Martes, 23 de ene de 2018
Valledupar, Colombia.

Sergio Moya Molina interpretando sus canciones / Foto: Vallenatony

 

Es amplia e interesante la producción de Sergio Moya Molina y, en ella, destaca, el amor como universo, y ese universo tiene sus matices y formas, sus notas y tonos; por consiguiente, hemos tomado las distintas notas para establecer símiles entre ellas y las diferentes presentaciones y consideraciones que el autor tiene del amor.

Tenemos en sus composiciones al amor un canto poliédrico, con una multiplicidad de faces (caras) que constituyen un todo como realidad, y en su aspiración, una aproximación a ese todo. El amor como felicidad, alegría, tormento, tristeza, hecho, sueño, objeto, plenitud, fugacidad, epifanía, solución, problema, meta, dificultad, obsesión, disfrute peregrino, contingencia, desmesura… Donde cada fase tiene, de igual forma, sus aristas.

El amor, para el hombre ha sido uno de los grandes filones de su creación a lo largo de toda la historia, desde el alba de los tiempos hasta este mismo momento en el que escribo estas palabras, millones de amantes en todo el mundo tienen que estar amándose, desde Nueva York a Beijín y desde Ottawa a la Patagonia.

El hombre ha tratado de expresar sus misterios a través de la poesía, la música, la danza, el cine, todas las artes plásticas, la novela, la arquitectura. El amor ha sido uno de esos misterios y también encrucijada en toda su vida, determinante de guerras y decisivo en el logro de objetivos.

El amor para las religiones es el motor que mueve el cosmos, todo lo existente se motiva en el amor: causa y soporte de todo. Es lo que da vida y lo que enciende la llama para la duración de esa vida.

Y como todo es misterio, dentro de ello el amor, que lo vivifica todo, tiene fuertes lazos con la muerte, por eso en la mitología Eros es hermano de Thánatos.

“Este es el amor, amor, el amor que me divierte, cuando estoy en la parranda, no me acuerdo de la muerte”, copla española que se volvió vallenato y expresa la relación del amor con la muerte, una relación antinómica, el amor que burla y menosprecia a la muerte, la olvida; así como Omar Khayyam a través del vino burla y menosprecia la solemnidad de la vida y los tiempos pasado y futuro, viviendo y deleitándose en la plenitud de un eterno presente.

Así también, en la Hélade, el amor por Elena, otra de sus caras, que consigo encierra el germen de la guerra…

El amor romántico de María que muere por Efraín, los amores de Abelardo y Eloísa, los amores de Calixto y Melibea, y  los de Romeo y Julieta… Los amores de Don Quijote por Dulcinea o los de Tiran lo Blanc por la princesa Carmesina; e incluso, los amores y todo el mundo de cursilería de Bernardino de San Pierre.

Los amores místicos de Teresa de Ávila, de Sor Juana Inés de la Cruz, de san Juan de la Cruz y del Cantar de los cantares, de Petrarca, con sus sonetos a Laura y el amor de Dante por Beatrice que lo guía a los círculos del Empíreo a contemplar la luz cegadora y total. El amor ideal y el amor imposible, el amor cortés y caballeresco, el amor de los juglares, cantores y trovadores…

Todos los amores descritos, vividos, sufridos y consumados en la historia de la literatura colombiana: los amores de Fermina Daza y Florentino Ariza, en El amor en los tiempos del cólera, los amores y acoples eróticos de Cien años de soledad, de García Márquez… Los amores de Genoveva Alcocer y Federico Goltari en La tejedora de coronas, de Germán Espinosa.

De otro lado, en la música universal, siempre está el amor como eje en sus composiciones. En las rancheras, tangos y milongas, boleros y bossa novas, sones y bachatas, polkas y tarantelas, tonadas eslavas y la chanson francaise.

Así igualmente, en la música clásica: en El amor brujo de Falla o El sueño de amor de Grieg, y en todo ese compendio de sinfonía que crean los genios cuando se elevan a escuchar la música de las esferas celestiales y a verlas en su continua marcha, para luego traernos girones de melodías que vierten en sus pentagramas, y, entonces, tenemos: las dulzuras de Liszt, el misterio de Mozart, la exaltación de Wagner, el hechizo de Falla, las notas de Strauss, que han paseado en barcarola a todos los amantes del mundo por el mítico y amoroso Danubio azul, hasta implicarlos en el rito de la entrega y el acople, para que sus fuerzas de atracción les haga sacar las chispas del roce a esos dos astros que se entregan con violencia y luego se apartan. Ese es el amor, que engendra vida para que continúe, eterna, la danza del universo.

