Sábado, 23 de sep de 2017
Valledupar, Colombia.

Oscar Negrete, primer rey infantil en el Festival de la Leyenda Vallenata

 

La plaza estaba a reventar. De distintos lugares de Valledupar habían llegado decenas de personas para ser testigos de un concurso de acordeones que se habían inventado el Gobernador, una periodista y un compositor. Adultos como Alejandro Durán, Ovidio Granados, Luis Enrique Martínez, ‘Colacho’ Mendoza, Andrés Landero, Julio De la Ossa, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Nafer Durán y Emiliano Zuleta Baquero, entre otros, eran los dueños de los escenarios musicales y, por lo tanto, a nadie se le pasaba por la cabeza la idea de ver a un niño montado en la tarima tocando acordeón, pues ese era asunto de mayores.

A la Plaza Mayor también acudió una señora llamada Isaura Zuleta, orgullosa con su hijo Oscar Negrete para ‘presentarlo en sociedad’. Días antes, habían encontrado al niño dormido con la almohada apretada entre sus dedos; a lo que su madre había concluido: “Eso es que otra vez estaba soñando con el acordeón”.

A mitad del evento, lo subieron a la tarima artesanal, construida en un costado de la Plaza Mayor. “Me montaron a unas cajas de cerveza porque el micrófono estaba alto y toqué”. Todos se quedaron viéndolo embelesados, como buscando el truco de magia porque les parecía increíble que un pelaito, de solo ocho años, tocara el acordeón de esa manera.

Al final, terminaron bautizándolo ‘El Niño prodigio del acordeón’. “Era la primera vez que veían a un niño tocando acordeón en esta región y por mí, hicieron la categoría infantil del festival”.

Al año siguiente concursó -por supuesto- frente a otros niños que sabían el arte como Adiel Vega, Ciro Meza, Chiche Martínez, pero que no lograron igualarlo con sus notas y ganó el título como primer rey de la categoría infantil.

Así es. Que Oscar Negrete Zuleta es el primer rey infantil del Festival de la Leyenda Vallenata es una verdad que al parecer por un error no está registrada en la historia del certamen (aparece Ciro Meza como el primer rey infantil) pero que él demuestra con la placa que le otorgaron y la fotografía con el entonces alcalde Fausto Cotes, entregándosela.

“No aparezco en Internet, estuve buscando y ahí está Ciro Meza, yo le gané a él en el 69; la placa la tengo guindada en la pared”, dice sin mayores prevenciones Oscar Negrete y añade: “yo le estuve diciendo a Consuelo y ella me dijo que había un error que lo iban a arreglar y total, yo me descuidé, pero voy a hablar con Rodolfo Molina, le voy a llevar la placa que me dieron”.

Para el primer Festival, Rodolfo Molina, hoy presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, era apenas un pelao que veía a su mamá correr de un lado a otro, siempre con su mochila arhuaca, haciendo esto y aquello por un evento que él vio crecer, por eso en su memoria tampoco están todos los detalles de esos primeros festivales ni del primer rey infantil.

Tampoco permanecen en la mente Ciro Meza Reales. “No recuerdo que hubiera un concurso antes; si miras la historia del Festival, ahí tampoco aparece”. Pero las pruebas existen y esa es una verdad que por su trascendencia en la historia del folclor de esta región y de la memoria histórica del mismo, bien merece la pena ser aclarada.

“Un muchachito sencillo, pero talentoso como ningún otro” es la descripción que dan de él quienes lo conocieron cargando el instrumento, demasiado grande para su estatura, pero que le gustaba y lo hacía soñar en una época en la que no era consciente de la grandeza, de la trascendencia de lo que estaba haciendo, al tomar la bandera de los niños y traspasar una puerta que les dio un espacio que ahora es inalienable.

Fue en El Cafetal, de Villanueva, cantera de grandes músicos, se la pasaba de la casa de los Romero, a la de los Cuadrado neceando para que le enseñaran otro truquito para tocar el acordeón.

