Domingo, 22 de oct de 2017
Valledupar, Colombia.

El Ballet Vallenato en distintas presentaciones / Fotos: Carlos Calderón

 

Corría el año de 1967 y Valledupar era un pueblo más del Magdalena Grande que se distinguía por sus cuatro barrios tradicionales: Cañaguate, El Cerezo, Altagracia y La Garita.  Aprovechando la iniciativa que el entonces senador José Ignacio “Nacho” Vives Echeverría había impulsado en el congreso para segregar a La Guajira del departamento del Magdalena, un grupo de la clase dirigente de Valledupar hizo lo propio para adelantar el proceso y dividir también política y administrativamente a lo que hoy es el departamento del Cesar.

La población carecía de servicios públicos básicos y tampoco se avistaba adelanto inmediato en otras áreas del desarrollo pero sí contaba con una clase dirigente muy elocuente que creó un vertiginoso movimiento para conseguir la segregación del departamento del Magdalena. Dentro de esta clase dirigente vallenata resaltan personajes como el doctor José Antonio Murgas, quien era representante a la cámara; Clemente Quintero Araujo, Pedro Rodríguez, Efraín Lacera, Delio Ospino, Fernando Botero, Armando Maestre Pavajeau, Aníbal Martínez Zuleta, Amador Ovalle, Jorge Morales, José Guillermo Castro, Alfredo Araujo, Alfonso Araujo Cotes, Crispín Villazón de Armas, Amador Ovalle, Julio Villazón Baquero, Josefina de Castro, José Eugenio Martínez, entre otros.

Para entonces, la música vallenata no gozaba de gran aceptación entre la elite de la sociedad, eran más apreciadas otras expresiones musicales europeas; especialmente la música española. La joven Sofía Cotes Núñez, hija de la maestra Carmen Núñez y del compositor Alfonso Cotes Querúz, después de un tiempo fuera de su tierra estudiando danzas españolas, hace su arribo como folclorista destacada de la región e impulsada por su mamá, empieza a hacer presentaciones en las casas de las familias adineradas.

Simultánea a los propósitos de independencia política, nace la idea entre el maestro Rafael Escalona Martínez, Consuelo Araujonoguera y Alfonso López Michelsen; quien en ese periodo fungía como senador por el departamento del Valle pero con un profundo afecto a la tierra de su abuela Rosario Pumarejo Cotes, de crear un grupo folclórico con el apoyo de ellos que sirviera para mostrar la cultura vallenata en el Congreso de la República y en el Palacio de Nariño y de esta manera ayudar a conseguir las firmas de los congresistas para dar inicio a la creación del departamento del Cesar. Es así como nace el Ballet Vallenato siendo Sofía Cotes Núñez su primera directora.

El Ballet Vallenato comenzó con cuatro danzas, tres de la región y una que no era autóctona de estas tierras. En un principio, Sofía Cotes tuvo como soporte para las danzas colombianas a Sonia Osorio, la coreógrafa y bailarina que siete años antes le había dado vida al Ballet de Colombia, llevando el folclor del país alrededor del mundo a través de la danza.

Sin embargo, sería Adalberto Acosta Melo el primer coreógrafo oficial del grupo dancístico. Acosta Melo era un apuesto joven oriundo de Ciénaga, Magdalena que trabajaba en un restaurante de Valledupar pero curtido en las diferentes danzas tradicionales de su departamento, aportándole así toda su experiencia al incipiente Ballet Vallenato. Posteriormente, el maestro Adalberto Acosta trae a su amigo cienaguero Pedro Sánchez a trabajar con él. Más tarde serían ellos dos los encargados de formar a los coreógrafos mejor fundamentados con los que cuenta hoy Valledupar.

Con la canción ‘La cañaguatera’ de Isaac ‘Tijito’ Carrillo Vega, se montó la danza del paseo vallenato; siendo la primera oportunidad que tiene la gente de ver cómo se baila la música vallenata; así mismo se montó la danza del pilón vallenato y la joricamba, una danza de esclavos de las minas colombianas creada por Adalberto Acosta y que se dejó de fomentar cuando la vida cultural del Ballet Vallenato decayó en la administración departamental de Mauricio Pimiento Barrera.

