Viernes, 28 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

De izquierda a derecha: Socrates, Voltaire, Pierre Bayle, Baruch Spinoza y John Rawls

 

La defensa de la tolerancia surgió históricamente entre el conflicto de una iglesia mayoritaria y sus disidentes. En el siglo XVI se habló por primera vez de tolerar a los equivocados en cuestiones de fe. El principio de tolerancia fue establecido en gran medida por el grupo italiano de reformistas dirigidos por Fausto Sozzini que en 1574 rechazaron la doctrina de la Trinidad y fueron los fundadores de la corriente reformista llamada unitarismo.

Los vencedores de la guerra religiosa crearon un principio ético que concedía indultos a los "herejes" e "impuros" otorgando el "perdón" y la "indulgencia", formulada por este precepto de tolerancia y, en este contexto, su significado histórico radican en la ruptura del mundo religioso cristiano y la conciencia de las múltiples creencias y doctrinas teológicas. Moro, Erasmo, Montaigne esbozaron los primeros argumentos, pero nunca llegaron a plantear la existencia de un derecho inherente de todo hombre a la libertad de conciencia y religión. La tolerancia era apenas un recurso de los príncipes para restaurar la convivencia pública, rota por el conflicto entre los ortodoxos y heterodoxos. La autoridad civil debía tolerar al disidente por las mismas razones que toleraba a las prostitutas; para evitar males mayores. [1]

El concepto de Tolerancia en los griegos

Voltaire señalaba que los griegos y antiguos pueblos civilizados no ponían trabas a la libertad de pensar y que a los griegos por muy religiosos que fuesen les parecía bien que los epicúreos negasen la Providencia y la existencia del alma. Que todos los antiguos pueblos civilizados tenían una religión pero que la usaban con los hombres del mismo modo que con sus dioses, todos reconocían un dios supremo pero le asociaban una cantidad prodigiosa de divinidades inferiores; sólo tenían un culto, pero permitían una multitud de sistemas particulares. Los romanos, continua Voltaire, no profesaban todos los cultos, no daban a todos sanción pública pero los permitieron todos. Los romanos se caracterizaban por su tolerancia. El Senado y el pueblo tenían un principio que los guiaba y era: "sólo a los dioses les corresponde entender de las ofensas ingeridas a los dioses". [2]

Los romanos tenían un consentimiento hacía todos los dioses y sólo eran objetos de culto los césares deificados. Cicerón llegó a dudar acerca de todo. Lucrecio lo negó todo y no se le hizo ningún reproche, dice Voltaire que la tolerancia llegó tan lejos que Plinio el naturalista empieza su libro negando la existencia de Dios diciendo que hay uno, que es el sol. Cicerón llegó a negar la existencia del infierno, igual que Juvenal y Séneca decía que no hay nada después de la muerte y ante todas estas afirmaciones nunca hubo la menor protesta. Jesucristo, escribió Voltaire en su Tratado sobre la Tolerancia, nunca tuvo ningún acto de intolerancia;  sus actos predicaban la dulzura, la paciencia y la indulgencia: allí están el Samaritano caritativo, el perdón a la pecadora, los invitados de Caná, la no-indignación contra Judas, etc. Y su muerte humanamente, dice Voltaire, tiene mucha relación con la muerte de Sócrates que muere a causa del odio de los sofistas, los sacerdotes y los principales del pueblo. Sócrates pudo evitar su muerte y no quiso, Jesucristo se ofreció de manera voluntaria. Ambos aceptan estoicamente el sacrificio.

Sócrates llegó a perdonar a sus acusadores y jueces y Jesucristo pidió a su Padre que perdonara a sus enemigos [3]. Sin embargo, hay que señalar que los griegos consideraban a los extranjeros como "bárbaros" y en ese sentido Aristóteles decía que los bárbaros eran "esclavos naturales".  El proceso contra Sócrates por haber introducido nuevos dioses en lugar de los dioses oficiales de la polis son elementos que señalan que en el politeísmo de la antigüedad hubo crisis. La sociedad ateniense se reivindica después de la muerte de Sócrates al condenar a muerte a su principal acusador, Melito, y los demás jueces y acusadores fueron condenados al destierro. A Sócrates se le erige un templo. [4] 