Un día llegaron los Meriño a tocar a Villanueva y lo vieron ‘macujiando’ el son ‘El saludo’, de Lizandro Meza, entonces le dijeron a don Pablo (papá) “ese niñito va a ser acordeonero, cómprele un acordeón”. Días después, Oscar estaba frente a Escolástico Romero recibiendo “unas clasecitas”. Andaba ‘javao’ por eso buscaba Rafael y Norberto Romero, a Hugues y Egidio  Cuadrado.

Fue por eso que en el 68, cuando se trepó a la tarima, impactó de la manera que lo hizo y al año siguiente derrotó en franca lid a otros que llegaron con la intensión de ganar.

Hoy, después de muchos discos grabados y aportes invaluables hechos al folclor de su simiente, se dedica a enseñar a niños que como él pasan año tras año por la puerta que él abrió en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Hace poco, en un escenario en el que confluían radialistas, periodistas, actores, poetas, muralistas, cantautores, entre otros representantes de ramas del arte, se presentó este maestro del acordeón, llevando no sólo su instrumento bendito, sino la placa en la que consta que es el rey infantil del segundo Festival de la Leyenda Vallenata, en el año 1969, y el recorte del periódico El Tiempo en el que le hacen el reconocimiento.

Son historias que reposan en la memoria dormida de la música vallenata tradicional y que brotan en espacios como estos, donde se desarrollaba el Laboratorio de Apropiación de Música Vallenata Tradicional, un espacio para la creación colectiva de ideas, la exploración en distintos lenguajes, la búsqueda de formas diversas de generar diálogo, de hacer pedagogía y de abordar los temas, personajes, escenarios e imaginarios ligados al folclor vallenato, que fue en realidad una convocatoria viva y activa de la segunda fase del proyecto Música Vallenata Tradicional en Sintonía – Relatos de un patrimonio que se canta, liderado por el Ministerio de Cultura, a través de sus direcciones de Comunicación y el proyecto Las Fronteras Cuentan.

Durante tres días, los asistentes se sumergieron en el universo mágico del vallenato, contaron historias, cantaron canciones con las que se identifican o que están ligados a ellas de alguna manera, exploraron relatos añejos, como el de Negrete, estudiaron los aspectos que el Plan Especial de Salvaguardia para la Música Vallenata menciona sobre características de este patrimonio y los riesgos que éste afronta.

Emocionados se les vio a todos, cuando Oscar, el maestro, hacía la exposición sonora de los aires vallenatos, sus variaciones y evolución, de las hazañas de grandes protagonistas del folclor, instrucciones que le son tan familiares, pues su quehacer actual, bien sea cuando enseña en la academia de Andrés ‘El Turco’ Gil, donde lleva doce años y un sinnúmero de artistas formados; tocando el acordeón en la agrupación Las Glorias del Vallenato o sonando en los discos que grabó con Adalberto Ariño, Javier Gámez, Estela y Santander, Gustavo Gutiérrez, Rita Fernández Padilla Mateo Torres, Leandro Díaz, Máximo Movil, Beto Murgas, Sergio Moya Molina y las grabaciones en vivo que cualquiera pudiera hacer del Festival Vallenato, el mismo ganó cuando era un niño, al que estuvo vinculado muchos años como acordeonero ‘de planta’.

Antes de despedirse, preñados de nuevos saberes y con la tarea de armar su proyecto con ellos, volvieron a cantar, a abrazarse, a conectarse como hilos de esos lazos que logran tejerse alrededor de esta música nacida en el campo, que hoy es la expresión cultural de muchos pueblos.

Los proyectos que formulen los participantes en el laboratorio serán analizados por un jurado  que seleccionará a los mejores para incentivarlos con la suma de tres millones quinientos mil pesos para que puedan desarrollar su idea y generar co ella apropiación de la música vallenata tradicional.

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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