En sus inicios, el Ballet Vallenato integraba 14 bailarines; siete hombres y siete mujeres. Actualmente, cuenta con 60, 30 hombres y 30 mujeres. En su historia se escriben nombres como el de Jorge Baute Fernández de Castro, el bailarín número uno del ballet y con él estuvieron José Antonio y José Manuel Baute, ‘Nando’ Pineda, Pablo Uribe, Pedro Sánchez y hasta el humorista Rafael Zequeira, conocido en la Costa como ‘Lencho de las Mercedes’.

Entre las damas de la sociedad vallenata están: Aurita Aponte, Eunice Monsalvo, Dolly Montero Cabello, Leonor Monsalvo Riveira, Adela Castro Castro,  Cecilia ‘Chila’ Móscote Maestre y otras hermosas mujeres que se han destacado en diferentes certámenes folclóricos y de belleza a nivel nacional.

En sus 50 años de recorrido han sido de gran importancia los músicos que han acompañado sus logros artísticos y culturales. Originalmente eran cinco hoy cuentan con una totalidad de doce músicos que interpretan diferentes ritmos folclóricos. El primer acordeonero que acompañó al ballet fue Miguel Ángel Ahumada Amaya, durante 30 años interpretó el instrumento para el grupo. Luego llegó Florentino Montero; fallecidos ellos, han estado acordeoneros como los maestros Carlos Bracho y Oscar Negrete.

Los primeros músicos todavía viven en su mayoría: Efraín Salas Pinto, ‘Juancho’ Calderón, Genilberto Avendaño y Alfredo Calderón. Eran ellos los acompañantes de las reinas de bellezas cuando se iban a Cartagena en las carrozas; aspecto que también ayudó en la divulgación de la música vallenata.

El primer reconocimiento que tuvo el Ballet Vallenato fue internacional. A los tres meses de su organización el Ministerio de Desarrollo lo invitó a representar a Colombia en República Dominicana en un festival folclórico. Como era novedad bailar la música vallenata fueron ganadores del alabastro de bronce en el año 1969.

Al regreso de la isla, se elige como primera reina del folclor  del departamento del Cesar a Dolly Montero Cabello; bailarina muy versátil del Ballet Vallenato, grupo que la acompañó a Ibagué al Reinado Nacional del Folclor, trayéndose la corona para al recién creado departamento. Ganó con la danza del chicote de los indígenas Kankuamos. En ese tiempo, la danza se bailaba con el vestuario de los indígenas Arhuacos.

Seguidamente, el Ballet Vallenato ha recibido un gran número de reconocimientos nacionales e internacionales. Ha viajado a 14 países entre los que se cuentan Panamá, Nicaragua, Ecuador, República Dominicana, Estados Unidos, México, Argentina y Venezuela; a Colombia le ha dado la vuelta alrededor de treinta veces llevando con altura lo mejor de la danza regional y local. El departamento de Nariño es la única zona donde el ballet no ha ido a representar al departamento del Cesar.

 

El Ballet Vallenato en el Encuentro de saberes del Bolívar (2017) / Foto: Samny Sarabia

La era Carlos Calderón

A los 16 años de edad entró Carlos Calderón Mejía a formar parte de las filas de bailarines del Ballet Vallenato. La vena artística la hereda de abuelo Fidel Mejía Fuentes, compositor de los versos del pilón y de su mamá Martina Mejía de Calderón, cantadora y bailadora del tradicional ‘Pilón de Lola’ que lideraba la extraordinaria ‘Lola’ Bolaño. Entre la educación académica que lograron darle en su familia, le inculcaron un profundo arraigo por las costumbres y tradiciones de su querida Valledupar.  

Pertenece al relevo de primera generación de bailarines del ballet donde llegó cargado de talento, esmero y muchas ganas de formarse. Bailó y representó a su tierra en diferentes escenarios del mundo durante 16 años, aprendiendo de sus grandes maestros de la danza hasta que se convirtió en profesional de la educación. Hoy en día tiene 64 años, la mayoría dedicados a la danza.