En el juicio se le acusa de introducir en la ciudad nuevos dáimones y él hace el esfuerzo por probar su existencia. El juicio contra Sócrates fue como un verdadero palo de ciego que el pueblo de Atenas descargó en un momento de atroz nerviosismo. Él era el representante de las viejas generaciones educado en una época en que la democracia no se había generado, ni la nueva cultura había llegado a Atenas y, la vida del pueblo no se había modernizado aún. El pueblo ateniense se había endurecido y carecía de la reflexibilidad que hubiera tenido en una época más creadora y, a ciegas dirigió la protesta contra Sócrates; la protesta se levantaba contra las ideas, a las que se le echaba, en los malos tiempos, la culpa de todo. El pueblo ateniense había pasado una época de revoluciones sangrientas, cambios constitucionales y las nuevas ideas se habían convertido  en instrumento de rapiña y sangre y se practicaba la soberanía del más fuerte.

La acusación de corrupción de la juventud no consistía en Sócrates en hacerlos viciosos sino en elevarlos a extrañas perfecciones en el cultivo de la inteligencia, en la supresión de la espontaneidad, en entregarse a la razón. La acusación lo presentaba como contradictor y antagonista [5]. En el juicio contra Sócrates, se pone en evidencia el carácter de intolerancia del pueblo ateniense, quizás como consecuencia de lo arriba señalado. Protágoras sufrirá también la intolerancia de la sociedad que le toca vivir. Sus libros fueron condenados a la hoguera en el Ágora. A Anaxágoras lo expulsaron por haber afirmado que el sol no era más que una piedra ardiente.  

El concepto de Tolerancia en la Reforma, la era de la Ilustración, la Enciclopedia y el Liberalismo

La Reforma fue un movimiento promovido por Martín Lutero y J. Calvino principalmente, a favor de la renovación de la iglesia que desembocó en la libertad religiosa al crearse nuevas iglesias independientes del papado. La crítica histórica contra la Iglesia se había iniciado durante el renacimiento que abogaba por una divulgación de la Biblia y de los escritos de los padres de la iglesia, gracias a la invención de la imprenta. Este movimiento fue apoyado por los círculos de la nobleza, de la burguesía, por los humanistas y el clero secular y monástico.

El movimiento se enfrenta a grandes dificultades, como los levantamientos de los campesinos y los anabaptistas y un sector de los humanistas. Se concedió la libertad religiosa a los protestantes para conservar la paz religiosa de Nurember (1532). Hacia 1561 la mayor parte de Alemania era protestante. La iglesia católica reconquista, sin embargo, algunos territorios, que es el periodo que se conoce como la Contrarreforma [6].

Ahora bien, Voltaire afirma lo absurdo de ser intolerante en tanto que los jesuitas debieron ser tolerados bajo la condición de renunciar a sus métodos de propaganda, proscritos en Francia en 1762. [7] y en el año 313 el emperador Constantino concedió la tolerancia oficial al cristianismo y su religión fue declarada como la religión oficial del Estado, excluyendo a las demás religiones, se constituyeron así en dos poderes, uno material y otro espiritual que fueron el poder el Estado y el poder de la Iglesia, originándose de esta manera la consolidación del poder de la Iglesia y gestándose formas de intolerancia. Una vez que estaban en el poder se transformarían en perseguidores de los "herejes" como los arrianos y los donatistas. [8]

La doctrina dogmática de la religión cristiana traería como consecuencia una lucha encarnizada por defender "la pureza de la doctrina" y mantener la estructura jerárquica, legitimando su dominio de la sociedad medieval. San Agustín condenó a los herejes y creyó legítimo emplear medidas de fuerza contra ellos porque consideraba la herejía como un alejamiento del dogma y un desorden del alma que podría llevar al hombre a la condenación eterna [9]. Tomás de Aquino compara la autoridad del Papa y la autoridad real con el dominio del alma sobre el cuerpo.  La meta suprema y el sentido de la vida del hombre es su salvación y para ello están la Iglesia y su pastor supremo. Consideraba que el persistir en su propia opinión sin aceptar razones contra ella, sólo expresa dureza y rigidez. [10]

La tolerancia en los siglos XVI y XVII adquiere un sentido más amplio en el orden teológico, en el orden político y en el orden social. La inquisición hizo de la hoguera el fuego que purificaba a los herejes. El fundamento teórico de esta intolerancia religiosa fue la de determinar que una institución y sus funcionarios y sacerdotes señalarían para el hombre cuál era la meta suprema de la existencia y señalaba el camino que conduciría a esa meta para la salvación del alma. La cacería de "brujas" y las Cruzadas se llevaría a cabo desde finales del siglo XI hasta finales del siglo XII. En la Alta Edad Media del periodo 1430 y 1540 adquirirían un carácter sistemático los procesos y persecuciones y entre 1590 y 1630 después de la Reforma, alcanzaría su máximo nivel.  Al quemar el cuerpo de un hereje se podía salvar su alma inmortal [11].

Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue un precursor de la modernidad y del principio de la tolerancia. En su Elogio de la locura (1511) hace una dura crítica contra la decadencia de las costumbres de su época, la superstición y la iglesia. Crítica los abusos de la iglesia oficial, la intolerancia y las persecuciones. Su Elogio de la locura es un texto precursor de un moralismo laico en tanto se anticipa a la Reforma y proyecta elementos de la primera etapa de la conciencia burguesa en los tiempos modernos. Con H. Kamen, afirma Jaramillo Vélez, que la sustitución del dogma por el moralismo fue lo que preparó el camino de la tolerancia [12].

Ahora bien, Pierre Bayle (1647-1706) será el primer pensador de la edad moderna que, adelantándose a su época, promulgará la tolerancia religiosa del Estado, la libertad de conciencia y la tolerancia también a los ateos entre las personas que debían ser respetadas por las autoridades. Consideraba este pensador que la intervención de las autoridades en las contiendas religiosas no tenían legitimidad y que la blasfemia no podía ser delito y que la fe religiosa no puede soportar la coacción en tanto que no existe un criterio objetivo para examinar las convicciones subjetivas sobre la evidencia que es una cualidad relativa. Sólo la conciencia individual puede ser instancia para determinar si un convencimiento es o no verdadero. La conciencia individual es la única instancia normativa legítima y allí radica un principio de tolerancia. Bayle, como J. Locke, no aplica la tolerancia a favor de los católicos que no toleran otras creencias.  Según su tesis, el intolerante no puede esperar tolerancia de los demás [13]. 

En John Locke (1632-1704), la tolerancia es uno de los deberes del Estado. En su Carta sobre la Tolerancia (1689) argumenta la tolerancia estatal en materia religiosa. El Estado, afirma Locke, debe ser tolerante con las convicciones religiosas de sus ciudadanos "porque a él no le corresponde la cura de las almas y ni las torturas o confiscaciones puede contribuir a que el hombre cambie en su interior"[14]. Una cura caritativa que consiste en llamar a la razón no puede ser negada a nadie.  Nadie puede ser molestado por ser o no cristiano. Locke se refiere a la cura autoritaria que consiste en emitir leyes y en hacerlas cumplir. La tolerancia obliga a que ninguna iglesia está obligada a mantener en su seno a una persona que viola leyes de su sociedad, a que ningún hombre puede atentar o disminuir los derechos civiles de otro por el hecho de que este se declare ajeno a la religión y rito de aquel, y nadie puede ser obligado contra su voluntad a ser sano y rico.  Locke no otorga al Estado ningún derecho sobre la propiedad del individuo justificada por el derecho natural, originándose allí los principios del individualismo pero otorga la propiedad sobre la fe religiosa.

En Locke el concepto de tolerancia se amplía la esfera de lo político y lo individual.  La concepción de tolerancia formulada por Locke contribuye a la evolución constitucional de Inglaterra y sólo hasta 1771 se admite a los disidentes para cursar sus estudios en Oxford y Cambribge y en 1827 acceden a los cargos en la administración estatal [15]. 

Locke señala en su Carta sobre la Tolerancia que la tolerancia es el rasgo más característico de la verdadera Iglesia y que el objetivo de la verdadera religión no ha existido para el lujo, el señorío de los prelados o la fuerza compulsiva, sino para asentar una vida guiada por la rectitud y la caridad. Cree necesario separar la Iglesia y el Estado por cuanto se debe establecer la diferencia que existe entre los asuntos civiles y religiosos. En Locke prima la vocación y la voluntad moral porque afirmaba que quien careciera de caridad, humildad y buena voluntad estaría muy lejos de ser un cristiano auténtico.