Luego, encontramos acá, en el Caribe colombiano, todo ese amor de canciones que nos entregan los cantos vallenatos: los amores por “Sielva María”,  “La polaca” y “Alicia adorada”, y todos los versos y canciones que se hicieron  por amor a ellas, musas y mujeres: por Matilde Lina y Juanita, por Diana y Fidelina, por Marta Cecilia y Miriam… Sin olvidar los versos de un aeda que por su gracia tuvo su premio y en adelanto y en estos lugares, su diosa coronada.

Pues bien, las variaciones del amor, signado en notas en las canciones de Sergio Moya Molina, que se sitúan en la escala musical del pentagrama de cinco líneas y cuatro espacios, donde en claves resaltan el  fa,  sol y do del amor, siempre en las tesitura de su voz, donde ciertos signos modifican su entonación para subir tonos en sostenidos y bajar otros en bemoles y anular algunos efectos en becuadros, para dibujarnos en los sonidos de sus cantos figuras negras, blancas y redondas, corcheas y semifusas, y con base en puntillos y ligaduras también nos representa silencios en fragmentos y compases de melodías.

Por todo esto, por su obra y su vida musical, en su homenaje, veamos las caras del amor,  o sus variaciones, como tema fundamental en sus canciones:

 

 

Bonito es morir de amor

Un amante que afirma que bonito es morir de amor, amor puro y de entrega, sacrificio ufano, no porque circunstancias adversas así lo reclamen, como la defensa de lo amado en una confrontación, sino por falta y presencia del amor que se quiere. Un amor que se niega es negar medicina para un enfermo, justamente ésa es la equivalencia y la convicción declarada, y la frase misma contiene la patente ironía o la tácita burla, con un epílogo de resignación. La concesión misma de ese tipo de discurso amoroso es debilidad, esclavitud  y condena.

“No sé cómo voy a hacer para convencerte / que la ilusión de mi vida es tener tu amor, / ya me duele el corazón de tanto quererte, / pero tú no te condueles de mi  pasión”.

Hasta ahí la confesión y conciencia de la situación. Luego, el hecho de la resignación.

(…) “Si ese cariño será mi muerte, / deseo tenerte y después morir”.

Y un análisis situacional o contexto.

(…) “Dirán que soy un esclavo del sufrimiento, /  que soy el aventurero de una ilusión, / pero los que no han sentido lo que yo siento, / no saben que el alma es débil cuando hay amor, / por qué han de poner en duda mis sentimientos, / si al cabo soy hombre noble de corazón” (…).

La asunción de la hipérbole, la bandera de lo extremo o la exageración. Igualmente, ¿por qué ponerlo en duda?, todo puede ser posible:

(…) La muerte duele, pero es bonita, / cuando uno muere por un amor”.

Mentiras

Rebate los argumentos y los intereses de los progenitores, de encontrar para la hija un buen partido, los tasa como mentiras, contraponiéndolos a los valores de la honradez y la decencia, que representa él, el verdadero amante, sobre los intereses y la ambición desmedida de los padres de la amada.

(…) “Soy hombre de buenos modales / y alma noble y buen corazón, / ellos dicen que eso no vale, / que hay otro partido mejor…”

Argumenta el posible sufrimiento de ella por la falta del amor verdadero. Le dice que lo cierto es que la quiere y a cambio de su cariño le da la vida.

(…) “Ten mucho cuidado mi amor, / que pueden hacerte sufrir, / hay muchos que van al jardín / solo pa robarse un amor (…)  (…) Pero lo que sí es muy cierto /  es que yo te quiero, / y a cambio de tu cariño te doy mi vida”.

Estampas vallenatas

En las ‘estampas vallenatas’ se prefigura el amor, el canto al amor, la belleza y los hechos que concitan el amor, la eclosión primaveral con la belleza del paisaje y los viejos troveros en la memoria social y colectiva.

