Sábado, 21 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

Escenificación de la pelea en la calle entre uno de los Morales y Llorente

 

El 20 de julio de 1810 marca el inicio de un camino irreversible hacia la independencia de Colombia. Un grito que irá cogiendo fuerza con los años, y sin embargo, no nace de la nada sino que se debe en gran parte al contexto histórico y la situación anímica del continente latinoamericano.

Con la abdicación del rey español Fernando VII a consecuencia de la invasión francesa a España en 1808, se organizan unas juntas de gobierno a nivel local para resistir a las fuerzas de Napoleón Bonaparte. Empieza desde entonces en España un complejo proceso de gobernación marcada por la tutela de Napoleón y el deseo de independencia de las fuerzas políticas locales. Se trata en realidad de gobernar en ausencia del rey depuesto y formando un gobierno "alterno" al gobierno de ocupación.

En esta nueva representación del poder, las provincias españolas y las coloniales ganaron en visibilidad. Sin embargo, no era lo suficientemente diversa ante una nueva realidad: España había sido sometida por otra potencia colonial y las colonias españolas deseaban expresar su voluntad. La representación de las colonias era inferior a la de los reinos españoles. Por ejemplo, sólo había 9 representantes en contraste con los 36 de la península.

Esto, junto con el viento de ilustración, hizo que en América los criollos expresaran su inconformidad y buscaran defender sus intereses económicos y políticos sea mejorando su representación en las cortes o defendiendo la idea de Independencia.

Ya en 1809, las regiones que hoy conocemos como Ecuador y Bolivia habían entonado gritos de libertad a favor de la América española. En la Nueva Granada se gestaron gritos parecidos, y ciudades como Cartagena y Mompos conformaron juntas independentistas que buscaban mayor autonomía

Por su lado, los principales personeros de la oligarquía criolla en la provincia de Santa Fe (José Miguel Pey, Camilo Torres, Acevedo Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, entre otros), comenzaron a reunirse para organizar tácticas y perturbaciones políticas que deberían llevar a una toma del poder.

Crear un incidente con los españoles era, sin lugar a dudas, la mejor forma de tensar el clima y conseguir que el Virrey se decidiera a constituir la Junta Suprema de Gobierno integrada por los regidores del Cabildo de Santafé.

En ese orden de ideas, el florero fue la gran excusa. Antonio Morales explicó que el incidente podía provocarse con el comerciante peninsular don José González Llorente y se propuso para crearlo. Los notables criollos aceptaron la oferta y decidieron ejecutar el proyecto el viernes 20 de julio de 1810 fecha en que la Plaza Mayor estaría colmada de gente de todas las clases sociales.

Ateniéndose a ese plan, un grupo de criollos encabezados por Pantaleón Santamaría y los hermanos Morales fueron el día indicado a la tienda de Llorente para pedirle prestado un florero o cualquier clase de adorno para decorar la mesa de un banquete en honor a otro criollo destacado, Antonio Villavicencio. En el caso de una negativa, los hermanos Morales estaban preparados para agredir al español.

El rechazo de Llorente no fue despectivo o grosero. Explicó que el florero ya se había prestado varias veces y que, como consecuencia de esto, se había dañado y estaba perdiendo su valor. Pero esto fue suficiente para dar vía a un gran altercado. Caldas, pasó enfrente del almacén y saludó a Llorente. Antonio Morales aprovechó, como estaba planeado, para tomar la iniciativa y formular duras críticas hacia Llorente. Morales y sus compañeros comenzaron entonces a gritar que el comerciante español había respondido con palabras contra Villavicencio y los americanos, afirmación que Llorente negó categóricamente, pero el camino hacia el escándalo ya estaba abierto.

Los principales confabulados se dispersaron por la plaza gritando: “¡Están insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas!”. La locura y la rabia se apoderaron de los presentes. Indios, blancos, patricios, plebeyos, ricos y pobres empezaron a romper a pedradas las vidrieras y a forzar las puertas. El Virrey, las autoridades militares y los realistas, contemplaron atónitos ese súbito y violento despertar de un pueblo. La independencia estaba en camino.

 

José Luis Hernández

 

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