Lo que aprendió al lado de Sofía Cotes y Adalberto Acosta en Valledupar, le sirvió como base para bailar y fundar el Ballet Folclórico de la Universidad del Atlántico, alma mater a donde estudió Arte y Folclor durante seis años. De ahí, se fue a Cartagena a estudiar Ciencias de la Educación y al mismo tiempo, Diseño en el Arte de la Fantasía. Recuerda que viajaba todos los fines de semana a Barranquilla hasta convertirse en uno de los primeros estudiantes ayudantes de la gran diseñadora Amalin de Hazbún.

Estudiando en la ciudad amurallada también participó del ballet folclórico que la bailarina, investigadora y folclorista Delia Zapata Olivella dirigía en Cartagena. De ahí volaron a la ciudad de Cali donde hizo parte del Ballet Estampas negras de Cali.

Radicado nuevamente en Valledupar como docente, en un periodo en el cual el sector cultural se disipó del ámbito del departamento con las desapariciones del Ballet Vallenato, la escuela de Bellas Artes, la Banda Departamental de Música,  el Fondo Mixto de la Cultura y  la decadencia de la casa de la cultura ‘Cecilia Caballero de López’; Carlos Calderón preocupado por el legado folclórico de su región, realiza las gestiones pertinentes ante Cielo Gnecco, primera gestora social del Cesar durante el gobierno de Rafael Bolaños Guerrero para devolver al departamento su primer grupo de danza folclórico.

“Desde que llegué al Ballet Vallenato era la persona que ayudaba en todo a Sofí Cotes. Recogía los vestidos, los doblaba, los guardaba en las maletas y ella me fue dando esa responsabilidad, eso me enseñando. Por el ballet pasaron unas personas que podían haber hecho el mismo papel que yo pero que nunca le dieron importancia porque cuando se reestructuró el departamento dejaron todo tirado en la escuela de Bellas Artes. Seis meses después lo retomé y desde entonces he estado al frente”, anota.

En el Ballet Vallenato se conservan las coreografías originales de su inicio. Por ejemplo, en la puya la figura que se hace en las puntas con dos parejas es la letra V de Valledupar y se resguarda el color del árbol asigne de la ciudad, el cañaguate. Por esa razón, siempre se verá reluciente el color amarillo dentro de las danzas presentadas por el Ballet Vallenato.

Desde que Carlos Calderón asumió la dirección del Ballet, éste ha conquistado seis concursos nacionales. Ahora mismo son los campeones del Concurso Nacional Folclórico que se realiza en Ibagué. Su danza fue calificada como la más original, característica que les hizo merecedores al primer premio. Asimismo, su director fue reconocido como el mejor coreógrafo de Colombia en danza tradicional indígena y el departamento del Cesar fue premiado con la medalla de honor y mérito al señor gobernador, Francisco Ovalle por mantener durante 50 años de vida artística al Ballet Vallenato.

La clave de permanecer y dar a conocer las danzas tradicionales regionales y nacionales durante medio siglo de este grupo folclórico está en la creatividad y el rescate de lo autóctono que ha conservado el grupo desde su fundación con Adalberto Acosta, así como en la calidad y el buen gusto inculcado por Sofía Cotes en el diseño y elaboración de los vestidos.

Son casi 100 personas que hay detrás del andamiaje de los espectáculos presentados por el Ballet Vallenato entre director, bailarines, músicos y modistas. Hoy en día tienen montadas 30 danzas del folclor colombiano. Hay una inversión de 200 millones de pesos en vestuario. Los vestidos más costosos que tiene el Ballet Vallenato son los de la danza indígena arhuaca, cada uno tuvo un costo cercano a los 600 mil pesos. De los primeros vestidos aún se conservan tres que tienen 47 años de existencia y otros atuendos de más de veinte años que se encuentran en perfecto estado por la calidad de los materiales en que fueron confeccionados.

Al igual que el departamento del Cesar, el Ballet Vallenato también ha sido homenajeado por sus primeros 50 años de vida artística.  El secreto del ballet ha sido mantener las tradiciones pero sin darle la espalda a los cambios que consigo trae el tiempo. Ha sabido reinventarse generacionalmente ofreciendo en cada presentación, una impecable muestra de folclor cargada de elegancia y tradición.

 

Samny Sarabia   

@SarabiaSamny 

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