Sábado, 24 de feb de 2018
Valledupar, Colombia.

 

Todos y todas nos empeñamos en buscar la felicidad, cuando sabemos que la misma es tan solo una quimera. Con ahinco, lo único que encontraremos serán ciertos pasajes más o menos fugaces que actuarán a modo de contrapeso frente a nuestra lucha cotidiana. Sin embargo en ocasiones la vida nos regala situaciones y sensaciones capaces de  transformar el devenir de los días en un viaje maravilloso.

A veces, en ese viaje aparecerán salteadores de caminos que pretenden robar los sueños, haciendo surgir pesadillas que causan miedo y angustia. Esos salteadores actúan a modo de fantasmas que intentan, no solo parar el viaje, si no revivir sombras del pasado. Se genera así una certeza: no es posible avanzar. Esos fantasmas en realidad no actúan solos; lo hacen en connivencia con la soledad y el tedio. Cuando la sensación de soledad o falta de alicientes invade el día, ellos aprovechan para invadir la noche. Así, para vencerles hay que activar la capacidad de dejarse sorprender por los pequeños detalles que a diario pasan desapercibidos. Sólo de esta forma comenzarán a difuminarse cual sombras que son.

Al diluirse las sombras en su totalidad, la fantasía de un camino lleno de sorpresas vuelve a invadir los  sueños y se puede otra vez volver a caminar con una sonrisa que actuará como exorcismo ante los fantasmas que impedían avanzar.

A veces, en un alarde de generosidad, la vida nos ofrece la persona que ha de acompañarnos durante ese viaje. Se trata de un regalo sorpresa, pues ninguno de los dos sabe dónde les llevará, si es que ha de llevarles a alguna parte. Tienen una certeza: quieren viajar y quieren hacerlo juntos y ni importa el destino del mismo. Es entonces, cuando esa fantasía del camino compartido va adquiriendo corporeidad en forma de unos labios en los que fundirse o una piel en la que dibujar y comunicarse mediante caricias.

Ambos son conscientes que aparecerán obstáculos, Si deciden superarlos juntos, pese a mostrarse como insalvables, en lugar de detenerles, el sentirse unidos les dará energía para continuar.

Pero lo importante de aquel viaje no es hacerlo solo o acompañado, si no transformar cada etapa del mismo, cada momento que nos ofrece la vida, en algo único e irrepetible que de alguna forma sintetice y haga recordar todos aquellos momentos únicos e irrepetibles producidos a lo largo del camino.  

Sólo vivir con intensidad estos momentos torna liviana la mochila que llevamos sobre los hombros y lo guardado en su fondo como algo doloroso se convierte en experiencia capaz de hacernos mirar a nuestro alrededor con ojos nuevos para así disfrutar con más intensidad lo que nos rodea.

 

Antonio García Ureña 

 

Contrapunteo cultural
Antonio Ureña García

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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