Viernes, 28 de jul de 2017
Valledupar, Colombia.

Egidio Cuadrado y Carlos Vives

 

Con un comunicado que no es muy claro en sus implicaciones, la junta directiva de la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata ya decidió que en el 51° aniversario del Festival Vallenato se homenajeará a Carlos Vives. Homenaje merecido, pero no por las mismas razones.

Es un homenaje sorprendente, arriesgado y problemático, siendo esto último causado por la percepción de que se ha tomado la decisión del homenaje a Vives como una mera cuestión de mercadeo, sensación que de alguna manera es ratificada por el comunicado de la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata al decir “se busca proyectar con mayor énfasis el folclor a nivel mundial”. Adicionalmente, no se logra entender de qué manera esto acata la declaratoria de la música vallenata como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

La figura de Carlos Vives ha sido fundamental para el proceso de internacionalización del vallenato desde su aparición en la serie Escalona, de la cual derivó un álbum homónimo, su cuarto de estudio y el primero en el cual incluye cantos tradicionales, sean fusionados con ritmos más actuales o no. A partir de entonces su discografía ha sido una búsqueda de un sonido que se reafirme en las raíces de las músicas tradicionales colombianas, no sólo del Caribe, cómo lo muestra el reciente sencillo El orgullo de mi patria, que se alimenta de la música andina y homenajea a los ciclistas, provenientes en su mayoría del altiplano. Canción que es una muestra de la función actual que debe asumir un juglar y que ratifica que, sin duda, Vives es el Juglar Urbano de la música colombiana por antonomasia: quien se alimenta de la tradición y la cotidianidad, lo elabora o re-elabora y a partir de allí produce una obra que es, a la vez, testigo de su tiempo y porta voz de su cultura y su raza.

El mensaje de la FFLV para anunciar el homenaje es ambiguo, no aglutina, no es representativo del sentir de las mayorías y da la sensación de estar dejando de lado la defensa del "vallenato auténtico" sin que se pueda encontrar en el comunicado una sustentación amplia y contundente de las razones del homenaje que permita comprender, a quienes no comparten la decisión, el por qué se escogió a Vives en vez de a otros actores a quienes hace rato se espera que sean homenajeados y entre los cuales sobresalen: Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate, Nafer Durán, Santander Durán, Andrés “El Turco” Gil y las dinastías: Granados, Castilla y Romero entre muchos otros más de acuerdo a los gustos personales.

No parece acertada la decisión de la FFLV en la medida en que le quita representatividad del sentir del pueblo, de donde brotó la manifestación y quien siente cada vez más que le ha sido arrebatada, distorsionándola y banalizándola, haciendo aún mayor la dicotomía del Festival que se presenta, a la vez, como el escenario de defensa de lo más tradicional, por un lado, y por otro, como la mayor plataforma de promoción de lo más comercial de la música de acordeón del caribe colombiano e incluso de otras cada vez más ajenas a lo usual para el público.

Tampoco este homenaje parece un adecuado precedente para procurar la aceptación de los nuevos sonidos de la música de acordeón que en su mayoría no son vallenatos a pesar de ser interpretados con acordeón. Vives no sólo ha llevado al mundo cantos vallenatos y enfatizar en estos es sesgado  e inconveniente, puesto que con esto se alimenta la equivocada idea de que todo lo que se toca con acordeón es vallenato, además, de desconocerse con esta actitud los muchos otros ritmos que él cultiva, que también son Patrimonio del caribe y la nación y que no son minoría en su trabajo, como para despreciarlos.

El comunicado se equivoca al hablar sólo de “raíces indígenas” resaltadas en la discografía de Carlos Vives, como si no estuvieran presentes en ella, también, las raíces negroides y las europeas, desde las letras hasta las temáticas de los cantos y la instrumentación empleada para interpretarlos. Discografía en la que no se pueden rastrear con claridad esos mitos y leyendas de los que habla el comunicado, por lo que queda la sensación de ser nombrados sólo en función del discurso hegemónico que ha implantado la vallenatología y que mitifica a unas figuras o expresiones y a otras simplemente las silencia o ignora.

