Miércoles, 22 de nov de 2017
Valledupar, Colombia.

Escudo oficial del departamento de la Guajira-Colombia El egoísmo social es un comienzo de sepulcro” 

Víctor Hugo

La respuesta sería común para muchos, estoy segura que circularía entre corrupción, desnutrición, desigualdad social, olvido estatal e indiferencia social; y no tengo ningún argumento que pueda debatir tal postura, pero sí una situación por sumar a esta lista de respuestas, no con la intención (exclusiva) de problematizar sino con el interés de sembrar esperanza en medio de tanto caos.

Considero que lo que está matando a la Guajira, entre muchas cosas, es también la deshumanización o “desguajirización en la que hemos caído, por omisión o acción, por mediocridad o por despiste, por ego necio o ambición desenfrenada. ¿Qué es entonces la “desguajirizacion”? El no vivirnos como hermanos y hermanas, el dejar fluir más la envidia que el amor, recuerdo que desde niña me enseñaron a decirle tío, tía o primo a los amigos de mis padres y a sus hijos, que mis vecinos podrían llamarme la atención con la misma autoridad de mis padres y que los de mi edad eran como mis hermanos, que los logros de los demás los vivíamos como propios, que cuando un guajiro se encontraba con otro en cualquier parte del mundo se abrazaba como si fuera la única oportunidad que tenía de hacerlo, que ayudaba al otro porque guajiro que se respete es buena gente.

Sé que me arriesgo a que algún lector me juzgue de fatalista o exagerada, pero, lastimosamente, ya la “guajiridad” amorosa no es la regla sino la excepción, y por eso es hora de que cada persona deje de señalar a los demás y comience a reinventarse desde el amor, la paz espiritual, la generosidad y la solidaridad, que no sea tan difícil vivir en comunidad (genuina) no aparente.

Mi argumento radica en que por varias semanas estuve escuchando a personas que me contaban de manera independiente pues incluso varias de ellas no se conocen, algunas historias de deslealtad, persecución o egoísmo de “paisanos” guajiros, es decir, de amigos nacidos en la misma tierra y criados como hermanos.

¿Qué está pasando? Si antes vivíamos como si fuéramos un vallenato en guitarra que deleita con la armonía que proyecta, ahora celebran que a alguien lo destituyan del cargo, lo investiguen o le ocurra algo negativo, y se escuchan a personas decir, “es que eso le pasa porque el contrato que le dieron era para mi y por palanca se lo dieron a él o a ella”.

Así no es. Cosificarnos como entes no “sentipensantes” es la peor desgracia que puede ocurrirle a la Guajira, porque entramos en una desnutrición crónica de valores, en un vicio irremediable de envidias, en una corrupción eterna de sentimientos y en una condena inamovible de subdesarrollo; pues bien sabemos que el desarrollo no está en el cemento que cubra nuestros pueblos sino en la evolución humana integral de las comunidades, familias y personas; eso es rehumanizarnos y retornar a ese universo de la guajiridad, donde lo que le pase a uno le pasa al otro, donde se celebran los triunfos como compadres, mopris, hermanos de causa y se afrontan los problemas unidos y fortalecidos como cactus en pleno desierto que por más adversidad se mantienen imponentes y firmes.

La Guajira merece sanarse de una enfermedad que impacta su realidad política, social y cultural; el ego (desenfrenado) que impide acciones humanizadas, pareciera que el poder solo se aplicara a la ambición (egoísta y peligrosa) y no a la del servir y apoyarse mutuamente, para que los logros no sean particulares sino colectivos; querer el bien común no implica aplazar los logros propios, por el contrario representa preparar el camino para el bienestar de sí mismo y de los demás, ojalá que el miedo no nos siga lapidando sueños, porque estoy segura que cuando alguien hace todo lo posible por truncar proyectos de otros, no es otra cosa que inseguridad.

Falta mucho por educarnos en el camino de la generosidad que permite deleitarnos genuinamente en los que los demás logren como alimento e inspiración para seguir adelante, es decir, dejar de vivir desde competencias dañinas para activar la “coopetencia y la cooperación”.

Es hora de reaccionar porque la Guajira está en manos del ego que produce ceguera, terquedad y ambivalencia, pero hay que seguir alertas y despertando a nuevas realidades para que no mueran las esperanzas, aún estamos a tiempo de reaccionar. Creo que una minoría ya lo está logrando –el letargo está llegando a su fin-, como diría Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, y termino estas letras con una frase que mantiene mi fe en la causa “lo creemos, lo logramos”.

¡Re-invéntate pueblo!

 

Fabrina Acosta Contreras

@FACOSTAC

 

Evas&Adanes
Fabrina Acosta Contreras

Mujer natal de la hermosa tierra Guajira, nieta de Rita Contreras mujer de 105 años leyenda viva de Villanueva, es Psicóloga, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia, actualmente cursa la Maestría en estudios de Género y violencia intrafamiliar, y ha realizado diversos diplomados en gerencia social, trabajo con comunidades indígenas e infancia.

Creyente absoluta del Arte en todas sus manifestaciones, considera que la literatura es el camino a la libertad pacifica de los pueblos. Amante fiel de la lectura y firme aprendiz del arte de escribir. Eterna enamorada de las tertulias y del arte en general, encuentra en ello el camino adecuado para el desarrollo social.

Es creadora y directora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual, se proyecta como una empresa social de alto impacto para el desarrollo de la Guajira y lidera diversas actividades como la iniciativa cultural denominada: Foro Concierto La Mujer en el Vallenato.

Autora del libro Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres, como poseedor de la magia de sus vivencias en diferentes culturas donde descubrió historias femeninas que metafóricamente tejen ese universo de la Mujer sin Receta; Autora del libro Evas culpables, Adanes inocentes.

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