Domingo, 24 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

 

En este texto queremos analizar la idea del profesor Jorge Aurelio Díaz al comentar la ponencia de Manuel Martínez Casanova [1] en el IX Congreso Internacional de Filosofía Latinoamericana y, es aquella que dice que, en gran medida, el catolicismo en América Latina nos ha vacunado contra la modernidad.

Para sustentar esta idea el profesor Jorge Aurelio Díaz señala que el catolicismo en su mentalidad se caracteriza por un dogmatismo de la verdad, que la actitud del católico propende a vaciar de contenido lo subjetivo e individual, al desconocer la idea de conciencia moral y, al situar en el exterior el origen de las normas de conducta, lo que conduce a una tolerancia ante las conductas morales y, como el origen de las normas de conducta no se halla en el exterior de la conciencia, sino en la autoridad eclesiástica, el católico no tiene manera de acudir a su conciencia moral, lo que da como resultado el origen de los mesianismos donde se añora la aparición de un líder o salvador que conducirá a su pueblo a un paraíso, todo ello conduce, reitera el profesor Jorge Aurelio Díaz, a un predominio de la imaginación y de la voluntad por encima de un control reflexivo, y a un predominio del sentimiento. En efecto, el pensamiento religioso, históricamente, de alguna manera, ha limitado el desarrollo del pensamiento mismo en tanto la concepción dogmática de su doctrina.

La filosofía nos enseña que la verdad de las cosas se origina mediante una búsqueda permanente y no por un acto de revelación. El pensamiento religioso tiene una verdad revelada para todas las cosas, lo que hace que entre en conflicto la razón y la fe. El camino para llegar a la verdad de las cosas tiene su fundamento filosófico en la razón, y la verdad de las cosas es una construcción social muchas veces originadas por el poder, la tradición o las creencias. No obstante, la razón como instrumento para llegar a la verdad de las cosas tampoco se ejerce de manera objetiva, esto es, la verdad de las cosas también está permeada por los dispositivos del poder. Michel Foucault en su teoría sobre la microfísica del poder ya lo ha dilucidado. El hombre se ha imaginado un ser superior que le ha dado su origen, a imagen y semejanza, tal vez por el miedo que tiene a morir, y se ha imaginado una vida después de la muerte. Borges decía que si hay otra vida después de la muerte, la muerte tenía que ser una broma estúpida.

Todas las culturas y civilizaciones han creído en un ser superior y ello deja entrever en el hombre la necesidad de un sentimiento religioso. El hombre ha adorado el sol, las estrellas y la luna por la necesidad mítica que tiene de afirmar su existencia, pero no hay un solo ser superior, sino que cada cultura y civilización ha creado el suyo y ha creado su propia mitología con respecto a su origen y al origen del universo y de la naturaleza. No obstante, la fe le sirve al hombre para vivir y de alguna manera justifica su existencia, pero la fe es un acto individual y no debe considerarse como doctrina universal posible de imponerse [2].

El proselitismo religioso también es una injerencia contra la libertad de conciencia y de espíritu de los individuos El sentimiento religioso pertenece al fuero interno, íntimo de los individuos y, cualquiera que sea la idea que tenga de un ser superior, eso reafirma su existencia sobre la tierra, pero a nivel del pensamiento la mentalidad religiosa puede tener limitaciones en la comprensión de la realidad social en tanto que muchas de sus contradicciones y conflictos se explican sobre la base de un fundamento divino. La religiosidad popular está contenida de esos imaginarios, lo que la mantiene en su estado de postración social y resignación.

La fe es el mayor mito inventado por el hombre que le ha hecho creer que él fue la creación de un ser superior y no por un proceso biológico de evolución histórica, configurando el mayor estado de alienación del hombre que lo alucina en la creencia de un cielo en donde encontrará la salvación de su alma, ha sido históricamente la más profunda creencia que ha hecho girar la vida espiritual del hombre alrededor de este mito. Nietzsche, el más radical crítico de la moral religiosa, ha señalado que el hombre de fe, el “creyente” de todo tipo, es un hombre dependiente, alguien que no puede ponerse a sí mismo como finalidad, que no puede erigir finalidades a partir de sí mismo. El “creyente” no se pertenece, sólo puede ser un medio, tiene que ser un medio, tiene necesidad de que alguien lo use y que todo tipo de fe, es por sí misma, una expresión de despersonalización, de autoalienación. La fe no mueve montañas sino que pone las montañas donde no las hay.

Por otra parte, en nombre de un Dios se han justificado muchos crímenes y se ha borrado la memoria cultural y mítica de los pueblos antiguos. Los fundamentalismos mantienen intacta la verdad de las cosas en un dogmatismo furioso que impide el desarrollo del pensamiento. La modernidad frente a estos dogmatismos nos llega tarde y, de alguna manera y, por otras razones, es una modernidad inconclusa, postergada o fragmentaria. El fundamentalismo religioso generalmente crea un fundamentalismo político o económico. Ahora, los procesos de secularización que se han dado en América Latina, generados por la cultura y el pensamiento heterodoxo ha situado al hombre en un mundo no concebido como un acto divino, lo que contribuye un desarrollo del pensamiento no mediado por la fe y guiado por la razón.