“Han pasado aquellos tiempos tan hermosos, / de las bellas primaveras de los viejos, / de esos viejos trovadores tan famosos, / que alegraron las parrandas de mi pueblo, / y ahora son estampas del recuerdo, / que hacen a mi pueblo más glorioso” (…).

Pero el canto al amor se pregona como remedio de las tristezas.

(…) “En  los versos primorosos de un relato / le cantamos al amor y  a la belleza, / tantas cosas que demuestran cada rato, / que en nosotros nos aleja la tristeza, / porque el corazón de un vallenato  / es alegre por naturaleza” (…).

En las piquerias el colorido, la picardía y la audacia de los juglares en la memoria.

(…) “Recordando aquellos años tan bonitos, / que dejaron un recuerdo inolvidable, /como las piquerias memorables / del viejo Emiliano y Moralito”.

El contrabandista

El contrabandista tiene el amor como regalo y el oficio como metáfora del amor audaz y atrevido, fuera de lo inusual, incluso en el marco de lo ilegal; pero al fin, como producto con valor de cambio y valor real. Un amor con aventuras y peripecias.

“Vengo desde la Alta Guajira  / burlando guardias hasta aquí, porque yo traigo Negra linda,  / un contrabando para ti, (…) (…) /  por eso te traigo, / con mucha pasión, /  un amor de contrabando / dentro de mi corazón”.

La pasión, al igual que la sinceridad, pugna por imponerse a las orientaciones y consejos que recibe la amada por la cohabitación con la ilicitud.

(…) “Sé que te están aconsejando para que olvides mi querer, / pero aunque sea de contrabando, / siempre te quiero a ti mujer” (…).

El amor como el contrabando también es una apuesta, en este caso no por ganancia, sino de castigo por la pérdida. Es decir, que el reto sólo admitía ganancias.

(…) “Mucho dinero yo he perdido, desde que comencé a viajar, /pero si pierdo tu cariño / no volveré a contrabandear”.

Secreto del alma

En Secreto del alma se da la observación de la especie. Es indagación para penetrar en el alma de la amada. Es la compenetración con ella y la presencia de solidaridad  en el desamor. El estar ahí y el consuelo hacen propicio el ambiente que germina el amor, la oportunidad y el momento para ganar terreno.

“¿Qué te pasa morena, / qué te pasa mujer, / te hace falta un querer o te aflige una pena?  / Yo te puedo ofrecer el amor que tu sueñas” (…).

“(…) Morenita preciosa me lastima tu llanto, / quiero ver el encanto de tu risa graciosa / y grabado en la nota de un paseo vallenato” (…).

La posición y objeto del estratega, buscar la puerta de acceso.

“(…) Yo quisiera mirar tus ojos / y poder descifrar tu encanto, (…)  /  y después dibujar mi canto /  saboreando tus labios rojos” (…).

La indagación final y el emplazamiento justo determinan la conquista, el objetivo. El entendido sabe que los ojos tienen la luz que revela los secretos del alma y a ellos apunta.

“(…) Qué te pasa morena, / que te pasa mi dama, / que en tu dulce mirada hay reflejo de penas / y los ojos revelan los secretos del alma. /  Yo quisiera alojarme en tu pecho afligido / pa’ que puedas contarme lo que te ha sucedido /  y poder adueñarme de tu amor tan querido”.

La celosa

Es una de las canciones más célebres de la música vallenata, cuyo tema es la condición de hombre mujeriego. El mismo maestro dice que el tema de la canción es un tema espinoso, pero dice que esa condición del amorío con las mujeres se disfruta, pero la situación familiar y la connotación social del tema son perturbadoras. Advierte que no fue intencional esa condición de mujeriego, sino que el estatus de artista llevaba implícito esas andanzas.

En su momento, en el tiempo de las aventuras, trató de enmendar la situación con esa composición, y con un claro objeto de reconciliación, se dispuso ser  más discreto y así evitó la ruptura de su hogar. Por otro lado, la composición también tuvo como propósito, lo gracioso para apuntar a lo conciliatorio, puesto que pensó le ayudaría a mantener el control de la situación. La canción se convirtió en un verdadero éxito de la música colombiana y es el tema que catapulta a Sergio Moya Molina como compositor.

