Jueves, 14 de dic de 2017
Valledupar, Colombia.

 

A propósito del Foro Educativo Nacional que desde la semana pasada se ha dado en las diferentes Instituciones educativas del país, y cuyo tema es “La escuela como territorio de paz”, en donde los maestros han mostrado y siguen mostrando las formas creativas con que la comunidad educativa trata de neutralizar la violencia desbordada en el territorio nacional y que lacera y hace metástasis en salones y patios de escuelas y colegios colombianos.

Supongo que han abundado las experiencias significativas que desde hace tiempo algunos colegios han implantado como proyectos para controlar esta situación, me imagino las charlas entre docentes, docentes y directivos, directivos y docentes con los padres de familia y a su vez cada ente de la familia educativa con los estudiantes. Debe haber una motivación enorme entre la familia educativa para atajar este flagelo, y festejo la iniciativa del gobierno por propiciar espacios de intercambio como este foro para intercambiar experiencias que motiven al profesorado, padres de familia y directivos docentes a superar esta situación.

Pienso que estas experiencias deben partir por la definición de la identidad y sentido de pertenencia a la institución, que el estudiante (y los profesores) conozcan la historia de su colegio, su nombre, el origen, sus costumbres, sus tradiciones, que conozcan sus símbolos y sean capaces de definir su simbología. Apropiándose de estos saberes puede la institución dar el segundo paso, cuál es la de escribir a través de sus alumnos el historial del colegio, actualizarlo y mantenerlo al día con las nuevas situaciones y acontecimientos que se dan en el devenir del quehacer educativo.

El paso siguiente sería encausar a los estudiantes por el conocimiento de su barrio, comunidad o pueblo, sabiendo su historia, su fundador o fundadores, su cultura, sus mitos y leyendas, sus costumbres y tradiciones, sin olvidar como parte fundamental de este conocimiento el de conocer el anecdotario y sus personajes sobresalientes y pintorescos, pues, aunque no lo crean, causa nexos afectivos y da un anclaje con el terruño el conocimiento de estos puntos.

Toda esta temática debe recorrer transversalmente el currículo oficial de la institución y los directivos docentes deben propiciar que también se cumpla en el currículo oculto (que es el verdadero), es decir proponer a cada educador, de las diferentes áreas del saber que integre lo pertinente a su disciplina. En humanidades, podría darse el estudio de la jerga local, los dichos y refranes de la localidad; estudiar la estructura de los versos de las canciones de los compositores locales, leer los versos y cuentos de sus poetas y narradores, para a partir de ahí ahondar en el conocimiento literario regional, nacional y universal.

Que a través de las ciencias sociales se hagan trabajos de campo para averiguar las tradiciones, costumbres y creencias del barrio. Que se entreviste a los ancianos para que cuenten sus historias y poder así tener, en primer lugar, a un alumno que maneje la indagación, la entrevista y las relaciones humanas y al mismo tiempo recabar información importante y a punto de perderse para siempre ya que los ancianos nuestros están muriendo y se lleva a la tumba sus saberes, que son y deben ser saberes del colectivo.

Los profesores de matemáticas e informática inducirán y complementaran el trabajo de sus alumnos en el uso y aplicación de las estadísticas y tabulación de datos usando herramientas TICs, para que el estudiante vea como se articulan estas áreas con las demás. El profesor de ética y valores y el de filosofía podrá ayudar y orientar a sus alumnos en el análisis del material recolectado a la luz de éstas dos disciplinas

En tanto el profesor de Comportamiento cívico y los de las demás áreas impulsarán en sus intermedios charlas sobre comportamiento ciudadano, resolución pacífica de conflictos, paz y reconciliación. Es necesario que la escuela replique lo positivo de los acuerdos de paz, que se erijan mediadores, que se consulten experiencias de los pueblos indígenas, y sobre todo que se siembre un sentido de identidad y pertenencia y que a partir de ahí se pueda generar verdaderos caminos de paz al interior de las instituciones educativas.

Creo que ha llegado el tiempo de potenciar los cambios que permitan la instauración de una paz estable y duradera.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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