En su pensamiento converge la piedad evangélica y el racionalismo. Señalaba que tolerar a aquellos que difieren de los demás en asuntos de religión es asunto que concuerda con el Evangelio y con la razón y extraña que ciertos hombres cieguen ante esta luz. Los asuntos del gobierno civil y de la religión deberían limitarse uno de otro. Locke consideraba al Estado como una sociedad de hombres constituida para preservar sus propios intereses de orden civil: la vida, la libertad, la salud, el descanso del cuerpo y la posesión de las cosas como dinero, tierra, casas, etc. Señala su convicción de respeto por las creencias y decisiones del individuo, siempre y cuando no perjudiquen a los demás y señala que en ningún lugar del Nuevo Testamento dice que la Iglesia debe obligar por “la fuerza, a hierro y fuego” [16].

En su Ensayo sobre la Tolerancia, Locke analiza las acciones y las opiniones de los individuos y propugna por una tolerancia ilimitada, limitada y por excluir toda clase de tolerancia. Los papistas deberían quedar excluidos del beneficio de la tolerancia por cuanto se consideran obligados a negar la tolerancia de los demás y defienden una tolerancia limitada por la exigencia de no debilitar el Estado ni causar daños a la comunidad. En su “Carta sobre la Tolerancia” afirma que los que niegan a Dios no pueden ser tolerados de ningún modo [17]. Locke escribió dos textos sobre la tolerancia: Carta sobre la Tolerancia y Ensayo sobre la Tolerancia (1667); que aunque publicados anónimamente el primero e inédito el segundo, son documentos importantes a favor de la libertad de conciencia. 

Con Baruch de Spinoza y su obra Tratado Teológico-político (1670), la tolerancia religiosa avanza en Europa. Spinoza fundamenta en su obra el derecho de las autoridades en asuntos religiosos y de la necesidad de la tolerancia, y plantea que la finalidad del Estado es de hecho, la libertad.  Esa libertad era necesaria en Spinoza porque ella era indispensable para el progreso de la ciencia y el arte. En su defensa de la libertad de expresión Spinoza argumentará que " cada cual tiene la libertad de pensar lo que quiera y de decir lo que piense [18]".  

En su obra Espíritu de las Leyes (1748), Montesquieu también se ocupa de la tolerancia religiosa.  Allí expresa el carácter político de la tolerancia. Afirma que, cuando las leyes de un país consideran necesario tolerar varias religiones, deben también obligar a éstas a una recíproca tolerancia, porque la religión oprimida cuando sale de esta situación se confiere en opresora como una tiranía [19].

Voltaire (1694 – 1778) escribe con ocasión de la muerte de Jean Calas (1762) su Tratado sobre la Tolerancia (1763). Jean Calas era un hombre de 78 años de edad que ejercía la profesión de comerciante en Tolosa desde hacía más de cuarenta años y era considerado un buen padre. Era protestante. Voltaire en su Tratado sobre la Tolerancia nos cuenta el suplicio de la vida de Jean Calas donde señala que todas las cofradías merecen respeto. Escribe Voltaire que los japoneses (siglo XI) eran los más tolerantes de todos los hombres: doce religiones pacíficas estaban establecidas en su imperio pero al llegar los jesuitas se desató una guerra civil porque no querían tolerar a ninguna otra. Esto da pie a Voltaire para señalar que no se debe predicar ni ejercer la intolerancia. La intolerancia ha cubierto la tierra de matanzas y son la vergüenza de los pueblos que no conocen la tolerancia. Los abusos de la intolerancia son descritos por Voltaire en su Tratado, la crueldad, la injusticia, etc. Afirma, además, que para que un gobierno no tenga derecho a castigar los errores de los hombres, es necesario que esos errores no sean crímenes, y sólo son crímenes cuando perturban la sociedad y perturban la sociedad si inspiran fanatismo. Los hombres deben empezar por no ser fanáticos para merecer la tolerancia.