La Celosa tiene un lenguaje propio de la concepción machista del Caribe colombiano, lo  podemos apreciar en los vocablos y las frases de su discurso compositivo, que enuncian una visión de mundo.

Vocablos: Gusta, parranda, amiga, brinda, cariño, corazón, amores, pasajero, celos.

Frases:

“Cuando salga de mi casa y me demore por la calle no te preocupes Juanita”….”Si me encuentro alguna amiga que me brinda su cariño, yo le digo que la quiero”…”Negra no me celes tanto”… “déjame gozar la vida”…”muchas veces me divierto con algunas amiguitas”.

Además, la existencia de frases de advertencia, que recuerdan predominio: “Pero nunca me recibas con desaires, porque así tendré que irme nuevamente”.

Igualmente, se advierte devaneos, concepción de libertad y supremacía, goce y gusto, amor central y amores satélites, entre otras muchas formas relacionales.

En su estudio, sobre las estrategias discursivas que construyen estereotipos de género en la música de acordeón, (Fonseca, Clara Inés: 2010) anota:

(…) “podemos hablar de una relación muy directa entre el vocabulario como medio de descripción y la ideología. Debido a que las palabras no sólo reflejan la realidad sino que, además, la construyen, se entiende por qué de todas las opciones discursivas y gramaticales que contribuyen a la reproducción de ideología, la de selección de palabras es la de mayor alcance” (…).

Pues bien, la canción La Celosa tiene unas marcas muy bien definidas en la concepción machista que existe en el vallenato, y ofrece, por supuesto, una de las caras del amor en las composiciones de Sergio Moya Molina.

Cultivo de amor

“Voy a hacer un cultivo de amores, / pa’ alegrar un poco mi vida, / sembraré toda clase flores, / pero yo cogeré la más linda (…).

(…) “Comencé a cultivar margaritas / y esa flor me dio buen resultado, / ahora estoy cultivando rositas / y me tienen muy entusiasmado” (…).

(…) “Una vez me encontraba solito, / empecé a cultivar a Maritza, / desde que cultivé a María Luisa el jardín se puso más bonito, /  yo también cultivé a Carmen Celia, / una flor perfumada y bonita, / pero más me ha gustado Juanita / y por eso me quedo con ella. / Ahora estoy dedicado a mi cultivo / y me siento bastante enamorado, / de todas las flores que he sembrado, / he encontrado el amor que yo he querido”.

Uno de los clásicos de Sergio Moya Molina y una de sus canciones más conocidas. Inicia con el apelativo de la segunda persona, “Tú”, con la intención de remarcar actos, comportamientos, rasgos, matices y particularidades, sean ellos buenos o malos.

--“Tú, la de tantas promesas bonitas, / la de aquella pasión infinita / que solo en tus brazos pude conocer. / Tú, la mujer de toda mi confianza, / derrumbaste un altar de esperanza, / que solo contigo pensaba tener. / Tú, la que nunca creía en el engaño…”

Todas ellas, que conforman una, esa, ‘tú’, que conjuga una cifra de hechos en pasado que inciden en el presente, por consiguiente, el apelativo tú es para reprochar.

Tú, es el sujeto victimario. La víctima es el sujeto en primera persona, ‘yo’, que hace el reproche y se sitúa frente a su victimario para establecer comparación y dejar entrevistos las dimensiones del daño y los elementos del desastre.

--Yo: “Borraré aquellas desilusiones, / entonando sentidas canciones, / buscando entre notas poder olvidar, / que viví tan feliz a tu lado, / como el perro que lame confiado, / la mano traidora que le ha de pegar”.

Antes y ahora, los tiempos del relato. Antes, tiempo de plenitud e idilio. El presente, el ahora, el tiempo del daño, el desamor, el derrumbamiento y el agosto.

Antes, tiempo de construcción y fertilidad. Ahora, tiempo de la destrucción y deseo del olvido.

Antes, vida, memoria y gloria. Ahora, destrucción, muerte, olvido.

Conflicto de opuestos: tú, yo, en una dialéctica del amor y el desamor, en tiempos de ayer y de hoy.

