuego, a la inundación y se mantuvieron ahí.

En ese tiempo, algunos poemas fueron reestructurados, cambiados, algunos solo guardan el título, otros un solo verso, alguna imagen. Otros fueron escritos hace dos años pero en general, demoré 15 años cometiendo esa equivocación (Risas).

¿Cómo describes tu estilo a la hora de escribir?

Como te conté, esos poemas son productos de varios años de escritura y cuando estaba escogiéndolos pensaba que estaba definiendo una temática, más que un estilo. Ese poemario recoge unas preocupaciones existenciales que siempre he tenido; por ejemplo, ese escepticismo, esa crítica a lo metafísico pero también a la lucha del hombre por la supervivencia; a ese hombre que se enfrenta a la modernidad teniendo que vivir y padecer la cotidianidad y todo el peso que implica estar vivo.

¿Qué significó el poeta Luis Mizar Maestre para ti?

Luis Mizar fue un emblema para las letras del Cesar y para mí particularmente, porque terminé escribiendo gracias al encuentro que tuve con él en el 2003. Una vez en clase de creación literaria, el parcial de él era escribir un texto sobre una experiencia difícil que cada estudiante tuvo en su vida. Conté mi experiencia sobre la primera vez que entré a un quirófano. Él leyó eso y sin conocerme me llamó y me dijo: “Ahí hay algo”. Yo le pregunté: “Maestro, qué es ese algo” y me respondió, “No sé, como algo poético”.

Ese día me regaló el libro de su autoría ‘Expresiones o motivos para el descalabro’. En realidad, volví a leer el libro porque ya lo había leído en la biblioteca pero no le había encontrado la esencia que le encontré luego.

Además de la amistad que nos unió, tuve la oportunidad de conversar muchas veces con él, de escucharlo hablar y aprender algo de esa ironía que lo caracterizaba porque era un tipo supremamente irónico y satírico. Muchos de sus poemas contenidos en ‘Salmos apócrifos’, ‘Expresiones o motivos para el descalabro’ y ‘Partituras en sepia para la maga’, son libros que marcaron una huella en la literatura del Cesar.

Tuve la fortuna de conocerlo no solo desde el plano personal, también considero que conozco bien su obra porque la he estudiado, siempre me ha inquietado, la he revisado, he vuelto a ella, he tratado de encontrar esos giros lingüísticos que hay en su poesía. De manera, que fue una gran influencia para mí, ya que no solo hablaba de literatura, también de música, historia, filosofía.

Gracias a él conocí a Cioran, Schopenhauer, Nietzsche porque los citaba mucho. En la provincia había malas bibliotecas y al ir a ellas uno tenía que aprovechar ese espacio para buscar los libros que necesitaba leer cuando estaba en la idea de formarme como lector. En ese sentido fue clave Mizar, más adelante conocí a otros autores y el espectro se amplió a Borges, Cortázar, Saramago, García Márquez que empezaron a ser fundamentales en la formación como lector.

¿Sólo escribes poemas?

En algún momento tuve inquietudes por el cuento pero fracasé en ese intento; el cuento me parece muy complejo, se necesitan otras sensibilidades frente a ese género porque cuando uno escribe poesía y se mete a escribir cuentos termina siendo muy inasible, poetizándolo todo y al final, no se cuenta nada y lo que importa en un cuento es que te cuenten algo.

Más adelante, no descarto la posibilidad de retomar el cuento como género, me gusta mucho también el ensayo.

¿Qué crees que se necesita para escribir poesía específicamente?

Considero que hay una cosa que es transcendental e imprescindible para cualquier persona que se meta en la locura de escribir poesía. Digo locura, primero porque no tiene dividendos y segundo, porque la poesía fluye después que has experimentado una cantidad de situaciones existenciales, lo que se conoce como poesía vital. Para lograr un verso profundo, un verso con significado o connotación, se necesita haber vivido o experimentado muchas cosas pero también haber leído.

Entonces, la lectura es fundamental porque te enseña el camino y  te permite conocer autores, lo cual es muy importante porque no te deja caer en la trampa de escribir lo que ya se ha escrito, para aprender cómo se escribe y a la vez, distanciarse de la manera en que otro ha escrito.

Se necesita igualmente, una sensibilidad profunda; tienes que mirar los objetos y al sujeto con otros ojos. El poeta siempre está atento a lo que está pasando, a la hoja que va cayendo, al niño que sentando en el andén, sin caer tampoco en esa descripción sosa y fútil, hay que darle un sentido poético y eso se aprende con la lectura y la escritura.

¿Cómo nació el grupo poético ‘Luis Mizar Maestre’?

Siempre me ha gustado la promoción de la lectura. Formar lectores me parece un ejercicio muy interesante y en calidad de docente de literatura, tomé la decisión hace un año de formar un grupo poético que en principio, es de lectura poética. Los muchachos se reúnen conmigo y con algunos invitados a leer poesía. Si en esa dinámica algún estudiante tiene la necesidad de escribir, no hay problema pero mi intención es formar lectores.

Es un grupo selecto que se conformó a través de una invitación que les hice en clase y empezamos reuniéndonos cinco personas, en el momento, puede haber 15 estudiantes de diferentes semestres que se han mantenido. Es un grupo abierto, no tiene ninguna pretensión académica, simplemente nos reunimos los viernes a las 4 de la tarde en la universidad, tomamos una bebida y empezamos a hablar de poesía siempre direccionado hacía una temática para no hacerlo inasible. En ese ejercicio de conversación o tertulia van surgiendo muchas cosas y los pelaos sin darse cuenta van abriendo los sentidos a la lectura poética.

¿Qué va a encontrar la gente el día del lanzamiento de ‘El libro de los equívocos’ en Tlön Bar el próximo jueves 15 de junio?

El lanzamiento será a las 7 de la noche. En primera instancia, se encontrará con una charla que tendré con Carlos Cesar Silva; quien hizo una lectura muy acuciosa del libro y seguramente saldrá una conversación muy fluida y espontánea. Posteriormente, habrá un espacio para hacer una lectura de poemas de cada uno de los apartes que componen el libro, escogidos al azar.

¿Cuál es el poema que más te gusta de ‘El libro de los equívocos?

En realidad, hay dos poemas que me gustan mucho porque los escribí en un momento muy determinante de mi vida. ‘Carta a una madre que olvidó regresar’ y ‘Eva’. El primero, es un homenaje que hago a mi madre que falleció hace seis años y el segundo, lo hice pensando en mi esposa. Sin ser los mejores del libro, son muy representativos para mí.

 

 

Eva

Por Félix Molina-Flórez.

1.

1. DESPIERTO de un extraño sueño: espejos rotos y sábanas vírgenes. Un mundo desnudo, pablado de una soledad indescifrable, el resto es piel.

2. Un huerto afable: animales fieros que me observan. Un hombre herido  en su costado, tal vez con sangre.

2.

1. Un leve abrazo. La ausencia de un café nos insta a contemplarnos. Dos cuerpos mudos ante la sombra de un árbol.

2. La inocencia es el mayor de los pecados.

 

Entrevista realizada por Samny Sarabia

Twitter: @SarabiaSamny

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