Martes, 19 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

 

No logro explicarme cómo existen matrimonios que conviven tantos años bajo el eterno imperio de la celotipia, y esta relación les resulta tan normal y placentera que parece no afectarlos en lo más mínimo.  Y lo más llamativo de esta aberrante enfermedad, consistente en el desbordamiento excesivo de los celos pasionales, es que logra compenetrarse tanto con la gente, que las parejas terminan disfrutándola y creando una mutua dependencia: no pueden estar el uno sin el otro, y a los dos les hace falta el conflicto permanente originando por el rencor de los celos patológicos. 

Actualmente, como es de conocimiento público, la celotipia persigue a un alto porcentaje de los hogares colombianos –y tal vez del mundo entero-, y ésta es la causa porque con marcada frecuencia observamos las tragedias familiares que ocurren en el país, y que se convierten en noticias de primer orden en todos los medios informativos, sobre todo, en aquéllos de temperamento sensiblero y conducta amarillista. 

Muchos desastres suceden cuando uno de los protagonistas está bajo los efectos del alcohol o  cualquier otro tipo de alucinógeno. Éste es el momento para que los celos desmedidos se apoderen de él, y entonces cruzan por su mente las más absurdas visiones: ve a su pareja en brazos de otro u otra, besándose apasionadamente e incluso  llega a percibirla en plena acción de las relaciones sexuales. De acuerdo con las más recientes investigaciones sicológicas, está comprobado que la persona celotípica actúa de manera irracional y jamás alcanza a tener un momento de tranquilidad.  Por su imaginación solo desfilan los contactos clandestinos, las citas furtivas y las escenas eróticas –propiciadas por su pareja- que le producen los celos excesivos. Debido a esto, al afectado,  constantemente lo asalta el temor de perder el afecto de su cónyuge –u otra persona-, siendo esto, por tanto, reflejo de un estado permanente de inconformismo, acompañado con marcados sentimientos de inferioridad, que se traducen en frecuentes  reacciones de violencia, de odio y de agresión verbal.

En otras personas, los mismos celos, más profundos y desprendidos de la realidad, pueden corresponderse con intenciones sadomasoquistas del afectado y formar parte de un complejo sicótico-paranoide que las perturba insistentemente. Esto sucede, porque  a cada quien le hace falta el rival para generar los conflictos, pues los celos de ambos, como es obvio, se basan en puras fantasías. Casos típicos de esta aberración suceden a diario en los pueblos colombianos, donde cualquier marido, o esposa, enloquecido y presa de los celos enfermizos, acaban con la vida del cónyuge. Y hace ya casi doscientos años, Manuelita Sáenz, víctima de un ataque celotípico, casi le mutila una oreja a Simón Bolívar, cuando se enteró de que éste había pasado una noche completa follando con una dama de la sociedad limeña en la quinta de La Magdalena. Éste, fue uno de los infinitos arrebatos pasionales que protagonizó “mi amable loca”, como solía llamarla El Libertador.

Sinceramente, considero que vivir bajo el acecho de la celotipia debe generar una situación difícil y tormentosa para cualquier matrimonio. Y tenemos conocimiento de que este síndrome viene acompañando a la Humanidad desde tiempos antiquísimos, y actualmente es el plato de entrada en muchos hogares del mundo.  Yo, particularmente, he sido testigo de algunos casos sui generis de arrebatos celotípicos que me han desbordado mucho la atención. En una época, hace ya muchos años, tuve un amigo –quien hoy vive en uso de buen retiro- que estuvo a punto de morir acribillado por su esposa, quien, víctima de un ataque de celotipia, le reclamaba, cuchillo en mano, que había pasado toda la mañana pastoreando con otra mujer. Ignoraba la furibunda señora que su inocente marido había estado varias horas del día tomando tragos conmigo en una cantina invisible muy cerca de su residencia. 

Sin embargo, lo más curioso del conflicto era que mi amigo gozaba, según yo lo percibía, con los reclamos insistentes de su mujer, y para enfurecerla, en algunas ocasiones,  él mismo se manchaba la camisa con pintalabios, guardaba en los bolsillos papelitos con números telefónicos y nombres ficticios  o se hacía enviar mensajes cifrados desde otros lugares.  Y como era de esperarse, la mujer enloquecía de furia ante las evidencias, y el personaje de marras encontraba un pretexto para largarse nuevamente. Hoy, me atrevo a pensar que las argucias de mi amigo son utilizadas, con toda seguridad, por muchos hombres de talante similar, que sólo lo hacen para demostrar virilidad, incentivar el machismo y perturbar a las parejas. Y, las mujeres, tragándose el cuento, enloquecen de furia, víctimas de los celos implacables. Como vemos, a todos los cónyuges, hombres o mujeres, les vendría de perlas un diálogo escueto y una profunda reflexión para derrotar la celotipia.

 

Eddie José Daniels García

 

Reflejos cotidianos
Eddie José Dániels García

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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