Lejanía

Lejanía/ cercanía. Binomio antinómico. Amor lejano: sufrimiento, sentimiento de vacío, incertidumbre, posible no correspondencia. Muerte.

Presencia: disfrute del amor, gozo, calma, sosiego. Vida.

Esos son los signos del amor lejano que se expresan en este discurso del amor:

“Es muy triste tener un amor viviendo en lejanía, / porque el alma se va consumiendo en el mar de la ausencia. / La distancia señala en mi vida una negra sentencia  / y el recuerdo de aquel gran amor es mi triste agonía…”.

El planteamiento y la proposición de la vuelta de la amada regocijan al amante y le retornan la vida, y lo llevan al momento supremo y a la celebración casi igual a la festividad más cara a la cultura cristiana.

(…) “Cuando vuelvas, conmigo mi vida, tendré un nuevo día / y el verano de mi desconsuelo será primavera, / en tus labios se encuentra el remedio que alivia mis penas / y en tus brazos mi queja más triste se vuelve alegría, / porque tu presencia, vida mía, / es como en diciembre Noche buena”.

Reverdecer

La entrega del amor no correspondido conduce al desespero, a la laceración y a la muerte figurada de la pasión, con la posible floración de su contrario, el odio. El amante canta y devela su arrojo por cantar en estado mal herido. La postura de la amada, indiferente a la entrega de ese amor es de engreimiento y, por lo contrario al amante, disfruta de la vida.

“Yo estoy cantando es por ser valiente, / pero por dentro estoy mal herido, / el mal que tengo es un mal de muerte, / por un amor mal correspondido, / “Yo vivo desesperado, / locamente apasionado, / pensando solo en quererte / Tú vives muy engreída, / disfrutando de la vida, / sin importarte mi suerte”.

No obstante, a las heridas, el amante lanza su advertencia de sobreponerse al sentimiento del amor con el empoderamiento de su contrario, el odio, cara reversa de la moneda.

“No te sorprendas si alguna vez / notas que ha muerto mi gran amor / y se convierte en odio y rencor / lo que un tiempo fue un gran querer. / Yo he visto el monte reverdecer / y las espinas aparecer, / donde una vez hubo flores, / es triste ver a un hombre caer, /entre los brazos de una mujer, / que le niega sus amores”.

Seguidamente, presentamos una síntesis de las composiciones que engarzan distintas formas y manifestaciones en el discurso del amor, en la obra musical de Moya Molina.

Amor ardiente: amor como imprescindible vital, fuerza y pasión. El romancero: el artista como romancero, jardinero y cancionero de amor. Cansado corazón: sobre el amor frustrado, amor no correspondido, sufrimiento por la ausencia y la falta de amor. Amor Vallenato: características del enamorado, condición propia señalada por el topónimo, el amor como fuente de inspiración. Barajas: apuestas en el amor, se acude a la ludopatía, a través de los juegos de azar para resolver situaciones amorosas, y apela así al análisis, a la estrategia, a la selección; es la partida sobre el amor y sus consecuencias. Carmen Celia: el cumplido, el enamoramiento a través del halago, la metáfora y el símil. Barranquillera: precisa las coordenadas de la amada, fijando a través del topónimo la ubicación donde se encuentra el amor; trata, asimismo, del acto del encuentro, de conjunción,  de las leyes de la atracción, del rito de la identificación y la signación del hecho. La fiesta de los pájaros: dilucida el amor como motor de todo; los pájaros cantan y reviven las flores, esa cierta armonía del universo, esa fuerza que penetra y vivifica. Mi presentimiento: es la percepción de la identificación en la vibración amorosa, la destinación, el signo y la expresión de la mirada en el amor; versa también sobre el encuentro o desencuentro, cuando una vez en interacción entre los amantes deviene el placer o  el displacer. La rebelde: trata de las fluctuaciones de rebeldía a identificación, una aproximación a casos clínicos; la rabia y el amor como opuestos y caras de una misma moneda. Compañero corazón: se aprecia el corazón como centro del amor, de donde mana, su fuente; ese su centro y no otro, recuérdese que Pascal enunció que: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”; igualmente, trata de las fluctuaciones de los sentimientos en el amar, la alegría, las pasiones, la tristeza, el desasosiego, la paz, la esperanza, la fe, la ley de los opuestos y las alteraciones mismas del ser y del organismo. El niño y el viejo: nos sitúa en las edades del amor, nos regala la figura literaria de las plantas cavernosas que ya no vuelven a reverdecer; de igual forma, trata del querer y la nostalgia en el viejo, sus recuerdos; el aprecio del porvenir en el joven y su espera de la primavera; opera un juego de antinomia. La indiferencia: nos presenta la nota del desamor y la desarmonía hasta dar con el fin, aunque todo se puede enmendar, contempla el acto de fe y de voluntad. Cosas bonitas: composición a las cosas bonitas pero la complacencia en ello es por el amor a la amada y su compañía, estila confianza en el amor. Camino abierto: plantea el camino, el encuentro del amor, el cambio de sentimientos y las heridas que devienen; asume la negación a llorar por amor, le hace honor al aguantar, y opta por una nueva búsqueda del amor, que traerá consigo nuevas pasiones y el triunfo del amor que aleja, las penas de un amor sufrido y pasado; es la esperanza y el reverdecer; su tratamiento entraña una dialéctica, donde el desengaño conduce a un nuevo amor.