Voltaire aboga por una tolerancia universal en donde los cristianos deben tolerarse unos a otros, y en la ilustración y en el saber ve la cura para la estupidez humana [20]. En 1675 se publica la Enciclopedia donde se compendia todos los conocimientos de la época del periodo de la Ilustración consagrando un capítulo a la tolerancia.  La intolerancia, se afirma en la Enciclopedia, conduce a una "guerra de opinión" y  en ese sentido la tolerancia es un simple dictado de la prudencia porque con la prohibición y la duda sistemática los errores se eternizan y se evita el progreso de los conocimientos. Allí se concluye que el fanatismo es el origen de la intolerancia y su consecuencia, porque las fuentes del fanatismo son los dogmas irracionales, la moral cruel, el uso de los castigos difamatorios y la persecución. Allí también se consigna sobre el "fanatismo patriótico" en cuanto que sus contenidos son demagógicos.

Los enciclopedistas llamaron a la intolerancia, esa vesánica perturbación del ánimo, “pasión feroz” (Córdoba Triviño, 1995). En los siglos XVII y XIX y XX, las Constituciones aseguran institucionalmente la tolerancia. El Estado Social de Derecho reacciona contra la forma represiva y amplia el espacio para la tolerancia. Se declaran nuevos derechos sin discriminación de raza, origen, nacionalidad, idioma, sexo, orientación sexual, minusvalía, posición social, edad, convicciones religiosas, ideológicas o políticas.

En 1789 se establecen las declaraciones de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en la que se declara la igualdad y la libertad de los hombres en sus derechos. La Revolución Francesa genera profundos cambios políticos y culturales que hace que la tolerancia se transforme de precepto moral a norma jurídica con el reconocimiento de los derechos inalienables de los individuos. De las controversias de índole religiosa se traslada a las controversias de índole político. El concepto de tolerancia se amplía del ámbito teológico al ámbito civil. El estado liberal se fundamentó en este principio para sentar las bases jurídicas, políticas y económicas de sus estructuras promoviendo el estado de derecho fundado en el respeto y la garantía jurídica de los derechos de libertad. La tolerancia resultó ser una expresión ética del derecho que transformó el antiguo esquema de principio y valores en otro esquema normativo que garantiza constitucionalmente el valor de la opinión de los individuos.

En la Ilustración, el concepto de tolerancia basado en una ciudadanía universal no tuvo mayor auge ante el nacionalismo y el chauvinismo del siglo XIX. La falta de una identidad nacional llevó al menosprecio de las demás naciones extranjeras como el antisemitismo. Los judíos eran la minoría que pertenecía a la religión cristiana. Alrededor de esta minoría se crearon  muchos mitos que contribuyeron a generar odios contra ella y la tradición cristiana contribuyó a incrementar los prejuicios en su contra [21].

En su obra Acerca de la Libertad (1858), J.S. Mill, representante del pensamiento clásico liberal y social inglés, avizoraba el peligro de un poder gubernamental represivo y la amenaza de una "tiranía de la mayoría" como la "opinión pública”. Había que defender a la sociedad contra la inclinación a imponer sus propias ideas y costumbres a los indóciles. Mill está a favor de una tolerante reserva de la opinión pública frente a las diferentes opiniones conceptos y convicciones de los individuos y los grupos. La sociedad sólo puede intervenir en la esfera de lo individual si su fin es "evitar daños a terceros”. Aboga por el derecho a seguir las propias inclinaciones siempre y cuando no perjudique a los otros y por el derecho de reunión.  La tesis de Mill es que la opinión pública tiende a ser a veces muy intolerante sobre todo cuando no se informa y educa. La tolerancia en Mill es la libertad del individuo frente a las coacciones, el hombre debe poder moverse libremente con libertad y sin interferencias por parte de la sociedad [22].

Mill J.S. escribe su ensayo sobre la libertad dónde su objeto no es el libre albedrío sino la libertad social o civil, la naturaleza y límites del poder que puede ser ejercido legítimamente por la sociedad sobre el individuo. Señala Mill que es necesario limitar el poder del gobierno sobre los individuos, incluso cuándo los gobernantes son responsables ante la comunidad. Se requiere de una protección contra la tiranía de las opiniones y pasiones dominantes, contra la tendencia de la sociedad a imponer como reglas de conducta sus ideas y costumbres a los que difieren de ellas, contra su tendencia a obstruir el desarrollo e impedir la formación de individualidades diferentes.

Afirma que la intolerancia es tan natural en la especie humana, en todo aquello que le afecta en verdad, que la libertad religiosa no se ha realizado en ninguna parte, excepto allí donde existe la indiferencia religiosa. La esfera propia de la libertad humana  comprende el dominio interno de la conciencia, la libertad de pensar y sentir, la libertad absoluta de opiniones y de sentimientos, sobre cualquier asunto practico, especulativo, científico, moral, o teológico.