Manuel Martínez Casanova señala que la secularización en América Latina ha generado una independencia progresiva de la cultura, la política y la sociedad con respecto a la visión de la religión sobre el hombre y la sociedad y, una desacralización de la naturaleza que refleja el creciente dominio que sobre ésta ejerce el hombre con la ciencia y la tecnología. Así las cosas, la secularización del pensamiento hará posible una entrada a la modernidad entre nosotros, en tanto que el pensamiento religioso difícilmente podrá hacerlo por el espíritu de su mentalidad escolástica, en tanto que todo pensamiento religioso es alienante por definición, porque saca a los individuos de la realidad y lo pone a vivir en otra realidad fuera de este mundo.

Allí están sus limitaciones como pensamiento que quiere situar al hombre en su plena realización y salvación. El pensamiento secularizado está en una constante búsqueda por la verdad de las cosas y, esa es una lección original de la filosofía, en cambio, el pensamiento religioso ya tiene una verdad revelada de las cosas. El pensamiento no se puede fundamentar en dogmas ni en verdades reveladas ni fundamentarse en creencias religiosas porque ello no contribuirá a su desarrollo como expresión de la cultura y el conocimiento. La razón ilustrada y no la fe, es la que debe guiar el desarrollo del pensamiento. La relación entre ciencia y religión es conflictiva por esa injerencia del pensamiento religioso sobre las investigaciones humanas y sociales.

El pensamiento libre, como la ideología liberal, afirma el profesor Jorge Aurelio Díaz, fue originado de alguna manera por el protestantismo y ello históricamente tiene un enorme valor en el desarrollo del pensamiento en tanto que esa corriente preparó a sus fieles para la democracia liberal. En esa dirección el pensamiento libre permitió pensar nuevas formas de organización social y política. Las leyes de un país no pueden fundamentarse igualmente en creencias religiosas o supuestos teológicos pertenecientes a un determinado grupo social y tampoco puede el estado de una nación regirse por dogmas religiosos sino sobre leyes civiles [3] y, en esa dirección el desarrollo las ciencias humanas tampoco puede regirse bajo los preceptos religiosos porque el acceso a la modernidad se haría más traumático como efectivamente ha ocurrido en la historia de América Latina.

La injerencia de la iglesia en maridaje con el estado sobre el cuerpo femenino, por ejemplo, es una relación de poder que ha coartado su libertad y el libre desarrollo de la sexualidad en una práctica propia de las sociedades premodernas. La intromisión de la iglesia sobre el cuerpo femenino es una injerencia de poder fundada en principios religiosos que niega su autodeterminación y su autonomía individual. Con el argumento de la defensa de la vida se vulnera los derechos de la mujer.

El pensamiento requiere de una fundamentación no automática de las cosas que le permita al hombre pensar por cuenta propia y que se sirva de su propio entendimiento para ejercicio de la crítica, la libertad intelectual, el discernimiento y la autonomía. La modernidad hizo de la razón ilustrada la esencia del hombre.

 

Antonio Acevedo Linares

 

Referencias

1. Secularización y reconfiguración religiosa en América Latina: características y tendencias.
2. Cristiane Lelivre. Aborto: problema multifacético, polémica candente. Dominical. V.L. julio, 2001. Pág. 3.
3. Ibíd, Pág. 3.

Cultura & Sociedad
Antonio Acevedo Linares

Antonio Acevedo Linares (El Centro, Barrancabermeja, Colombia, 1957).Poeta, Ensayista y Sociólogo. Profesor universitario. Magíster en Filosofía Latinoamericana con especialización en Educación Filosofía Colombiana de la Universidad Santo Tomás y especialización en Filosofía Política Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros de poesía y ensayos: Plegable # 1 (Poesía), 1987; Arte Erótica, 1988, Plegable # 2 (Poesía) 1990, Plegable # 3 (Poesía) 1994, Sociedad de los poetas, 1998. Plegable # 4 (Poesía) 1999. Los girasoles de Van Gogh, Antología poética, 1980-1999. Vol.1, 1999, Plegable # 5 (Poesía) 2000, Plegable # 6 (Poesía) 2001, Poesía de viva voz (CD) 2004, Atlántica, Antología poética, 1980-2004. Vol.2, 2004, En el país de las mariposas, Antología poética, 1980-2007. Vol.3, 2007, Por la reivindicación del cuerpo y la palabra, (Reseñas criticas) 2008.La pasión de escribir (artículos, ensayos y entrevistas poetas y escritores colombianos) 2013. La poesía está en otra parte, 2016.

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