Aunque toda canción pinta un cuadro amoroso, El pintor del amor, lo hace, lo pinta tácitamente. La trampa: posición de opuestos, contraposición del amor y el falso amor, consideración del falso amor como trampa. Por un amor: escapismo del sufrimiento amoroso, que contempla el vicio del alcohol, el dolor, la locura, el sufrimiento por un amor no correspondido. Se nota: el abandono amoroso, el dolor, la vuelta a la angustia y a la melancolía; nos introduce en los espejismos e ilusiones que causan el abandono, el trago amargo y la mentira, tanto así que al oyente del canto lo pone a punto del llanto y el sufrimiento; nos da lucidez sobre la bondad de cuidar lo bueno, el amor, que se daña por culpa de envidia e incomprensión. Pildoritas: nos vende en empaque farmacéutico el amor como medicina para la felicidad, y que hace falta cuando existe vacío y hay que llenarlo, también nos presenta a la musa y el tic del enamoramiento. Colección de mujeres: la variedad de la especie para seleccionar, el carácter del mujeriego y su idiosincrasia; nos presenta también las razones de explorar amores, que, por lo general, son el fastidio la mortificación al hombre sin razón, entre otras. Yo soy: representa el sujeto de amor, quien ofrece sentimientos y también amar, quien se instaura como un artista y el compositor de la música liberadora de penas y pesares, dadora de felicidad a todos los sufrientes de amor. No seas caprichosa: los celos, dar gusto, placer, el sexo y la morena que atrapa y se constituye en secreto de amor.

Conclusión

Para concluir, hay que anotar que el maestro Sergio Moya Molina ha creado un universo musical, constelado por cada una de sus composiciones vallenatas, que al igual que su creador, cuando replica el universo en sus creaciones, el motor de ese vasto cosmos es el amor, su verbo, las imágenes y sonidos, la matemática que los mide, el sentimiento y aliento que les insufla, su voluntad y su acto de fe como artista y creador de las formas.

 

René Arrieta Pérez

 

Bibliografía:

-Fonseca, Clara Inés. “Estrategias discursivas que construyen estereotipos de género en la música de acordeón: tópicos y patrones léxicogramaticales”. En: De Alicia adorada a Carito. Memorias discursivas sobre la modernidad en el Caribe colombiano. Ed. Universidad de Cartagena, Bogotá, 2010.

-Entrevista personal con el compositor Sergio Moya Molina.

-Corpus de canciones analizadas: Bonito es morir de amor / Mentiras / Estampas vallenatas / El contrabandista / Secreto del alma / La celosa / Cultivo de amor / Tú / Lejanía / Reverdecer / Amor ardiente / El romancero / Cansado corazón / Amor vallenato / Barajas / Carmen Celia / Barranquillera / La fiesta de los pájaros / Mi presentimiento / La rebelde / Compañero corazón / El niño y el viejo / La indiferencia / Cosas bonitas / Camino abierto / El pintor del amor / La trampa / Por un amor / Se nota / Pildoritas / Colección de mujeres / Yo soy /No seas caprichosa

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