El principio de la libertad humana requiere la libertad de gustos y de inclinaciones, la libertad de organizar nuestra propia vida siguiendo nuestro modo de ser. No se puede llamar libre a una sociedad, cualquiera sea la forma de gobierno, si estas libertades no son respetadas. El reconocimiento de éstas libertades en J.S. Mill es el reconocimiento del valor de la tolerancia y el respeto por el otro, que al reconocer su valor debe existir completa libertad de procesar y discutir, como materia de convicción ética [23].  

En su Teoría de la Justicia (1971), John Rawls plantea su formulación teórica sobre la tolerancia. Se pregunta: ¿Una secta intolerante tiene derecho a quejarse cuando no se la tolera? Su respuesta es que la secta intolerante no tiene derecho a quejarse cuando no se la tolera. Si una persona se queja porque violan sus derechos esto se limita a la "violación de principios que ella misma reconoce". Rawls reconoce la legitimidad de la defensa de esta intolerancia. Una secta intolerante no puede quejarse si no se le tolera, pero ello no legitima que los tolerantes agrupados en sectas o iglesias tengan derecho a oprimir a los intolerantes.   

Una tolerancia hacia los intolerantes fomenta entre los ciudadanos intolerantes, al vivir entre actos y actitudes de tolerancia, principios de reconocimiento de la libertad de conciencia, argumenta Rawls, aunque esto tiene sus riesgos porque puede ocurrir lo contrario y estos grupos no pueden convertirse a la libertad y sólo en casos extremos hay que limitar la libertad de los intolerantes [24].

El tema de la tolerancia religiosa, escribe Rorty, es recurrente en los escritos de Rawls y cuándo da ejemplos del tipo de opiniones que una teoría de la justicia debe tomar en cuenta y sistematizar, cita con convicción que la intolerancia es injusta [25]. Rorty señala que el argumento de Rawls contra el fanatismo no consiste en suponer que éste pone en peligro la verdad sobre las características de un orden metafísico y moral antecedente al amenazar a la libre discusión, sino simplemente que el fanatismo es una amenaza contra la libertad y, con ello, pone en peligro a la justicia.[26] Señala Rorty que Rawls quiere que las teorías acerca de la naturaleza humana y sus fines se separen de la política, quiere que su concepción de la justicia “evite supuestos acerca de la esencia e identidad de las personas”. Rawls quiere relegar las preguntas sobre el fin de la existencia humana o el sentido de la vida, a la vida privada. En una democracia liberal no solamente las opiniones acerca de esas cuestiones estarían libres de cohesión legal, sino que se tendería a separar las discusiones acerca de dichos temas de las discusiones sobre políticas sociales. Se emplearía la fuerza contra la conciencia individual en la medida en que la conciencia llevara a los individuos a actuar en forma que amenazara a las instituciones democráticas.

Rorty señala que la tolerancia no tiene que ir tan lejos que nos veamos obligados a aceptar el vocabulario que nuestro interlocutor desea usar y tomar en serio cualquier tópico que éste quiera someter a discusión. Esto va de la mano con el rechazar la idea de que existe un vocabulario moral único y un conjunto de creencias morales apropiados para cualquier ser humano, en cualquier comunidad o lugar [27]. El rehusar discutir acerca de lo que los seres humanos deberían ser parece indicar desprecio por el espíritu de tolerancia que es esencial en la democracia. Pero no resulta claro cómo el sostener que los seres humanos deberían ser liberales en vez de fanáticos no nos conduce de nuevo a una teoría filosófica de la naturaleza humana [28]. 

En su Teoría de la Justicia, Rawls considera que entre las libertades básicas está la libertad política, el derecho de expresión y reunión, la libertad de pensamiento y  de conciencia. La formulación de estos principios señala que cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás [29].  


Antonio Acevedo Linares

 

Anotaciones: * La palabra “tolerancia “proviene de la raíz indoeuropea tol.tel.tla, de la que se derivan tollere y tolerare. Tollere significa levantar, quitar y a veces destruir. Tolerare significa llevar, soportar,  a veces combatir. Esto significa que bajo la idea de guerra y la idea de esfuerzo subyace la noción de tolerancia. (Claude Sahel. La Tolerancia: Por un humanismo herético. Ed. Cátedra. Madrid, 1993, Pág.16).