Es recomendable que la FFLV explique a lo que se refieren en el comunicado como: Vallenato evolucionado, actualizado y expliquen de qué manera se enmarca su trabajo en "lo clásico" de esta expresión cultural puesto que, en realidad, su trabajo encarna todo lo detestado por los más conservadores defensores del vallenato. Carlos Vives no se dedica a sólo grabar los cuatro aires canónicos, su grupo tiene un formato instrumental multiforme que incluye elementos modernos siempre chocantes a los puristas, manejan una puesta en escena espectacular con elementos multimediales y, por si fuera poco, su trabajo se debate entre lo underground y lo comercial, terreno ambivalente prácticamente inexplorado por el resto de los artistas que en algún momento han hecho vallenato, con excepción del atrevido y revolucionario Chabuco.

El homenaje a Carlos es muy merecido en cuanto a abrir caminos y ensalzar el artista paradigmático que ha sabido conjugar las influencias multiculturales que ha recibido con las raíces de su propia cultura. En cuanto a explorador e investigador de nuestro folclor, un experimentador dedicado y atrevido que desde su álbum La Tierra del Olvido estableció un antes y un después en la música popular colombiana y un auténtico juglar que, contrario a lo que se dice de los compositores de los nuevos tiempos, no es monotemático ni repetitivo, capaz de hacer canciones narrativas–descriptivas, y otras en las que nos habla de la tierra, de las costumbres y de todos los grandes temas del vallenato y la música popular del Caribe en general, para muestra de lo cual les invito a escuchar sólo algunas canciones de su autoría: La tierra del olvido, Pambe, Qué diera, Los buenos tiempos, Las malas lenguas, Pitán–Pitán, El canté, Santa elegía, La princesa y el soldado, Gallito de caramelo, Bailar contigo, La foto de los dos, La fantástica, Cuando nos volvamos a encontrar e Hijo del vallenato.

Méritos para ser homenajeado no le hacen falta como cantautor, músico, productor y director artístico. Este homenaje tan interesante como polémico debe aprovecharse, ante todo, para dedicarnos a reflexionar de manera abierta y flexible sobre el estado actual y futuro de la música popular del caribe colombiano y en particular de las letras de las composiciones, temas en los cuales tiene mucho que aportarnos Carlos, quien no sólo ha compuesto canciones excelentes sino que ha sabido rodearse de quienes le han proporcionado canciones excelentes, memorables (Martín Madera, Andrés Castro, Carlos Huertas) interpretadas en múltiples ritmos y, cuando han querido, más vallenatos y más tradicionalistas que la mayoría de los grupos vigentes de música de acordeón, incluidos los clásicos. Sin embargo, para la mayoría no son ni van a ser vallenatos clásicos ni sus canciones ni su banda La Provincia por la visión momificadora que se tiene de “lo auténtico” en el vallenato, cosa que no le permite a la mayoría de los intérpretes y a la expresión como tal reinventarse adecuadamente de acuerdo a las exigencias de las circunstancias socioeconómicas e histórico-culturales actuales.

Ratifico estar de acuerdo con el homenaje que se hará a Vives aunque no con sus motivaciones, ni creerlo conveniente por aplazar otros homenajes más significativos para el pueblo, por lo cual no dejo de peguntarme por qué no se han tenido en cuenta a otros personajes del ámbito vallenato que se han debido homenajear hace rato, por qué se les ha invisibilizado, como tampoco dejo de peguntarme por qué a otros se les ha homenajeado en demasía, llegando a ser chocante esa actitud aun sabiendo que obedece a unas dinámicas de poder y de mercado.

Sería bueno saber la forma en la que se toma la decisión sobre el homenajeado: ¿quién y siguiendo qué criterios decide a quien se homenajea y a quién no?

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

@luiskramirezl 

A tres tabacos
Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños.

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