 

Referencias

[1] Triviño Córdoba, Jaime. Cartas del defensor No. 10. Defensoría del pueblo. Santa Fe de Bogotá, 1995. Pág. 68.

[2] Voltaire. Tratado sobre la tolerancia. Ed Alfaguara. Madrid 1978. Pág 26.

[3] Ibíd., Pág. 28

[4] Ibíd., Pág. 29

[5] Tovar, Antonio. Vida de Sócrates. Alianza Universidad. Madrid, 1984 pág, 222.

[6] Gran Enciclopedia Ilustrada. Plaza y Janés Editores. Tomo 10. Barcelona 1984. Pág 3441.

[7] Voltaire. Opúsculos satíricos y Filosóficos. Ediciones Alfaguara Madrid, 1978.Pág.26. 

[8] Iring Fetscher. La Tolerancia. Panorama Histórico y problemas actuales. Editorial Gedisa. Barcelona, 1995. Pág. 27 - 144

[9] Ibíd., Pág. 74

[10] Ibíd., Pág. 76

[11] Ibid, pág 96

[12] Jaramillo, Vélez. Rubén. Colombia: la modernidad postergada. Argumentos. Bogotá,   1998. pág 261.

[13] Fetsher, Iring. La tolerancia. Panorama histórico y problemas actuales. Gedisa. Barcelona 1995,pág 74.    

[14] Locke, John. Carta sobre la tolerancia. Grijalbo. México 1979. pág 18.

[15] Fetscher, Iring. La tolerancia. Panorama histórico y problemas actuales. Gedisa. Barcelona, 1925,pág 78

[16] Jaramillo Vélez, Rubén. Colombia: La modernidad postergada. Argumentos Bogotá 1998. Pág 267.

[17] Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Hora. Tomo 3. Barcelona 1982.

[18] Spinoza, de Baruch. Tratado teológico- político. Ed Orbis. Barcelona 1985.  

[19] Montesquieu. El espíritu de las leyes. Sarpe. Madrid 1984.

[20] Voltaire. Tratado sobre la tolerancia. Ed Alfaguara. Madrid, 1976.

[21] Fetscher, Iring. La tolerancia. Panorama histórico y problemas actuales. Gedisa. Barcelona 1995 pág 20

[22]Mill J.S. Acerca de la libertad. Aguilar. Madrid, 1971, Vol. 2, pág 170

[23] Ibid,. pág 5-25.

[24] Rawls, John. Teoría de la justicia. Fondo de cultura económica. Madrid, 1971. pág 247

[25] Rorty, Richard. La primacía de la democracia frente a la filosofía. En Sociológica. U.A.M. México 1986- 1987.

[26] Ibid, pág 114

[27] Ibid, 122.

[28] Ibid, pág 122.

[29] Rawls, John. Teoría de la justicia. Fondo de cultura económica. Madrid, 1991. pág 211

Cultura & Sociedad
Antonio Acevedo Linares

Antonio Acevedo Linares (El Centro, Barrancabermeja, Colombia, 1957).Poeta, Ensayista y Sociólogo. Profesor universitario. Magíster en Filosofía Latinoamericana con especialización en Educación Filosofía Colombiana de la Universidad Santo Tomás y especialización en Filosofía Política Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros de poesía y ensayos: Plegable # 1 (Poesía), 1987; Arte Erótica, 1988, Plegable # 2 (Poesía) 1990, Plegable # 3 (Poesía) 1994, Sociedad de los poetas, 1998. Plegable # 4 (Poesía) 1999. Los girasoles de Van Gogh, Antología poética, 1980-1999. Vol.1, 1999, Plegable # 5 (Poesía) 2000, Plegable # 6 (Poesía) 2001, Poesía de viva voz (CD) 2004, Atlántica, Antología poética, 1980-2004. Vol.2, 2004, En el país de las mariposas, Antología poética, 1980-2007. Vol.3, 2007, Por la reivindicación del cuerpo y la palabra, (Reseñas criticas) 2008.La pasión de escribir (artículos, ensayos y entrevistas poetas y escritores colombianos) 2013. La poesía está en otra parte, 2016.

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